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martes, 6 de mayo de 2014

ANÁLISIS DE UN CUENTO REALISTA DE PATRICIO BARRIOS ALDAY

Por José G. Martínez Fernández.


Ha publicado Patricio Barrios Alday, en EL PUERTO LIBRE, y en la revista virtual PALABRA ESCRITA, un cuento titulado Y TE PARECÏAS TANTO A PABLO.
El relato parece desarrollarse en dos tiempos históricos simultáneos, los que, sin embargo, parecieran ser un único espacio de tiempo. Por lo tanto todo ello conformaría un solo espacio global.
En el relato, de clara referencia autobiográfica, el narrador nos muestra lugares de las diversas estaciones utópicas-políticas, aumentadas, y caídas como modernas Aves Fénix, guiadas por la ambición.
En el tiempo hay referencias al rodaje histórico que muestra las diversas caras de los mismos actores tocados por las esperanzas de alcanzar el Poder y con él la peculariedad de lograr fines mayores.
El escritor expone una frase que es toda una realidad: "ganadores de los cargos de la tómbola partidaria", hecho muy palpable en estos días.
El planteamiento religioso también va enlazado en la historia: El mantener el ideal negador de la ideología teísta lleva a enfrentamientos ideológicos con el mundo de los seres más próximos.
Lo auténtico de la unidad de uno se enfrenta a aquel dogmatismo.
El título del relato nace de la siempre presente imagen nerudiana: En efecto el Nobel está como una sombra de fondo, como el justificador de la historia narrada por Patricio Barrios Alday en la figura concreta de un ser solidario, con el cual se plantea, casi subterraneamente, las utopías de entones que, entonces, valga la redundancia, parecían ser lugares posibles.
Se muestran bien la detención, tortura, relegación, mantenidas bajo la dictadura militar; mientras de fondo aparece la imagen y palabra deslucida y cobarde del Cura de esa Dictadura.
Hay presencias diversas que el lector informado puede advertir: la presencia del Movimiento Democrático Popular y otros puntos de sueños.
La historia apunta a diversos ángulos en que el ser se maneja a la usanza, a lo real no mágico, de lo que vive.
Es como si fuera una sola etapa larga de nuestra historia o breves pasajes que conforman una historia mayor de las últimas décadas.
De allí que hablemos de "espacio global".
El cuento Y TE PARECÍAS TANTO A PABLO se lee con rapidez...pero mejor sería hacer dos o tres veces su lectura, y en forma calma, porque el texto posee muchas aristas de gran calidad.
En primer término está el magnífico terreno del lenguaje. En efecto el léxico de Patricio Barrios Alday es perfecto y casi perfecto, también, es el armado que le da a la historia.
El narrador ha sido capaz de construir -sobre una interesante vivencia humana- un cuerpo textual de gran riqueza.
Me cuesta encontrar en la narrativa del norte chileno actual a narradores como Patricio Barrios Alday.
Quizás Roberto Flores Salgado (narrador desde los ángulos de la Academia) y Hernán Rivera Letelier (escritor desde los ángulos de lo autodidacto) sean otros de los pocos hacedores de narrativa que, hoy por hoy, asoman como las figuras vitales de nuestra narrativa: la narrativa del norte de Chile.
José G. Martínez Fernández

jueves, 14 de octubre de 2010

33 cruces que no fueron

Por Hernán Rivera Letelier
Escritor
(Publicado en el diario El Mercurio de Santiago)

Primero fueron las carpas solitarias de los familiares. Llegaron a la mina con banderas, con santitos, con velas de duelo, con fotografías de los padres, de los esposos, de los hermanos, de los hijos enterrados allá abajo. Mientras comenzaba el rescate, allí se quedaron, día y noche, rezando, llorando, blasfemando, exigiendo justicia, soportando el viento y el tierral inclemente, el calor durante el día y el frío atigrado de la noche. Y cuando todo hacía suponer que el drama terminaría como siempre, que allí, sobre la mina convertida en fosa común, iban a aflorar 33 cruces de animitas, iguales a las cientos que se alzan a lo largo del desierto chileno, sube desde las profundidades el mensaje que estremece a todos: los hombres están vivos.

