viernes, 28 de diciembre de 2012

CUANDO LOS ESCRITORES CHILENOS NO FUERON INOCENTES

Por José G. Martínez Fernández.

Estamos en diciembre.
Diciembre me recordó el día de los inocentes, el 28.
Y esa fecha me trajo a la memoria las “regadas” cenas que se efectuaban en el local de la Sociedad de Escritores de Chile, SECH, allá en Simpson 7, Providencia, en el vetusto edificio de hermosas y dolorosas historias.
Estas cenas están destinadas a la camaradería y, por ende, a compartir amistad, lo que pocas veces se da.
Quizás la presencia del dios Baco estrangule las ideas de algunos y salgan a pasearse los resquemores.
De mis tantos años en Santiago yo sólo asistí a dos de ellas.
La primera en 1975.
El periodista y escritor Homero Bascuñán, me regaló el cupón que me daba derecho a participar en la cena.
En la oficina que compartíamos en LUN trabajaban Enrique Ramírez Capello, quien llegaría muchos años más tarde a ser presidente del Colegio de Periodistas de Chile y que ahora tiene una enfermedad que le ha quitado todas las fuerzas; Homero Bascuñán, enorme cronista y candidato eterno al Nacional de Periodismo; Hugo Goldsack Blanco, quien ya había ganado el Premio Nacional de Periodismo; Enrique Melchers, también ya Premio Nacional de Periodismo, Luis Sánchez Latorre, quien también ganó el galardón ese año o al siguiente. Y yo, el de menor edad entre esos cronistas.
Sánchez Latorre y Goldsack eran acérrimos partidarios del entonces ya fallecido Pablo de Rokha.
Y ambos eran contrarios a Jaime Concha, estudioso de Neruda; y también de Guillermo Atías, autor de “Y corría el billete”, publicado durante la UP por Editorial Quimantú. Otro autor que les molestaba, y bastante, era Hernán Valdés por su libro “Tejas verdes”, el que acababa de aparecer en el extranjero y que estaba prohibido en Chile.
Por ese mismo 1975 o 1976 Sánchez Latorre publicó una encendida apología en favor de Martín Cerda, brillante ensayista. ¿Razón? Cerda se iba a Venezuela por falta de oportunidades en Chile y Sánchez Latorre hizo uso de toda su artillería en defensa del gran estudioso y su derecho a tener oportunidades en su país.
Eran grandes amigos, además.
Pasaron más de un centenar de crónicas mías hasta que se me expulsó del diario por el “embrollo” que se produjo después de haber intentado defender de una agresión física a una mujer que ya es un mito en la poesía chilena. Hecho acontecido en el mismo local de la SECH.
Pues bien, muchos años después, volví a tender puentes de cercanía con Sánchez Latorre.
Y con recursos propios fui a una nueva “comilona” a la sede de la SECH. Allí estaban varios baluartes de la literatura y del periodismo chileno.
Al finalizar la “regada” cena y proseguir con la bebida del dios Baco muchos de los asistentes exigieron que Sánchez Latorre hablara…lo hizo como el maestro que era…y como, en medio de su discurso, se gritaba que Martín Cerda debía ser el nuevo presidente de la SECH, Sánchez Latorre perdió un tanto su paz y casi gritó algo contra Cerda y sus increpadores. Éste habló a pedido de los contrarios a Sánchez Latorre…Y también fue un maestro en su discurso. ¡Que grandes eran estos oradores! Por algo me recordaban los discursos que me habían contado de Alessandri Palma y algunos de los que yo le había escuchado a Salvador Allende.
Después hubo un debate en voz baja y Sánchez Latorre se retiró.
Poco tiempo después Martín Cerda sería presidente de la SECH.
Pero lo que nunca entendí es que distanció a ambos personajes. Los dos, lo dije, habían sido grandes amigos y ahora corrían por carriles distintos.
Ese debate me recordó a otros ilustres de la oratoria que conocí en la SECH. El cura, ensayista, Fidel Araneda Bravo y Braulio Arenas, poeta y escritor, que, desde los espacios del socialismo de los años treinta pasó al pinochetismo de los años setenta.
Estos fenómenos de la oratoria y de la cultura sólo me recordaban a otro brillante intelectual, Benjamín Subercaseaux, a quien entrevisté en Tacna, cuando era Cónsul Honorario, poco tiempo antes de morir. Don Benjamín falleció en marzo de 1973, un domingo, el mismo día en que desapareció el gran Manuel Rojas Sepúlveda.
De Fidel Araneda Bravo tengo un peculiar recuerdo. Cuando escribí un artículo en LUN sobre el libro “Lluvia adentro” de Magdalena Vial, me detuvo en calle Compañía, cerca de la Plaza Brasil, y de su casa, y me dijo: “Lo felicito. Excelente su artículo sobre Magdalena Vial”.
Que las palabras procedieran del segundo hombre de la Academia Chilena de la Lengua, del alto dirigente de la SECH, de un intelectual que había escrito varios estudios muy importantes, me dejó el ego un tanto elevado.
Y me dio más fuerzas para seguir mi tarea de comentarista literario en LAS ÚLTIMAS NOTICIAS, hasta aquel desgraciado día de 1976, en que defendí a una gran poeta, como relaté más arriba.
Por el 28 de diciembre, día de los inocentes y fiesta de los escritores, recordé este hecho y quise escribirlo para colocar dos páginas más a una historia no terminada de la naturaleza brutal y anecdótica, por un lado; y de la más pura inteligencia de algunos hombres de letras, por otra parte.
José G. Martínez Fernández

domingo, 16 de diciembre de 2012

AQUELLAS MARAVILLOSAS POETAS LATINOAMERICANAS

Por José G. Martínez Fernández.

