sábado, 25 de enero de 2014
EL FALLO DE LA HAYA
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Pablo de Rokha es Dejado Fuera de los Grandes Poetas
Por José G. Martínez Fernández.
José G. Martínez Fernández
sábado, 27 de agosto de 2011
A proposito de "Violeta se fue a los cielos"
Carta de Tita Parra (Nieta de Violeta Parra)
Una Violeta que no se lava ni se peina ni se baña
Es tan difícil abordar a Violeta Parra y fácil caer en los estereotipos que la información errada en el tiempo ha ido sumando a las fantasías de cada uno, la lectura del público que la ama por su obra, se confunde con la visión del hijo Ángel en su libro Violeta se fue a los cielos que inspira esta película, y que curiosamente se va al otro extremo de lo que muestra el libro, siendo éste un abordaje liviano y lleno de humor, y en cambio la película muy extensa, densa y repetitiva, con chistes que no dan risa, con un final evidente ( el disparo) y ganas de salirse del cine porque ya se sabe todo lo que viene como a partir de la mitad.
No importaría la omisión de otros personajes que mucha gente podría demandar, como Isabel o Nicanor o los tíos Lalo y Roberto, el problema es que el personaje del niño Angel o adolescente es un joven sin nada que decir, la Carmen Luisa una niña apática sin nada que decir, y el amor de Violeta , Gilbert, es un personaje que solo se parece físicamente, con su acento de gringo. Ninguno de estos personajes tan cercanos, tiene la chispa o expresión esperada.
Se destaca el trabajo de Francisca Gavilán quien se esfuerza grandemente por representar a una Violeta que no conoce, pero que intenta sentir y eso lo demuestra, para salvar la cinta en un buen porcentaje. Muy bien por la Francisca Gavilán, (aunque no es necesario caminar como pato para parecer campesina) ella se envuelve en la Violeta por entera, además de un canto afinado y potente. Se excede en lo bruta, no pudo ser elegante y ruda a la vez, cojea en eso. Matizar las voces, al hablar, usa un tono de huasa neutra , no de chillaneja de hablar clarito, lento, o gravemente cantado o gritado o llorado. Y las conversaciones son pobres, salvo la entrevista convencional en blanco y negro que es de lo mejor logrado. Pues ahí la Violeta aparece más cercana y lúcida, sin ropajes extraños ni sobre actuación.
Un raconto desordenado, basado en hitos con grandes saltos insólitos, poco desarrollo de contexto, pobres relaciones en general. La relación con Gilbert está retratada en forma precaria, no ahonda en ningún misterio, aunque aparece como clave y causante del mayor conflicto, en el que ella es una mujer demandante y agresiva, ignorante y bruta para amar, celosa, a un hombre menor que ella. Qué lástima que Wood no leyera las cartas.
Donde está la delicadeza? La divertida y carismática? La conversadora insólita? La magia? Pero siempre todo se salva con la música, buena salida.
Algunas escenas dignas de destacar: Volver a los diecisiete, lo rescataría como Video Clip, la actuación en Polonia, (a pesar de que la Violeta teñida de negro y con permanente no tiene nada que ver) las conversaciones con campesinos y el canto a lo pueta, son momentos que retratan el alma y la búsqueda de la Violeta, el velorio del angelito, escenas de la Violeta en la oficina del director del Museo del Louvre, momentos bien logrados.
En La Carpa de la Reina hay una exacerbación grotesca de lo miserable, sucio, polvoriento , se hace largo y tedioso esperar el disparo. La personalidad resentida de Violeta no calza. Esas son las obviedades. La carpa estaba en la Reina, pero dentro de una ciudad con calles, en el Parque La Quintrala, aquí la pusieron arriba de un monte lejano, en un tierral. La Violeta queda como con mal ojo…y no hay ningún contexto donde situarla. No aparece la forma detallada en que Violeta hacía sus recitales y escenografías, y precisamente la Carpa de La Reina, que era humilde pero llena de detalles finos, la construcción de barro pintado de blanco, las puertecitas de totora, piso de tierra pero todo limpio y hermoso, nada tiene que ver con esa construcción tan deplorable.
Como bien ha dicho el director de esta película, pueden haber muchas más visiones y por ende no se puede hacer una crítica destructiva, no es la idea, sin embargo, cuánto se extraña la magia, el humor, la ternura! Sobra lo burdo, como la palabra Jetón, relamío, que vienen de un arquetipo falso.
Faltó mayor profundidad en la dualidad pasión y dulzura, rabia y alegría, profundidad y finura que es parte esencial de la Violeta tal como se puede apreciar en sus letras, en su obra visual, en su música. En cierto modo estas carencias se suplen cuando se acude al canto directamente, atinado recurso para mostrar lo indescriptible. Eso se extraña; hace falta la Violeta que retrata Nicanor en el poema Defensa de Violeta Parra, la que se retrata a si misma en las cartas, en las canciones como La lavandera, en las décimas autobiográficas.
El contexto social y político de la época es pasado por alto completamente, como si en aquellos años solo se tratase de un Chile lleno de tierra y de ahí uno se sube a un avión a Europa.