Fue el comienzo de un espectáculo de espejismo. Como en un desfile de feria comenzó a llegar una muchedumbre que alborotó la tranquilidad del desierto: payasos de semáforos, predicadores evangélicos, actrices de telenovelas, millonarios excéntricos repartiendo millones como embelecos, modelos, humoristas, políticos, presentadores de televisión y miles de periodistas de los más lejanos países del mundo. Y de la noche a la mañana, en medio de un gran desorden y confusión de lenguas, apareció un pueblo de Babel que en su momento de apogeo tuvo una población de más de tres mil personas.

La historia del desierto de Atacama está coronada de tragedias (como una larga muralla coronada de vidrios rotos). Huelgas interminables, marchas de hambre, accidentes fatales, mineros ametrallados y cañoneados a mansalva en masacres inconcebibles. Todo esto a causa de una larga data de injusticias laborales, sociales y morales en contra del minero, injusticias que, pese a los años y a ríos de promesas políticas, se han conservado inalterables, como agrias momias atacameñas. Se dice desierto de Atacama y se entiende drama, explotación y muerte. Por eso ya era hora de que se viviera una epopeya con final feliz. Ya era hora de que la tierra, regada tanto tiempo por la sangre, el sudor y las lágrimas de los mineros, devolviera verdores desde su vientre, devolviera frutos de vida. Aquí sangre, sudor y lágrimas no es una frase vulgar. Yo, que viví cuarenta y cinco años en este desierto, que trabajé en las minas a rajo abierto -sólo dos veces y por muy corto tiempo lo hice en minas subterráneas-, lo puedo decir fehacientemente: el desierto de Atacama está regado de sangre, sudor y lágrimas .

El rescate de los 33 mineros de Copiapó, además de un triunfo de la tecnología, se alza desde este desierto como una lección de vida para la humanidad entera. Una prueba de que cuando los hombres se unen a favor de la vida, cuando ofrecen conocimiento y esfuerzo al servicio de la vida, la vida responde con más vida. Aquí no se trabajó buscando oro o petróleo o diamantes. Lo que se buscaba era vida. Y brotó vida, 33 chorros inmensos. Y a los estallidos de aplausos y abrazos y risas mojadas de lágrimas de la muchedumbre en la mina, y del júbilo de campanas y sirenas de las ciudades del país, se sumó la alegría emocionada del mundo entero. Éramos todos seres humanos conmovidos hasta los tuétanos. Porque a medida que cada uno de los mineros iba subiendo, saliendo, renaciendo desde las entrañas de la tierra, cada uno de nosotros lo sentía como emergiendo desde el fondo de su propio pecho. Fue la celebración total de la vida.

Ya lo he dicho: el desierto está poblado de cruces, testimonios mudos de muerte y desolación. Hagamos por lo tanto de este lugar un homenaje a la vida. No construyamos otro monolito, que son superfluos; no levantemos un monumento, que hay demasiados; no erijamos un santuario, que ya hay los suficientes. Echemos a volar la imaginación y creemos algo nuevo, algo que manifieste a toda la raza humana.

Yo propongo un Elogio de la vida .

Un mensaje para los 33: que les sea leve el alud de luces, cámaras y flashes que se les viene encima. Es cierto que sobrevivieron a esa larga temporada en el infierno, pero al fin y al cabo era un infierno conocido para ellos. Lo que se les viene ahora, compañeros, es un infierno completamente inexplorado por ustedes: el infierno del espectáculo, el alienante infierno de los sets de televisión. Una sola cosa les digo, paisitas, aférrense a su familia, no la suelten, no la pierdan de vista, no la malogren, aférrense como se aferraron a la cápsula que los sacó del hoyo. Es la única manera de sobrevivir a ese aluvión mediático que se les viene encima. Se los dice un minero que algo sabe de esta vaina.