La edición 60 de la revista de poesía PALABRA ESCRITA, que acabamos de publicar, nos dio la posibilidad de hacer un gran homenaje a todas las mujeres de este continente llamado América Latina.
Diez países están representados en la revista: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Es decir están los países que conforman la geografía de un continente, una gran patria, construida bajo el alero de los grandes libertadores.
Las damas de la poesía tienen una escritura fascinante, tanto en su originalidad y en su versatilidad…Son maravillosas poetas todas ellas. Unas más populares que otras, pero todas igual de interesantes.
Por Argentina van Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik.
Por Bolivia se hacen presentes Yolanda Bedregal y Alicia Cardona Torrico.
Por Brasil figuran Gilka Machado y Cecilia Meireles.
Por Chile: Gabriela Mistral y Violeta Parra.
Por Colombia: Isabel Lleras Restrepo y María Mercedes Carranza.
Por Ecuador: Ileana Espinel Cedeño.
Por Paraguay: Dora Gómez Bueno de Acuña.
Por Perú: Blanca Varela y María Emilia Cornejo.
Por Uruguay: Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou.
Por Venezuela: Graciela Rincón Calcaño y Elena Vera.
Son, en total, dieciocho autoras.
Todas las grandes poetas produjeron su poesía en el siglo pasado. De allí que PALABRA ESCITA titulara este nuevo número con el nombre de DIECIOCHO GRANDES POETAS LATINOAMERICANAS DEL SIGLO VEINTE y pusiera como subtítulo la frase: EL GRAN VERBO EN PALABRAS DE MUJERES MARAVILLOSAS.
Leyendo a cada una de ellas, representadas con uno solo de sus poemas, uno no puede dejar de emocionarse.
La belleza de los verbos de estas mujeres divinas y las historias que ellos cuentan se incrustan en la sensibilidad de todo ser humano que ame o no la poesía.
Cuesta dejar de lado ese objeto impalpable que se denomina EMOCIÓN.
La edición 60 de la revista de poesía PALABRA ESCRITA marca un hito en la poética nortina chilena y acaba de aparecer en este mes de diciembre de 2012.
Los temas son desde intimistas hasta universales o se cruzan. Hay dolor, esperanza, amor filial, angustia suma, etc. en los versos de estas maravillosas mujeres.
La edición impresa de PALABRA ESCRITA número 60 también tiene una dirección virtual gratuita:
revistadepoetaspalabraescrita.blogspot.com
Ello para quienes no tengan acceso a la edición impresa.
Hemos advertido que muchos de los trabajos publicados por nuestros Blogs y los Blogs y sitios Web amigos tienen lectores en países insospechados por lo lejano que están de Chile: Rusia, China, Japón, Finlandia y otros.
Esperamos con este muestrario que el lector se emocione y se conmueva y en ambas cosas piense que Latinoamérica es y debe ser una sola unidad; optar por una gran amistad y caminar hacia una solidaridad tan enorme como el mismo continente.
José G. Martínez Fernández

viernes, 2 de noviembre de 2012

Miguel Hernández vive, a pesar del olvido y la impunidad

Por Francisco Javier Alvear
Publicado en el sitio web de Radio Cooperativa de Chile.


La fundación que lleva el nombre del malogrado vate alicantino celebró recientemente los 102 años de su natalicio con una maravillosa instalación poética en su pueblo natal.

Recordemos que Miguel Hernández nació en Orihuela el 30 de octubre de 1910 y murió en una de las pútridas mazmorras del franquismo en Alicante un 28 de marzo de 1942 a la edad de 32 años, mientras aguardaba una infame condena a muerte por “adhesión a la sublevación”, decretada un par de años antes.

Miguel, fatalmente, pues sería apresado en el intento, desvió su ruta hacia el Winnipeg, el barco que fletó Neruda con más de dos mil refugiados republicanos españoles rumbo a Chile, para recoger a su mujer, Josefina Manresa, y a su pequeño hijo.

Muchos de los futuros tripulantes de ese barco estaban siendo víctimas de un trato infrahumano en los campos de concentración del sur de Francia (San Cipriani, Argelès, Agde, Clermont de Auvernia, Carcasona…) habilitados por el gobierno colaboracionista y títere de la República de Vichy, dirigido por el Mariscal Pétain, e irónicamente por uno de los tres gobiernos del Frente Popular existentes en el mundo, al mando del pusilánime socialista Léon Blum.

Los otros dos fueron, precisamente, el derrotado gobierno de la II Republica Española y el presidido en Chile por el radical Pedro Aguirre Cerda.

El sueño de Neruda era llevar a Chile a todos sus amigos. Ni más ni menos que a los más grandes poetas españoles contemporáneos, Lorca, Alberti, Hernández… empero el horror y la muerte se encargaron de impedir que tan sublime aspiración se hiciera realidad. Así le cantó, más tarde nuestro Nobel poeta (telúrico) universal, en una de sus celebradas creaciones dedicadas a él:

“Miguel de España, estrella

de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,

¡no te olvido, hijo mío!

Pero aprendí la vida

con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,

y encontré en mí no el llanto,

¡sino las armas inexorables!

¡Espéralas! ¡Espérame!”

No obstante, este aniversario natal de Hernández, uno de los poetas más emblemáticos y universales de este país, tiene un sabor un tanto agridulce. Desde un tiempo a la fecha son varios los agravios que ha debido tolerar su estigmatizada y fustigada honra.

Primero, fue el cambio de nombres de calles que llevaban el suyo en algunos pueblos gobernados por alcaldes del Partido Popular (PP), como es el caso del granadino municipio de La Zubia.

Cabe señalar, en este sentido, que los desaires fariseicos de la derecha española, “la peor de las derechas europeas”, como diría García Lorca, han consentido otros sacrilegios con calles que llevaban los nombres de Rafael Alberti, Pablo Neruda, Tierno Galván, Pablo Iglesias, entre otros.

Tal es el caso del Ayuntamiento de Villamayor de Calatrava (Ciudad Real), en donde a cambio de semejante profanación su alcalde bautizó una plaza con el nombre de “La Roja”, en homenaje a la selección de fútbol campeona del mundo. Las razones esgrimidas por el consistorio “popular” fueron tan insólitas como insulsas, que se trataba de personas “no conocidas” y que “no habían hecho nada por el pueblo”.

