miércoles, 15 de agosto de 2007

'La Roja' sigue en pañales: Contratación de Marcelo Bielsa, otra chiquillada del fútbol chileno

La contratación del afamado entrenador argentino Marcelo Bielsa –a quien admiro y respeto- para dirigir a la Selección Adulta de Fútbol de Chile con miras a las eliminatorias del próximo Campeonato Mundial de balompié, es otra muestra de nuestro ya endémico subdesarrollo deportivo y mental. Creer que por su condición de extranjero, por contar con un extenso currículum y mantener un bien ganado prestigio como un gran profesional, un excelente organizador, un estudioso profundo y un disciplinado trabajador, se asegurará la clasificación y se removerán los cimientos de nuestro venido a menos deporte rey constituye, en mi modesta opinión de observador, una garrafal y económicamente costosa equivocación.

Sin ánimo de crear animadversión por la presencia de Bielsa al mando de la Selección de Chile, pues él no lo merece, ya que ostenta una brillante trayectoria (con victorias y fracasos incluidos), hay que convenir en que si el objetivo es clasificar para el Mundial, había candidatos en casa con tantos o más méritos que el transandino. Una muestra: José Sulantay, quien clasificó a la Selección Sub-20 para el Mundial de Canadá y en ese torneo logró el tercer lugar. Otro nombre: Raúl Toro, quien ha logrado posicionar al otrora débil Audax Italiano en un nivel insospechado. Otro más: Claudio Borghi, quien ha desarrollado una labor interesante en Colo Colo (ha ganado tres campeonatos locales seguidos).

Si el objetivo es estimular una suerte de mejor organización del fútbol chileno el nombre de Arturo Salah es indiscutido. El ex entrenador de Huachipato, ahora a cargo de Universidad de Chile, creó las condiciones en Colo Colo para que después, bajo la batuta de Mirko Jozic, el elenco popular lograra el título máximo en el Torneo Copa Libertadores de América 1991. Más tarde reestructuró las bases de Universidad de Chile, la que logró dos títulos consecutivos. Salah hizo lo propio en Cobreloa y Huachipato y, al igual que Manuel Pellegrini (despreciado en Chile y aclamado en Europa), cuenta con una formación académica, dada su condición de ingeniero.

Chile clasificó para el Mundial de Francia con Nelson Acosta a cargo. Pero no olvidemos que en el puntaje final “La Roja” quedó a la par con Perú y sólo ganó el derecho a asistir al torneo gracias a su mejor diferencia de gol, dadas las inspiradas actuaciones de Iván Zamorano y Marcelo Salas. En ese Mundial Chile pasó a la segunda ronda. Acosta se jactó de haberle cambiado el rostro al fútbol chileno (¿?), pero no se ganó ni un partido.

Entre paréntesis, hay que repetir en que Chile no ha ganado un solo partido en un Mundial desde aquel 1-0 sobre Yugoslavia en el Mundial de 1962 celebrado en nuestro país. En esa ocasión el dueño de casa venció a cuatro selecciones europeas en 10 días (Suiza, Italia, Unión Soviética y Yugoslavia). Las nuevas generaciones afirman que quienes peinamos canas (y tal vez la muñeca) vivimos de los recuerdos. Pero los jóvenes reporteros deportivos (llámese sabandas) deben reconocer que ningún equipo chileno ha sido capaz de repetir esa actuación. Aunque parezca increíble, la última vez que se ganó en un Mundial fuera de Chile fue en 1950 (en Brasil), con una goleada sobre el inexperto Estados Unidos.

Pagar más de 100 mil dólares al mes, basados en la esperanza de una clasificación, o de una supuesta “revolución” en el fútbol chileno es perder dinero y tiempo. Los resultados inmediatos no necesariamente reflejan el verdadero nivel del deporte. Ir a un Mundial sin trabajar en las raíces y en las estructuras, es seguir en el subdesarrollo. Y los focos del desarrollo están en los clubes, en los barrios, en los parques deportivos y en la formación de monitores. Se podrán obtener buenos resultados por una gestión temporal, o por el advenimiento de una buena generación de jugadores o por un “suertazo”. Pero esos serán sólo destellos fugaces. El verdadero desarrollo se construye sobre objetivos específicos, bases sólidas y conceptos claros. Y parece ser que el nivel directivo sigue dando palos de ciego.

Hace unos años el Colegio de Técnicos ofreció ayuda y orientó a la dirigencia sobre la creación de una Unidad Técnica Nacional pero ese aporte no fue lo suficientemente valorado. Parece ser que nuestro subdesarrollo nos sigue obligando a despreciar las capacidades internas e hipnotizando ante los estímulos que se encuentran más allá de nuestras fronteras.

