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lunes, 19 de diciembre de 2011

EL PEOR ESPAÑOL DEL MUNDO

Por Camilo Marks
(Columna de opinión publicada en Cooperativa.cl)
Sobre la necesidad de hablar inglés como herramienta indispensable para el trabajo y el triunfo social y económico se ha vociferado tanto, se ha escrito tanto y se han dicho tantas tonterías, que una nube espesa de asentimiento sobrevuela por encima de ese acuerdo tácito que impide cualquier debate: nadie lo discute, es un dogma.
Sin embargo, en países como España, Italia, Francia, Grecia o Alemania, un porcentaje que va del 63% al 90% de la población desconoce íntegramente alguna lengua extranjera y el interés por aprenderla es nulo.
Muchos problemas tendrá la Unión Europea, pero en materia intelectual sigue a la vanguardia del mundo. En Estados Unidos, por el contrario, hay una creciente demanda para estudiar español, lo que es natural, ya que en pocos años la lengua de Cervantes predominará sobre todas las otras en dicho estado.
Hace un tiempo, Neill Davidson, ciudadano británico residente en Chile, en un castellano envidiable, opinó en “El Mercurio” que bastaba y sobraba con las 100 mil personas que dominan el inglés para las escasas necesidades del país; la columna era irrebatible e incluso comprobaba que esa cantidad de gente era excesiva para la real eficacia, en suelo patrio, de ese idioma.
Hoy día, deben saber inglés unas 200 mil almas, de lo que se deduce que de poco o nada les sirve a muchos de ellos.
Ese inteligente análisis pasó desapercibido por la época en que fue escrito: se hacía mofa de la entonces ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, por su mal manejo del inglés (como si los dirigentes estadounidenses fueran políglotas), un miembro del gabinete anunció que en poco tiempo Chile sería trilingüe, pues el mandarín se incorporaría a las escuelas, la euforia economicista vivía su apogeo y se vaticinaba nuestro inminente ingreso al club de las naciones desarrolladas.
La insondable crisis de la educación, que este año quedó al desnudo, ha apagado un poco la manía anglófila. Pero no del todo. Los diarios y revistas, la propaganda, las voces autorizadas, los que poseen tribuna abogan por la perentoriedad del inglés como instrumento fundamental para avanzar…en lo que sea.
Es una perogrullada expresar que para conocer otro lenguaje, primero es imprescindible tener un conocimiento acabado del nativo. El castellano que se habla y escribe en Chile debe ser el peor del orbe.
Excluidas las radios y la televisión, donde se emite una jerigonza ininteligible, los medios escritos, casi sin excepción, dan cuenta de esta ruina: faltas ortográficas espantosas, errores básicos de sintaxis, que hacen incomprensibles los textos, disparates léxicos, solecismos, barbarismos, idiotismos y muchas otras falencias, convierten a nuestros rotativos en especímenes de una decadencia lingüística sin precedentes.
Tenemos páginas enteras elaboradas por periodistas sin la más mínima conciencia idiomática o por presuntos especialistas que no distinguen lo más elemental de nuestra gramática.
No es raro que así sea dada la nula importancia del ramo de Castellano, que ahora se imparte con varios nombres y de la forma más acelerada, sin lecturas, sin composición, sin escritura.
Antes de la PAA, reemplazada por la PSU, era una asignatura esencial y todo aquel que rendía Bachillerato, debía pasar rigurosos exámenes de comprensión y ser capaz de escribir de una manera decente.
Lo mismo ocurría con inglés y francés, que se enseñaban por 6 años, y quienquiera quisiese ingresar a la universidad, debía demostrar su aptitud en uno de esos lenguajes.
Paradójicamente, a mediados de los 60, todo el que podía dar el paso a la universidad, si no dominaba una lengua extranjera, al menos algo sabía de ella.
Cinco décadas después, ningún estudiante que se matricula en institutos superiores conoce el español básico.
Ni qué decir tiene, el inglés o el ya extinto francés están abolidos del ámbito cognitivo de los jóvenes que se embarcan en competitivas o superfluas carreras.
Los colegios privados, con matrículas prohibitivas, excluyentes, de importancia reducidísima, son la excepción a esta regla. Con todo, se trata de una excepción relativa: no se ha comprobado la permanencia del aprendizaje de idiomas y es probable que con la falta de uso, lo aprendido se pierda con celeridad.
En resumen, los que obtienen la licencia secundaria no saben un ápice de castellano ni, mucho menos, de inglés.
¿Con qué ropa, entonces, se pretende que la totalidad, la mayoría o una porción importante de la población chilena sepa el idioma de Shakespeare, Dickens o las hermanas Brontë?
Porque los anglómanos están lejísimos de preconizar la lectura y el estudio de la literatura británica o norteamericana. Tampoco experimentan ninguna curiosidad por la historia, la filosofía, la antropología o cualquier disciplina ligada con las humanidades y por los egregios nombres de esas esferas provenientes de Inglaterra o Estados Unidos.
Nada de eso. Los partidarios de meter el inglés con camisa de fuerza proclaman que es trascendental para hacer negocios. ¿Qué negocios?
¿Minería, comercio exterior, agricultura, pesca u otras industrias?
¿Cuántos laboran en estas actividades? Una fracción mínima de chilenos que, tal vez, chapurrean en otro idioma y tal vez apenas se dan a entender en español.
El resto, empleados públicos, obreros, artesanos, trabajadores del campo, dueñas de casa, vendedores ambulantes, mendigos, presos y un largo etcétera, o sea, la inmensa mayoría, deben contentarse con ingresos miserables y hacer frente a lo que es vivir en la desigualdad extrema.
¿Mejoraría su situación si aprenden inglés?
La última pregunta es tan ridícula como los ejemplos con los que se suele ilustrar la trascendencia de ese lenguaje: es obligatorio en Singapur, con dos millones de habitantes que se entienden en malayo o en Suecia, con escasa densidad demográfica y uno de los estándares más altos del planeta.
Si queremos adquirir cualquier tipo de formación cultural, comencemos por el castellano. Mucho después, podríamos aventurarnos en lenguas distintas, aun cuando jamás de los jamases seremos un país bilingüe.
Camilo Marks
Nota del autor :(En este artículo, español y castellano son sinónimos).