Asimismo, todo el legado poético de Hernández, un tesoro de incalculable valor, compuesto por más de 5.000 manuscritos y objetos personales del poeta, entre los cuales estaba su máquina de escribir, tuvo recientemente que migrar a Jaén (pueblo que inmortalizara en “Andaluces de Jaen”), luego de que el Ayuntamiento de Elche (en Alicante, también PP), su cuna natural, en cuyo archivo municipal permaneció por más de tres décadas, rompiera unilateralmente el acuerdo de mantención que sostenía con sus albaceas y descendientes, representados por la nuera del vate, Lucía Izquierdo.

Por último, hace tan solo unas semanas, el Tribunal Constitucional (la misma “ejemplar” (in)justicia española que persigue diligente y sagazmente a criminales chilenos por delitos de lesa humanidad) rechazó someter a trámite el recurso de amparo presentado por la familia de Miguel Hernández, dado que hace alrededor de un año la sala de lo militar del Tribunal Supremo negó a sus familiares la posibilidad de interponer un recurso de revisión contra la sentencia del consejo de guerra que condenó a muerte al poeta en 1940 por el delito de “adhesión a la rebelión”.

“Rebelión” con la que por lo demás varios millones de españoles republicanos hicieron frente al alzamiento sedicioso y al golpe fascista del 36’.

Esta insólita decisión fue adoptada por los magistrados Francisco José Hernando, Francisco Pérez de los Cobos y Pablo Pérez Tremps. Los dos primeros nombrados a instancias del PP mientras que el último fue propuesto por el PSOE.

No deja de sorprender, aunque luego de la defenestración sufrida por el juez Garzón, en verdad, no tanto, que un magistrado “progresista” coincida en la apreciación de este caso con Hernando, cuyo pasado al frente del Consejo General del Poder Judicial es de sobra conocido, y con Pérez de los Cobos, “autor intelectual” de la última reforma (contra) laboral del gobierno del PP.

Es por todo ello que no podemos menos que interpretar ese maravilloso gesto poético con motivo de los 102 años del natalicio de Hernández en clave de desagravio, un paliativo imprescindible ante los arteros y estériles intentos de asesinato simbólico de este querido vate “lárico”.

Él, que a pesar de la desmemoria, la injusticia y la impunidad impuestas a punta de claudicación y pragmatismo político, como dijera Neruda, “desde la tierra hablaba, / desde la tierra/ hablará para siempre.”

 Francisco Javier Alvear

sábado, 22 de septiembre de 2012

El 62 de Chomsky

Escrito por Cristóbal Bley

El autor de varios libros de fútbol chileno junto a Juan Cristóbal Guarello ahora se juega la personal: publicó hace poco Tómala, métete, remata (Ediciones B), una investigación que «le hace justicia al Mundial del 62». De la selección de Borghi, del fútbol de antes, de las sociedades anónimas y de nuestra identidad en este deporte —«somos como el mito de Sísifo, condenados a nunca alcanzar la cima»—, en un café junto a Luis Urrutia O’Nell. Regalamos ejemplares del libro entre quienes comenten.
***

Es miércoles, doce del día, y en el café Haití de Ahumada se habla de todas las cosas que se pueden hablar a media semana, al mediodía. Pero de entre todas esas voces de señores de otra época, tres palabras son las que resuenan:
Chile;
Colombia;
Y, sobre todo, Borghi.
La selección, el día anterior, había perdido su partido de las Eliminatorias ante el equipo de Falcao, Macnelly y James Rodríguez. Aunque la verdad es que perdido suena a poco. Chile ese partido lo desperdició, por largos momentos lo entregó y en ningún caso lo mereció ganar, ni siquiera empatar. Un 1-3 que pudo haber sido más amplio si no fuera por Claudio Bravo y la impericia de los delanteros colombianos —y que pudo haber carecido de cualquier esperanza si no fuera por el golazo aislado e inesperado de Matías Fernández.
Los viejos en el Haití hablan fuerte, algunos de negocios y la mayoría de la vida. Una vida para casi todos ya retirada pero siempre de traje y bigote, con la cartilla de los caballos bajo el brazo y una talla gentil para el camarada que se une a la conversación. El aroma a café hipnotiza y obliga a soltar palabras de la boca, a conversar y conversar y convencerse de que esa es la misión del hombre en la tierra, conversar con un café humeando en las narices.
Chile, Colombia, Borghi. Cada señor que se asoma dice esas tres palabras y saca sus conclusiones, que nunca son muy originales: el Bichi no trabajó en la semana, Vidal no es líbero ni nunca lo será, a Medel hay que llevarlo al sicólogo y, con un velo negro de viuda, que con Bielsa esto no hubiera pasado, porque con El Loco Chile perdió, sí, pero nunca salió humillado de una cancha.
—La cabeza de Chile, Borghi, está confundida —dice Luis Urrutia O’Nell, poco después de pedir su café cortado y echarle dos de azúcar—. Entonces todo lo demás viene como consecuencia. El tipo vive luchando contra el fantasma de Bielsa, y sin darse cuenta lo imita. Eso de taimarse y de castigar a los jugadores de la U, es lo mismo que hizo Bielsa. Una vez Bielsa, cuando ya el ego también lo empieza a traicionar, los devolvió de una gira que hizo por Asia. Todo lo que haga Borghi será en función de Bielsa. Y después, como quedó primero en la tabla, porque tenía un partido más que los otros rivales, la soberbia lo pierde, empieza a criticar a Sampaoli, a Pellegrini. Yo digo que casi todos los conflictos tienen que ver con dos temas que empiezan con E: ego y educación. Y a Borghi le sobra de uno y le falta del otro.
Luis Urrutia O’Nell, más conocido por su seudónimo Chomsky, fue Premio Nacional de Periodismo Deportivo en 2008. Es bajo y de barba cana; tiene lentes gruesos y un hablar pausado. Columnista de El Gráfico Chile y colaborador en La Cuarta, es autor, junto a Juan Cristóbal Guarello, de cinco libros sobre fútbol chileno. Su último trabajo, eso sí, lo escribió solo: Tómala, métete, remata (Ediciones B), una investigación que busca hacerle justicia al ya cincuentenario Mundial de 1962, desempolvando además el descuidado recuerdo de aquellos cracks que dejaron a Chile como tercero del mundo.
Pero el libro puede esperar. La derrota contra Colombia todavía está caliente y para Chomsky no fue un partido cualquiera. Fue un partido bisagra.
—La diferencia es que Bielsa trabajaba —dice, conteniendo su indignación y tratando de canalizarla en palabras—. El contraste es mayor con partidos como el de ayer. Chile con Bielsa imponía un trámite vertiginoso, que llegaba a ser monotemático. Metía al rival atrás y lo atacaba, lo atacaba, lo atacaba. Lo que intentó hacer Chile frente a Colombia fue un fútbol de la década del sesenta, lento, sin saber a lo que jugaba, improvisado, esperando a que las individualidades funcionen, con jugadores fuera de puesto.
—¿Borghi planteó mal el partido?
—Isla, para mí, no tendría que haber jugado. Y después todo mal: en los cambios, a Junior Fernandes lo pone de lateral derecho, y uno tenía la idea de a Pinilla y a Pinto los pusieron por estatura, como tratando de intentar algo pero sin coherencia. Con Borghi, tú no sabes a lo que juega la selección. Los partidos que ganó Chile, fueron todos por actuaciones individuales. Y el resto, colectivamente fueron un desastre, como las dos goleadas con Argentina y Uruguay. No, para mí es preocupante. Muy preocupante. Yo creo que este partido tiene un efecto bisagra y lo más probable es que Chile no le gane ni a Ecuador ni a Argentina. Si sumas el partido con Colombia y la fecha libre, de doce puntos, Chile podría quedar en cero. Y ahí ya es una farra. Porque en una eliminatoria donde clasifican cinco y sin Brasil…
***