Para terminar, una oración por ustedes, una oración del poeta iquiqueño Jaime Ceballos, síntesis exacta de lo que acabo de decir:

Oración 33

Señor, tú que sabes/ De milagros y esperanzas/ No los abandones.// En esta hora del secuestro/ Rescátalos de sus rescatadores/ No los abandones.// Baja tú antes que los medios/ Infórmales antes que sea tarde/ No los abandones.// Sácalos de los sets de televisión/ Apártalos de las luces que enceguecen/ No los abandones.// Tú sabes que entre cámaras y flashes/ Ya destruyeron la Tragedia./ Pero a ellos, no los abandones.


Hernán Rivera Letelier

sábado, 21 de agosto de 2010

Resurrección

Por Fredys Pradena, desde España
Como todos los veranos, cuando me voy de vacaciones, -y lo he tomado por costumbre- meto un libro en mi bolso de viaje. Este año el elegido tenía una especial atractivo. Lo había comprado un par de semanas antes, pero sólo había leído la primera página . En realidad, ya sabía perfectamente de qué se trataba, porque al autor lo había dicho en una entrevista en la CNN y repetido luego en Radio Nacional de España.
Me causó tanta curiosidad e interés que deseé disfrutarlo, como lo hago con un buen whisky.
Por lo tanto, la lectura formó parte del programa diario en estas breves vacaciones en la Costa Brava. Programa repartido más o menos así: Después de desayunar en el hotel, obligado hacerlo antes de las diez de la mañana, organizábamos una excursión. A nadie le gusta le obliguen a levantarse a determinada hora estando de vacaciones, menos a María Asunción que esta acostumbradita al desayuno en la cama. Pero después del “malestar” descubríamos encantados que teníamos toda la mañana para nosotros. Gracias a eso pudimos volver a recorrer los hermosos parajes naturales de la zona: Jardines botánicos como Pinya de Rosa, Santa Clotilde y Marimurtra. Flores, plantas, arbustos, muchos cactus, avenidas, árboles, paisajes. Todo el esplendor de esta tierra privilegiada. Además de visitas turísticas a Lloret de Mar y Blanes.
A eso de la dos de la tarde nos dejábamos caer como gaviotas hambrientas y cansadas a nuestro paraíso: La playa de Santa Cristina.
Después del correspondiente baño en el mar para pasar el calor, no siempre conseguido a esas horas, nos instalábamos en el pequeño restaurante, o mejor dicho en español “chiringuito”, que regenta por tantos años Angelita, mujer con mucha experiencia, quien con su amabilidad y sugerencias, nos hace efectivo el placer del comer. Sobre todo mariscos. Mención especial a las gambas de Blanes y las paellas.
Al marisco le viene bien el vino blanco. Angelita nos indicó el apropiado: Un vino gallego que había que agitar, porque era turbio. Muy parecido a los vinos chilenos de la ribera del río Itata. Metida la botella en una contenedor para que se mantuviera frío, el vino nos resultaba tan rico que nunca vez sobró nada. Eso si, problemas teníamos luego encontrar la sombrilla en la playa. No la veíamos.
Siestas como tienen que ser las siestas en la tierra que las inventó: “A pata suelta”, sólo con el murmullo del mar y el griterío de los chiquillos jugando en la arena.
Para pasar la “modorra” a eso de las seis, gateaba hasta el "chiringuito" por un par de cafés bien cargados. Única manera de volver en si.
Y luego a disfrutar de todo lo lindo que ofrece este lugar. Desde el paisaje, las idas y venidas de los barquitos, hasta de las gentes. Algunas gentes generosamente impúdicas.
Lo serio, venía al final de la tarde. Cuando ya comenzaba a irse el personal, o sea menos distracción. Y por lógica refrescaba el ambiente. Sacábamos de nuestros bolsitos de tela nuestros libros y a leer. María Asunción con sus textos de Física, que hacía alucinar a los cercanos y yo con mi libro del verano del 2010: “El arte de la resurrección”.
Una tremenda curiosidad me embargaba por saber como les las arreglaba este compatriota nacido en Talca, (1950), Hernán Rivera Letelier, para escribir esta novela. Mi interés se orientaba, más que al argumento, al cómo la construyó, porque como lo había proclamado casi con orgullo, él es un autodidacta. Se crío y vivió en una oficina salitrera en el norte de nuestro país. Lo más cercano que estuvo de las letras fue siendo un jovencito, cuando vendía periódicos en Antofagasta. De mayor se licenció como profesor de Enseñanza Secundaria. Rivera Letelier ha escrito otros libros y poemas y obtenido varios premios.