lunes, 1 de marzo de 2010

Llanto de Chile

Por Antonio Skarmeta
Publicado en el diario El País de España

Escribo en mi estudio de Santiago tras abrirle un hueco a mi ordenador entre los cientos de libros de mi biblioteca derrumbados de los estantes.
Escribiendo me alivio un poco de la porfiada monotonía de las informaciones de la televisión que acumulan tragedias sin tregua.
Cientos de compatriotas muertos o desaparecidos y la cifra sube sin piedad.
El pujante Chile, que destacaba por su modernidad y progreso en América Latina, se le ve gravemente herido. No sé cuántos años tardará la reconstrucción.
Este es un país no sólo de delgada forma extravagante, sino también un territorio extremadamente vulnerable. Los 4.000 kilómetros que separan el punto más alto en el norte del más extremo del sur son igualmente presas propicias para los movimientos telúricos.
Esto fue así, y seguirá siendo así pues la naturaleza tiene caprichos que los hombres no dominamos. Tras cada catástrofe, con más voluntarismo que lógica, pensamos que acaso sea la última.
De hecho, un sismo de esta violencia no ocurría desde hace 50 años. Creímos entonces que la tregua de la Madre Tierra era infinita, pero ahora escribimos desde los escombros que provocó su furia.
La violencia estalló en plena noche, hacia las cuatro de la mañana del sábado. En Chile es verano en febrero y ciento de miles tienen vacaciones en las playas o en los bellos lagos del sur.
Las noches de suave brisa y cielo estrellado, son propicias para grandes festivales de teatro, o de la canción popular, como el de Viña del Mar, nuestra más conocida ciudad-balneario- que justamente tenía esta semana su fiesta máxima: el Festival de la Canción.
Este año la competencia internacional tenía una modalidad distinta debido a que Chile celebra el 2010 el Bicentenario de su Independencia en 1810 del Reino Español.
Se le encargó al jurado determinar cuál es la más bella canción del mundo de los últimos 50 años de muchos países. Algunas son sincopadas, otras románticas, y las hay también conceptuales. Esto permite que Argentina compita con El día que me quieras, de Gardel y Le Pera, Estados Unidos con Rock around the clock, el tema de Bill Haley y sus Cometas que nos electrizó hace cinco décadas al final de la película de Blake Edwards Blackboard Jungle, Inglaterra con I can't get no satisfaction y la dulce Italia con el soberbio proyectil hacia el cielo de Modugno : Volare. España mandó un tema de Mocedades: "Eres tú", que en la versión actual sonaba como una letanía religiosa.
No sé quién ganó porque el multitudinario Festival cerró sus puertas sin una finalísima. La catástrofe terminó anulando todo: conciertos, cines, partidos de fútbol. "Cerrado el país hasta nuevo aviso". Cerrado también el aeropuerto internacional de Santiago. Dicen que por 72 horas. Otros la negocian en 48. Las imágenes que muestra la televisión son calamitosas. Pero el Ministro de Obras Públicas asegura que los daños son más bien "cosméticos".
Cosméticos o no, el hecho es que la tragedia pulveriza al menos tres grandes acontecimientos que tenían a Chile como sede. El principal, que prometía brillo a destajo era el Quinto Congreso de la Lengua Española en Valparaíso. Lo iban a inaugurar los Reyes de España junto a la presidenta Michelle Bachelet.
Excelente ocasión para celebrar la vitalidad de la lengua común entre españoles y americanos y además broche de oro para la rubia presidenta que en dos semanas entrega el Gobierno tras 20 años de su coalición de Centro-Izquierda al derechista Sebastían Piñera, claro ganador del ballotage en Enero. ¡Lástima!
Los pocos congresistas que llegaron a Santiago escaparon despavoridos en pijamas de sus cuartos en el hotel, otros que venían en vuelo aterrizaron en Buenos Aires y acaso los más alcanzaron a enterarse del terremoto en sus respectivos países y no emprendieron el viaje.
Inconmensurable tristeza, porque la Real Academia Española, el Instituto Cervantes, las editoriales y medio mundo le tenían a ese encuentro unas ganas locas y apostaron a él con entusiasmo. Incluso alcancé a recibir la deslumbrante Nueva Gramática de la Lengua Española que en dos volúmenes se las arregla en mi escritorio para no sucumbir a las frecuentes réplicas del terremoto.
Víctima del sismo fue también un precioso primer Congreso de Literatura Infantil y Juvenil que atrajo a cientos de especialistas de España, Brasil e Hispanoamérica al Palacio de Bellas Artes en Santiago. El antiguo edificio hoy padece un escueto cartel escrito a mano: "Cerrado". Sus cornisas se desprendieron y cayeron estruendosas sobre las escalinatas.
Doble lástima, tanto para la saliente presidenta como para el electo nuevo gobernante de la derecha. La primera, porque se merecía un festivo final a su gestión: según las encuestas, abandona el cargo con más del 80% de aprobación popular. Y Sebastián Piñera, que quería partir gobernando con energía arrolladora, va a tener ahora que dedicarse en primer lugar a reparar la cancha donde esperaba deslumbrar con jugadas mundialistas.