En mayo de 2010, cuando faltaba poco para que comenzara el Mundial de Sudáfrica, apareció el libro 1962, el mito del Mundial chileno. Daniel Matamala, entonces conductor de Telenoche, fue su autor. La publicación no pasó desapercibida, no tanto por la calidad de su contenido como por lo polémica de su tesis: ese campeonato, que siempre fue descrito como el orgullo deportivo inigualable de nuestra escuálida historia, según Matamala fue el peor mundial de todos los tiempos. Los viejos baluartes saltaron todos de sus sillas y acusaron al periodista de desfachatado, de falso y de distorsionar la historia. Chomsky, que por esos días terminaba un libro sobre la clasificación a la Copa del 2010, sintió la responsabilidad y, aprovechando que este año se cumplen 50 de la “fiesta universal” que cantaban los Ramblers, se lanzó en su propia investigación sobre el Mundial. Una que buscó, sin vergüenza ni dobles lecturas, hacerle justicia al torneo organizado por Chile y, más aún, recordar con detalle a los héroes que consiguieron ese tercer puesto.
—¿Por qué con el tiempo se ha tratado de menospreciar esta gesta que usted, con el libro, trata de reivindicar?
—Según nuestros historiadores, Chile es un país chaquetero. Somos hijos de los españoles y la envidia es española. Y después la gente repite tonteras sin verificarlas. Hubo un libro desdichado por ahí, escrito por un corsario, que se apropió de cosas ajenas, y que tuvo una gran repercusión mediática. Hay un diario que le dedicó seis notas, incluyendo una portada, y la misma editorial le dio una difusión que no tuvo nuestro libro. Entonces fue un acto de justicia. Era imperativo poner los puntos en las íes: fue un mundial realizado después del mayor terremoto de la historia; fue un mundial que dejó utilidades; fue un mundial en una época en la que asistían las 16 mejores selecciones, no 32 como ahora. Y la campaña de Chile fue inobjetable. Enfrentó al que sería bicampeón del mundo, como Brasil; enfrentó a otros campeones del mundo, como Alemania e Italia; enfrentó y ganó a la Unión Soviética, en ese entonces vigente campeón de Europa; enfrentó y ganó a Yugoslavia, que era vigente medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Que no se reconozca eso, con una generación de jugadores donde a lo menos seis de ellos compiten por ser los mejores de todos los tiempos en sus puestos. Y eso por desconocimiento, porque no hay reconocimiento.
—¿Esa falta de reconocimiento sucede en países más futbolizados?
—En un país con memoria futbolística (como Argentina, Brasil, Uruguay) no ocurriría eso jamás. Hay muchos de los mundialistas del 62 que podrían pasar por aquí por Ahumada y la gente no los reconocería. Yo he tenido la suerte de estar varias veces en Argentina, recorrer la bohemia, los boliches en Avellaneda y Buenos Aires, y de repente aparece un ex futbolista y todo el mundo de pie. Bochini, por ejemplo, cuando él sale, nunca se mete la mano al bolsillo: toda la gente lo invita. Lo invitan a cenar, a un café. Y esa admiración se va transmitiendo generacionalmente, y los reconocen los jóvenes y los niños, que no lo vieron jugar pero escucharon hablar a sus papás o a sus abuelos. Aquí no hay nada de eso, al contrario, muchas veces se dice cualquier tontería.
—¿Tonterías como cuáles?
—Una vez me tocó escuchar a Marcelo Vega decir que en ese tiempo, comienzos de los sesenta, se jugaba a 10km/h. ¡Mira quién lo dice! ¡Marcelo Vega! Si lo dijera alguien que tuvo un gran estado atlético, como, no sé, Clarence Acuña, que jugó en Inglaterra, puede ser, ¡pero lo dice el Guatón Vega, y nadie lo contradice!
—¿Y no es verdad que era más lento?
—Con esto de Internet, se pueden bajar completos cuatro de los seis partidos de la selección en ese mundial. Porque no es lo mismo ver un par de escenas del partido que el encuentro completo. Ahí tú puedes ver que hubo velocidad, hubo juego duro, hubo jugadas muy violentas. Nosotros con Guarello, en nuestras charlas, hemos dado partidos completos y le impresiona a la audiencia joven el nivel de agresividad. Era una época donde los jugadores eran bastante más varoniles que ahora. Nadie se daba vuelta en el campo después de una patada, nadie pedía camilla, nadie acusaba al árbitro para que echara al rival. No, los jugadores recibían y era de hombre aguantarse y no demostrar el dolor. A lo más el gallo se fijaba en quién le había pegado para después devolverle el golpe.
—Pero ahora hay otra preparación física…
—Yo te digo: comparando a jugadores de hace 50 años, yo estoy seguro que Alexis Sánchez no le gana a Luis Eyzaguirre en velocidad. Te puedo poner otros casos. En ese plantel habían jugadores muy veloces, como Honorino Landa, Sergio Navarro, Jaime Ramírez. Cualquiera de ellos no desentonaría en la actualidad, con la diferencia que esa selección actuaba con una camiseta que era una verdadera lona, las medias eran de lana, los botines eran bototos con una suela de estoperoles. Bototos que pesaban, no sé, medio kilo. Compáralo con los botines de ahora, que pesan 100 gramos, son de piel de canguro, las camisetas permiten el traspaso del sudor. ¡El balón! El balón antes era más grande y más pesado, entonces los cañoneros como Leonel, ¡ahora serían ricos! Con estos balones que son más pequeños y más redondos, viborean más, hechos para que se produzcan más goles. Entonces: los que fueron grandes en esa época, hoy serían mucho más grandes.
—¿Pero eso no podría ser interpretado como la clásica nostalgia de los mayores por el fútbol del pasado?
—No. Yo no quiero entrar en la vieja discusión de si fueron mejores los de antes o los de ahora. Yo lo único que te digo es que los de antes, en la actualidad, con toda la innovación, incluso reglamentaria, serían mucho más grandes. Antes no existían las amarillas ni las faltas de último recurso —que ahora son expulsión inmediata. Entonces, si Pelé tiene 1283 goles, en la actualidad haría el triple y la mayoría de sus marcadores durarían un tiempo, porque todos los que lo pararon a patadas ahora se irían expulsados. Pelé tenía que resistirlos, tenía que devolver los golpes. Él fracturó tibia y peroné a dos rivales, un brasileño y un alemán, fracturó nariz de un codazo. Lo tenían que respetar.
***