Marcelo Bielsa puso ciertas condiciones para trabajar en Chile, las que inmediatamente fueron aceptadas por la dirigencia. No me cabe ninguna duda de que si un técnico local hubiese exigido lo mismo, le habrían dicho que sus exigencias eran “desmedidas”.

La dialéctica del técnico transandino es convincente y elocuente. Cuenta con un excelente vocabulario para definir en forma brillante lo que todos saben. La diferencia entre las trayectorias de Bielsa y de nuestros profesionales locales no se encuentra necesariamente en las capacidades personales. Las diferencias hay que buscarlas en la materia prima con que unos y otros trabajan. Indiscutiblemente los futbolistas argentinos a nivel de selección (salvo algunas excepciones), poseen un mayor talento futbolístico y una potencia física y sicológica superiores, ingredientes básicos de un deportista de elite.

Habría que preguntarse: ¿Qué pasaría con un técnico chileno trabajando con argentinos? Manuel Pellegrini ya dio la respuesta: Fue campeón en el vecino país…

jueves, 2 de agosto de 2007

El Despreciable del Mes de Julio

El fútbol Chileno


Nota: Como una excepción y en forma extraordinaria, el Honorable Consejo que determina el premio a “El Despreciable del Mes” decidió en esta oportunidad otorgar la distinción al o los responsables de que parte importante del fútbol chileno esté siempre, de alguna manera u otra, involucrado en el escándalo, la trampa y la ordinariez.

En esta oportunidad los debates del Honorable Consejo, que se reúne en forma mensual para otorgar la distinción a “El Despreciable del Mes”, se prolongaron por cerca de seis horas. Durante ese tiempo, que pareció una eternidad, se barajó un sinfín de nombres: “El Peluche” Dueñas y su siliconada esposa; la Quenita Larraín, quien tratando de parecer sesuda (¿Con qué ropa?) recurrió a una manida frase acuñada en el tiempo de los Hippies (Hagan el amor y no la guerra) para apaciguar las disputas limítrofes entre Perú y Chile (ella está trabajando en el vecino país y necesita congraciarse); a quienes están manejando y sacando provecho de la huelga en Codelco); etc, etc, etc.

Sin embargo, el Consejo decidió (creo que bajo la influencia del alcohol y de sospechosos cigarrillos) otorgar un premio “colegiado”. Esto es el título de Julio no va para una persona específica, sino para el o los responsables de que una parte importante del fútbol chileno esté involucrado siempre en escándalos, trampas y ordinariez.

En esta oportunidad no vamos a transcribir parte de los debates como solemos hacerlo, pues éstos son interminables. El fundamento de la decisión ya parte con aquel escándalos de la falsificación de pasaportes para el Campeonato Sudamericano Juvenil de Paysandúen 1979 (con el fin de alterar las edades), que ocurrió durante la Dictadura y cuando la Asociación Nacional de Fútbol (Asociación Central se llamaba entonces), era dirigida por un General de Carabineros. El entrenador del cuadro juvenil era Pedro García.

No nos olvidemos del “Maracanazo”, cuando el golero Roberto Rojas simuló una lesión inexistente autoinfiriéndose un corte con el fin de suspender el partido por supuesta agresión de una espectadora. La Intención era ganar por secretaría y asistir al Mundial de Fútbol de Estados Unidos. Obviamente el arquero chileno no fue el único involucrado en el tongo y la FIFA aplicó castigos incluyendo al propio Presidente de la ANFP Sergio Stoppel.

Varios años antes, en 1966, con motivo de la asistencia de Chile al Mundial de Inglaterra, hubo un escándalo que consistió en la pérdida de valiosos relojes en una tienda de un aeropuerto donde ciertos jugadores “vitrineaban”. El hecho fue acallado y archivado sin que trascendiera.

Los árbitros no han estado ajenos. En 1978 hubo un escándalo que se acalló debido a que el principal involucrado en el manejo de resultados para obtener premios en la “Polla Gol" amenazó con suicidarse si se daba a conocer el delito (Ver el libro “Historias Secretas del Fútbol Chileno de los periodistas Luis Urrutia y Juan Cristóbal Guarello).

Lo ocurrido en Venezuela este año (borrachera, violencia y acoso sexual de parte de jugadores de la selección adulta) y Canadá (enfrentamiento de jugadores sub-20 con la policía, lo que gatilló la acción racista y desmedida de los uniformados norteamericanos) constituyen sólo dos eslabones más en la ordinaria cadena de hechos deleznables de cierto sector del fútbol chileno.

Quizás la frase más acertada en el debate por decidir el otorgamiento del premio la pronunció “Comegatos” ya en medio de su euforia etílica: “No tiene la culpa el chancho, sino quien le da el afrecho”. Y a continuación agregó: “¿Hubiese pasado todo esto en la Selección Adulta con Pellegrini o Salah como entrenador?"