EL CRISTO DE ELQUI

El argumento, tan bien sintetizado en la contratapa, dice que se trata de un predicador quien, tras la muerte de su madre, se convierte en ermitaño en un valle de Elqui, en donde una visión le dice que es la reencarnación de Jesucristo. Por lo tanto, su misión es predicar el Evangelio. En 1942 se entera de que en una oficina salitrera vive una prostituta que venera a la Virgen del Carmen y que, además, se llama Magdalena. El protagonista de la novela sale en su búsqueda con el propósito que sea su discípula y amante y juntos anunciar la llegada del fin del mundo.
En ese marco espectacular de bosques que parecen precipitarse al mar por los acantilados, con esa luz violácea que es imposible recoger en la cámaras fotográficas, que tiñe el cielo y las aguas, me fui introduciendo en la novela que se desarrolla en un paisaje tan diferente.
Antes de marcharnos de la playa, me metía al agua. El Mediterráneo en esta época prácticamente no tiene olas. Fácil me resultaba entonces quedarme de espalda, con los brazos en cruz, haciendo “el muerto” sin peligro y por largo rato. Así, con los oídos sumergidos bajo el agua, el silencio es total, y delante de mis ojos se presenta sólo la inmensidad del cielo. Sensación de ingravidez que imagino lo más parecido a volar, como las gaviotas que de vez en cuando veía pasar. Sensación extraña que me hacía pensar que así sería la muerte. Así de dulce e ingrávida.
Todo iba bien hasta la noche del Jueves 5 de Agosto, cuando por la CNN dieron la terrible noticia de los mineros chilenos atrapados en una mina de cobre y oro. En nuestra acostumbrada caminata nocturna por el paseo marítimo, no fue más que comentar lo ocurrido. Deseando con todo nuestro corazón que rescataran pronto a esos trabajadores.
El desarrollo de esta novela surrealista se sitúa en los hostiles parajes del desierto chileno y las oficinas salitreras castigadas por el sol. Imposible abstraerse. En ese mismo escenario se vivía una horrible realidad. En pleno desierto de Atacama está el yacimiento San José, lugar de la tragedia.
Terminé de leer el libro confirmando que Rivera Letelier suple con creces su falta de academia mediante esa fértil imaginación que ha hecho famosos a los escritores latinoamericanos del realismo fantastico. Regresé de mis breves vacaciones el 11 de Agosto a la cómoda rutina de la ciudad. El drama de los mineros continuaba.
A diario he estado siguiendo las noticias por Internet. Es espeluznante constatar la cantidad de infortunios. Nuevos derrumbes, errores en el cálculo de sondajes. Muchos fallos de máquinas pero más fallos humanos que sería obligatorio en un futuro analizar, para la segura explotación minera.
Todavía sugestionado por la lectura no dejo de pensar en el innato deseo humano de esperar un milagro cuando corregir los males se escapan de las posibilidades. Los seguidores del Cristo de Elqui confiaban en sus sermones que los llevarían al cielo eterno. Aseguraban que hacia milagros Incluso intenta la resurrección. Hoy seguimos a lideres que nos prometen el bienestar terrenal. Pero yo deseo con toda mi alma un milagro. Como los del predicador. El milagro sería que después de haber estado tantos días enterrados, esos 33 mineros pudieran salir vivos. Veríamos una verdadera resurrección.
¡Aleluya hermanos, si es así!
Fredys Pradena
Zaragoza, 21 de Agosto del 2010