Por el café entra y sale gente constantemente, y la mesera rubia de aspecto ucraniano, muy Lola Melnick, no se detiene un segundo entre propinas, piropos y espresos. Chomsky siempre se atiende con ella, y cada quince minutos se detiene a saludar o despedirse de conocidos que no dejan de aparecer.
—¿Usted viene todos los días al café?
—Si pudiera, sí —admite, sorbeteando su cortado. Entre medio, lo llama el arquero y capitán de Palestino, Felipe Núñez, para preguntarle sobre el funeral de Sergio Livingstone.
—A un delincuente como tú, no creo que lo dejen entrar —le dice en broma.
—Volvamos al tema de las figuras de antes comparadas a las de hoy.
—Lo que pasa es que ahora como hay tanto marketing y tanto dinero en juego, tú ves mucho más a los jugadores. Los dos mejores jugadores actuales del mundo se supone que son Messi y Cristiano Ronaldo. Tú los ves jugar por lo menos una vez a la semana, y generalmente dos veces. Los ves siempre. Entonces si Pelé hubiera tenido la televisión de ahora, o Garrincha, Puskas, Di Stéfano…
—O el Charro Moreno…
—Yo a Moreno no lo vi jugar. Pero entrevisté a gente que jugó con él, que salió campeón con él, como el Tata Riera, como Livingstone, como Andrés Prieto. En Argentina entrevisté a muchísima gente de edad, y para todos ellos el Charro Moreno es muy superior a Di Stéfano. ¿Por qué? Porque Di Stéfano en Argentina era un sprinter, un velocista. Él tuvo la suerte, Di Stéfano, de jugar con Moreno cuando era muy joven. Entonces Moreno y Pedernera lo abastecían de juego. Cuando se va al fútbol colombiano, a Millonarios, tenía al mismo Pedernera y al Gallego Báez, jugadores extraordinarios. Cuando llega al Real Madrid, se da cuenta que no tiene esos abastecedores, entonces él empieza a jugar de Moreno, a repetir lo que había visto de él. Se tira más atrás y se hace un gran jugador de toda la cancha. A los viejos de Argentina, de setenta años pa arriba, les decís Moreno o Di Stéfano, y te dicen no, Di Stéfano era un velocista; Moreno, en cambio, un jugador de toda la cancha.
—¿Cómo definiría a los futbolistas de esos tiempos?
—Los jugadores de antes jugaban mucho más. Los tipos desde que se levantaban hasta que se acostaban, estaban todo el día con la pelota, todo el día. Sólo se interrumpían cuando los obligaban a almorzar o a acostarse, porque ya no había luz. En cambio los de ahora, como mucho, dos horas diarias. Y no tienen la pasión de los de antes. Porque los dineros que ganan Ronaldo, Messi… ¡putas! Para los de antes, en cambio, no había nada más importante que la victoria. Lo único que querían era ganar, ganar, ganar. Pelé, Cruyff, Di Stéfano, Moreno. Todos. Ellos no tenían distracción. Si bien muchos de ellos eran mujeriegos y bohemios, para ellos todo era ganar, ganar, ganar. Ese era su honor, la gloria.
—Y de los jugadores de hoy, ¿en quién podría identificar esa pasión de la que habla?
—En Messi. Y quizá Cristiano, pero ninguno de los dos tiene el carácter de Pepe, el central del Real Madrid, de Sergio Ramos o de Carles Puyol. Esos tipos tú los veís y se juegan la vida en la cancha. Así eran la mayoría de los de antes. Pero Cristiano Ronaldo está pendiente del pelo, de cómo se ve, de lucir sus músculos.
***

—En su libro queda muy demostrado que Jaime Ramírez, un futbolista que hoy poco se recuerda, fue uno de los baluartes del equipo que logró el tercer lugar.
—Él fue un jugador extraordinario. Primero, por pasión. Él era fútbol, fútbol, fútbol; ganar, ganar, ganar. Jugó hasta los 41 años, fue campeón con San Felipe. Jugaba en las dos puntas, como puntero. No tenía problemas de perfil. Y también organizaba, jugando como interior, tanto derecho (que sería el 8 de ahora) o izquierdo (el 10). Y podía jugar incluso, como pasó en el partido contra Yugoslavia cuando se lesiona Manuel Rodríguez, de lateral izquierdo. Era un jugador adelantado a su época, con dinámica, dominando varias funciones. Él triunfó en España, año 53, y se devolvió, como muchos, porque estaba enamorado. Fue un jugador que en la actualidad estaría vigente.
—¿Y con quién se podría comparar, como para hacerse una idea de estilo de juego?
—De los de ahora, para mí el mejor jugador de Chile es Jorge Valdivia. Él compite con los grandes del pasado. Compite con Cua Cuá Hormazábal, con Jorge Toro, con Chamaco Valdés. ¿Por qué? Por técnica, por juego cerebral. Jue-go ce-re-bral. Un tipo que antes de recibir la pelota ya sabe lo que va a hacer. Pelotazo, mucho pase gol, y gol también. El problema es que esa inteligencia que tiene en el campo de juego no la utiliza siempre. Sufre desbordes temperamentales. Pero es un jugador que tú lo puedes poner en el equipo del 62, por ejemplo, y no habría desentonado. Pero de ese mundial, Valdivia es parecido a Jorge Toro.
—¿Y qué hay de Alexis?
—En Alexis Sánchez yo creo que hay mucho de marketing. Todavía no se ha consolidado. Él fracasó en una Copa del Mundo, en Sudáfrica. Fracasó en una Copa América, la última. Y en ese puesto hubo jugadores tan completos como Jaime Ramírez, Mario Moreno, Pedro Araya, Carlos Cazsely y Pato Yáñez. Lo que ocurre es que algunos de los nombrados eran jugadores de ráfagas, sin mucha continuidad en los noventa minutos. Ahí Sánchez entra en la discusión, pero yo no estoy de acuerdo en absoluto con los que dicen que él era el mejor de todos los tiempos.
—¿Cuál es la identidad de juego de Chile? ¿Se puede identificar un estilo de juego común a lo largo de la historia?
—Hasta el 2006, en el verano, yo también repetía que el fútbol chileno no tenía identidad. Era lo que yo había leído de las grandes plumas de revista Estadio, por ejemplo. Pero ese año, el verano del 2006, hubo un torneo femenino sudamericano en Viña del Mar, y ahí me di cuenta que el fútbol es cultura. Las argentinas jugaban como los argentinos; las brasileñas como los brasileños; las uruguayas como los uruguayos; y las chilenas, como los chilenos.
—¿Y cómo jugaban las chilenas?
—Era aparentemente buena técnica, pero lenta. Muchos pases, sin remates de fuera del área, y costaba hacer el gol. Lo que pasa es que hubo toda una generación que crece viendo un fútbol chileno a la defensiva, con un solo delantero. Podía ser Cazsely o el Pato Yáñez, a veces Letelier. Todo el resto, defendiendo. Pero hay una selección, que yo no alcancé a ver, que tuvo dos subtítulos sudamericanos consecutivos. El 55 en Santiago, y el 56 en Montevideo. En esa selección jugaba Cua Cuá Hormazábal, René Meléndez, Jorge Robledo, Manuel Muñoz y Jaime Ramírez. Y al año siguiente estaba Jaime Ramírez a la derecha, Cua Cuá de 7 pasó a ser 8, Meléndez de 8 a 9, Manuel Muñoz, y debutó Leonel Sánchez. Con ese tipo de jugadores, ese equipo no pudo haber sido defensivo. Yo no lo vi. Y después el del 62. Pero luego, en el periodo de Santibáñez, Chile juega a la táctica del murciélago, con equipos ratones. Entonces viene esto de Bielsa y resulta nuevo para los jóvenes, que no vieron al 62, ni el 55 ni el 56.

—¿Usted qué cree que sería del fútbol chileno hoy si no se hubiese organizado el Mundial del 62? ¿Estaríamos más atrasados todavía?
—No, eso fue una piedra fundamental. Primero a nivel de organización, donde los dirigentes trabajaron ad honorem. Hay un dirigente, que está vivo, que tiene noventa y un años, y por ejemplo a él le tocó pintar los estacionamientos del Sausalito.
—¿Y cómo se imagina usted el desarrollo del fútbol chileno sin el Mundial?
—Seríamos… Espérate. Es que todo lo que dejó el mundial, después se dilapidó. A nosotros nos cuesta mucho renovarnos en el éxito. Cuando se alcanza una altura, después se empieza a descender. Si tú comparas la asistencia a los estadios antes del Mundial y después, aumentó en un millón y medio al año. En todos los partidos, los estadios colmados. Podían jugar Magallanes y Audax, pero siempre lleno. Y eso se escurrió entre los dedos. Cuatro años después hubo un gran fracaso en Inglaterra 66, y ahí empezó un declive. En la década del setenta, a Colo Colo le roban la Copa Libertadores del 73, Unión es finalista el 75, Chile clasificó al Mundial del 74, pero nada de eso se aprovechó, no hubo una regularidad. Pero nosotros somos así. Imagínate todo lo que significó ir a Sudáfrica hace poco, sobre todo en el ánimo del hincha. Pero ahora, después del partido con Colombia, a mí no me sorprendería que Chile quedara eliminado del próximo Mundial. Si no hay un cambio de timón urgente, lo más probable es que Chile quede eliminado. Después de dos años de un proceso exitoso, podríamos volver a lo mismo. Es una constante, nosotros somos el mito de Sísifo.
—¿Cuál es el mito de Sísifo?
—El de un tipo que está condenado a subir una roca gigantesca por un cerro empinado, y cuando va llegando arriba, puik, se le cae. Tiene que volver a empezar, eternamente, y nunca llega a la cima.
—¿A usted le parece que Chile, alguna vez, llegará a ser un país futbolizado?
—Es difícil. Yo creo que no. Mira: en Argentina hubo una generación que creció leyendo El Gráfico. Ahí escribían plumas pero además ex futbolistas, como Lazzati o Escopera. Ellos van moldeando una opinión. Aquí la tuvimos, principalmente con revista Estadio y con Gol y Gol. Pero ahora ni eso. ¿Qué repiten los jóvenes? ¿Las tonteras de Solabarrieta? ¿Lo que se dice en televisión? Ayer leí un tuit de Sagredo que dice «vamos a golear a Colombia para terminar con todos los mala leche que quieren que a Chile le vaya mal». ¡Esa es la opinión de un hincha po weón, no de un periodista ni de un líder de opinión!
—Por último. ¿Las sociedades anónimas ayudarán o empeorarán las cosas?
—Mira: soy de las contadas personas que se resistieron a las sociedades anónimas. Incluso una vez nos reunimos en El Parrón con Schiappacasse y Guarello, y le dije a Aldo: ustedes los líderes de opinión de la televisión están pavimentando el acceso de las sociedades anónimas. En las SA se puede robar más que antes. Con la diferencia de que antes, en algunos casos, existían los dirigentes mecenas, que ponían dinero de su bolsillo y financiaban los clubes. Y ahora, con las SA, ocurre lo mismo, con clubes como Santiago Morning, que depende de Miguel Nasur, u O’Higgins, que depende de la familia Abumohor. O sea, cuando ellos se aburran de perder dinero, el club está quebrado.
—¿No se ve bien el panorama?
—Es que los empresarios lo único que quieren es ganar dinero, ese es su negocio. Compara los fenómenos de Blanco y Negro con Azul Azul. Los dirigentes de Azul Azul eran futbolizados. Todos ellos fueron al estadio tomados de la mano con el papá, vieron al Ballet Azul, qué sé yo. Los de Byn, ¡ni conocen a los jugadores! Hazles un test histórico, pregúntales quién fue Escuti, por ejemplo. ¡No tienen idea ni les interesa!
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Por Cristóbal Bley
 

martes, 18 de septiembre de 2012

ÓSCAR HAHN GARCÉS:

PREMIO NACIONAL DE LITERATURA 2012 EN CHILE
Por José G. Martínez Fernández.
Hace un mes en algunos medios digitales señalamos que el Premio Nacional de Literatura 2012 se lo podría adjudicar el poeta Óscar Hahn Garcés.
Ocurrió casi un mes después.
Con este premio al gran poeta del norte de Chile se le hace justicia, al igual como hace cuatro años, se le hizo a un gran postergado: Efraín Barquero…hecho que también festejamos.
Ambos poetas ejercen una especie de liderazgo sobre los poetas posteriores que han surgido en Chile.
Yo tuve la suerte de ser el “apadrinado” de Óscar Hahn cuando él era profesor en la Universidad de Chile, Sede Arica, a través de un programa radial en que participaba junto a otros dos maestros de la Universidad citada.
Hahn señaló que mis poemas eran de alta calidad, en especial LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE.
Era 1967.
Habíamos publicado, junto a otros muchachos, SERIE POÉTICA, julio de 1967, y Hahn y los otros maestros habían puesto énfasis en mi poesía.
Hahn tenía 29 años. Yo tenía 18.
Cuando Pinochet asomó la noche sobre la faz de Chile, Hahn fue prisionero político por un breve tiempo. Yo no lo fui al comienzo de la dictadura. Pasarían unos años para que se me hostigara, pero eso es historia aparte.
Tras esa prisión Hahn se fue a Estados Unidos.
Allá ejerció la docencia y expandió su arte creador por el mundo.
A los pocos años Hahn ya era una celebridad.
El poeta “rubio” y de “buena pinta” que atraía con ello y con su inteligencia a las mujeres, era un poco tímido en esos años.
En la distancia, quizás, cambió.
Óscar Hahn había nacido en Iquique, ciudad vecina a Arica…pero hizo de Arica su tierra, aunque él no olvidó a Iquique e Iquique no lo olvidó a él.
Es Hijo Ilustre de su tierra y unas ediciones de la Universidad de su ciudad llevan su nombre.
Hahn se merece todo ello.
Lo lamentable de las glorias terrenales es que ellas son como las distancias…Se pierde el contacto…se pierde el diálogo…se pierden tantas cosas.
El Norte Grande de Chile obtiene POR PRIMERA VEZ un Premio Nacional de Literatura (se otorga cada dos años) y el poeta de ESTA ROSA NEGRA y AGUA FINAL lo ha ganado.
¡MERECIDAMENTE!
José G. Martínez Fernández

viernes, 17 de agosto de 2012

DON BERNARDO O´HIGGINS SIGA USTED CUMPLIENDO AÑOS ALLÁ EN LA HISTORIA


Por José G. Martínez Fernández.
Cumplirá usted el 20 de este agosto un nuevo año de su natalicio don Bernardo.
Usted que nos dio la libertad, la que nos desató de las amarras con la España tirana, que no había conquistado América; que SÍ había usurpado América, y acá, entre virreinatos, reinos y otros, mantuvo una hegemonía de siglos.
Muchos cuadros biográficos se han hecho de su figura enorme Libertador.
Yo sólo quiero recordarle y recordarle a los americanos que Ud. hizo libre a esta franja de tierra larga tantas veces pisoteada por tantos asesinos con nombres de Presidentes, de Ministros, de Generales, que a Ud. le sucedieron.
A Ud. el gran enemigo de la aristocracia, de los títulos de nobleza, de la esclavitud del negro y del aplastamiento de los indígenas.
Ya se lo dijo Neruda: "Ahora los señoritos bailan en palacio".
Después de su muerte allá en Perú aquí vinieron siniestros conductores de la patria, que mancharon con sangre obrera poblaciones, campos, fábricas, etc.
Usted le dio, antes a Chile, libertad y anunció el fin de la esclavitud; usted respetó al mapuche, usted quiso a su pueblo.
Usted don Bernardo ha sido y es EL MÁS GRANDE REVOLUCIONARIO QUE HA TENIDO CHILE EN SU HISTORIA.
Los resentidos, los partidarios de ciertos bandoleros, los divisionistas, los carentes de una verdadera formación histórica le denigran...
Pero...¿Cuánto tapan una nube o diez nubes al sol?
Nada don Bernardo. Nada.
Usted dio su vida entera para hacernos libres...para crear una nación y una nación que fuera hermana de las naciones vecinas.
Por ello su amistad enorme con San Martín y con Bolívar.
Los valientes y los de corazón gigante suelen ser amigos por nobles causas.
¡Qué causas más nobles siguió usted don Bernardo!
La causa de América.
Allá en lo alto de la inmortalidad cumpla usted un nuevo aniversario de su natalicio que aquí en América también se le recordará.
En Chile, en Perú, en Colombia, Venezuela, en Argentina y en tantos otros espacios de esta América que aún se libera del españolismo asaltante, usurpador y negrero, que se apoderó y se apodera de las riquezas de un continente precioso, al igual como lo hacen los bandidos de otras naciones con la anuencia de gobiernos cobardes.
Viva en la gloria Libertador siempre. Viva.
Usted es Chile.
Usted es América.
Y saludos a San Martín, a Bolívar, a Sucre, a todos los que amaron este territorio y que por ello sacrificaron sus fortunas, sus familias, a sus padres y a sus hijos...
José G. Martínez Fernández.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cartas desde España









Por Fredys Pradena
Cavilaciones sobre el “amartizaje”
Hola Luis Eduardo:

Las alegrías para que sean completas tienen que ser compartidas, y yo te elijo a ti para compartir esta mañana una noticia que me ha emocionado.
Hoy antes de las 7 y media me he levantado para poner la tele y encender el ordenador y poner la página de la NASA TV, porque hoy a las 7 y media (hora en España), ha aterrizado –bueno, se podría decir "amartizado"- la sonda Curiosity en el planeta Marte. Noticia que será seguro la gran noticia del día y quizás del año.
Por ambos medios pude comprobar que la operación de posarse en el planeta vecino, había sido un éxito, porque comenzaron a abrazarse los técnicos de la NASA, escena que hemos visto tantas veces en el cine. Y sólo dos imágenes, de regular calidad y en blanco y negro, me confirmaban que el robot estaba posado y estaba enviando sus primeras fotos. O sea de imágenes, muy poco. Cuanto lamenté una vez más no dominar el idioma inglés, porque a continuación todo fueron entrevistas a los técnicos que estaban eufóricos.
Con plena seguridad todos los medios de información del mundo darán en cabecera esta noticia. Y darán datos que obligadamente se nos quedaran en la cabeza. (248 millones de kilometros de recorrido; entrada en Marte a una velocidad de 27 mil km hora; costó 2500 millones de dolares; etc, etc.)
Antes de ayer te envié un correo con una dirección en donde se podía ver (Youtube) una animación. Allí se explicaba cómo sería el viaje, el descenso y el aterrizaje. Esto último, lo más complicado y que por lo visto esa etapa tan difícil fue sido superada. (Los siete minutos del terror decían los técnicos). Así que gracias a esas imágenes animadas podemos hacernos una idea más completa de cómo fue este acontecimiento.
Sinceramente creo que después de la llegada del hombre a la luna en el año 1969, esta noticia es la más espectacular en lo que se refiere a las exploraciones en el espacio. La información que den sus sensores nos pueden servir en trascendentales aspectos.
Lo más importante será saber si en Marte hay algún tipo de vida o si hubo vida en algún momento. Servirá para saber que no estamos solos y si podemos algún día compartirlo. Esto último, hijo mío, es lo que más me apasiona. Y hay una fuerte razón para estar atento.
Desde mi infancia consciente, hasta mi adolescencia ávida de conocimientos, ponía preferencial atención a toda información relacionada. Con mis hermanos Luis y Nelson devorábamos las revistas de comics (Revista Okey) siguiendo las aventuras galácticas de Flash Gordon, porque era mas creíble que Superman. Pero cuando la fiebre se desató fue cuando empezaron a llegar a nuestras manos (gracias a mi padre, quien también era un fanático de esto) los libros de Ray Bradbury. Leímos todas sus obras. Todos. Pero hubo uno en especial que me hizo soñar: "Cronicas Marcianas". Aunque la escribió en el año 1955 nosotros en Chile sólo la pudimos leer a partir del 60. Bradbury se anticipa de cómo sería una colonización en ese planeta. Que pena que Bradbury no haya alcanzada a saber de esta noticia. Murió este año hace pocos meses. Esta lectura acaparó por años mis preferencias hasta tal extremo que me hizo pensar un concepto de la vida mucho más libre. Empecé a creer sólo en la ciencia.
Por eso tanta expectación.
Quizás. en un momento de dificultades laborales -y por ende- económicas, estas noticias no sean tu prioridad , pero también es bueno pensar en cosas superiores. También es bueno soñar.


Tu padre, Fredys.