Mucho trabajo para el próximo cineasta que se atreva. Violeta Parra es insondable y llena de vericuetos, imprevisible, pero por sobre todo de una profundidad que no se puede olvidar. Me parece que se cae en lo obvio, en las caracterizaciones exageradas de lo desgreñado, del trato a su amor siempre de mierda, y de hacer aparecer a una Violeta sufrida por un desengaño amoroso en esencia. Los misterios de Violeta Parra parecieran no existir, su poesía, su encanto, sus dimensiones internas. Es cómodo hacer hincapié en los hitos evidentes de una biografía, aparentes.
Y un detalle: las marcas de la viruela son exageradas, como si fueran lo más importante. La sensación que queda es triste, los fragmentos que se repiten cansan, y los que se omiten hacen caer la balanza hacia lo grotesco que da pena y duele la guata.
El ojo del gavilán o del gallo o de la Violeta, con esa enorme lupa o zoom, otro recurso repetido que cansa y molesta.
Saludos a todos y qué le vamos a hacer. Vayan a verla pero no se la crean toda. Ni piensen que la Violeta no tenía femineidad o que era una bruta, porque no es verdad y eso duele. En fin.
Tita Parra
miércoles, 4 de marzo de 2009
Lo que queda tras el Festival de Viña del Mar

Tita Parra
(Reflexiones de la hija de Isabel Parra y nieta de Violeta, luego del triunfo de la canción escrita por su madre que se impuso en la competencia folklórica del Festival de la Canción de Viña del Mar. La artista hace un llamado a los medios de comunicación y a los chilenos para defender y difundir nuestra música y dejar de lado el “farandulismo” .)
Este no es un tema para debatir, es simplemente para comunicar y celebrar el triunfo de la música chilena en los 50 años del Festival de Viña del Mar 2009, que obtuvimos por la canción de Isabel Parra, "Cuecas al Sol".
Hicimos una presentación con un grupo de cinco personas, entre los cuales se destacó Camila Méndez, como la voz solista; Rodrigo Apablaza, escritor del arreglo y tocando la guitarra; Pablo Lecaros, fundamental en el contrabajo; Antar y su guitarra, y yo cantando la segunda voz apoyando a la Camila y tocando el cuatro venezolano.
Estamos todos felices y orgullosos, porque fuimos premiados como mejor intérpretes y como la mejor canción. Nos ganamos tres liras de Oro y tres Gaviotas.
La experiencia fue agotadora. Es muy duro tener que competir, la disciplina del Festival es tremenda y hay que estar concentrados y entregados absolutamente a lo que estamos haciendo, muchos ensayos y correcciones de detalles, ya que todo está en juego para hacerlo lo mejor posible.
Y la alegría de ganar es realmente muy gratificante, pero lo mejor de lo mejor es sentir el amor y el cariño de los amigos, la gente, el público que ama a Chile y respeta a sus artistas.
Los medios de comunicación estuvieron muy ausentes, la cobertura de prensa fue insignificante, pero no importa, para eso ahora tenemos la Internet y yo estoy trabajando a diario y mucho haciendo la difusión que se merece este acontecimiento.
Es un triunfo de la música chilena, del legado de Violeta Parra, del talento de Isabel Parra, la cual tiene su estilo de composición propio, con estas cuecas que son femeninas, poéticas, sencillas, alegres, bellas musicalmente, y que nosotros los intérpretes tuvimos el honor de poder cantar y tocar en ese escenario apabullante de la Quinta Vergara.
Camila Méndez fue invitada por Isabel a cantar estas cuecas, como una forma de abrir el espectro del folklore y de la música popular chilena hacia las nuevas generaciones, y la gente acogió y comprendió muy bien esta intención, que a su vez Camila asumió con entereza, poniendo en juego todo su talento, su juventud, y especialmente su voz.
Hay muchas cosas que disfrutar, aprender y conocer de estas experiencias. Creo que yo aporté con mi carácter perfeccionista, que esta vez fue bien canalizado y con mucha conciencia. En otras palabras fui “hincha pelota” con los detalles, pero eso me encanta y estoy feliz por eso. Tenía sentido, no se puede jugar a medias y siempre se pueden hacer las cosas mejor.
El autor del arreglo, el maestro Rodrigo Apablaza, supo encauzar su gran talento y conocimiento musical en un arreglo bello, formalmente perfecto, que sólo realzó la canción, sin caer en parafernalias festivaleras, pero de todos modos logró engrandecerla, tarea difícil.
Pablo Lecaros, con el contrabajo y su tremendo oficio, nos dio la firmeza que se necesita, el color suave y profundo de su instrumento. También nos ayudó con el canto.
Y Antar se esmeró en acompañar a toda guitarra, como otro exponente joven que respeta y ama la música que le es legada de alguna forma por sus ancestros Parra y también nos apoyó en el canto.
Todas estas cosas se tienen que conjugar para hacerlo bien, y por ahí me contaron que el jurado hizo una evaluación unánime a favor nuestro.
Fue maravilloso haberse ganado todos los premios para Chile, para la gente, el público chileno que está orgulloso de su arte musical, así como para nosotros es un orgullo también ser parte del movimiento musical chileno.
Hago un llamado a la Prensa de Chile y a los medios de comunicación y también a ustedes, a nuestros amigos de Facebook, para que sigan apoyando a la música chilena, para que no perdamos el rumbo de nuestra identidad y que el arte y la cultura chilena hay que apoyarla, hay que difundirla, no se puede quedar en concursos y premios y estatuillas o gaviotas, si no que debemos proyectar nuestro trabajo más sistemáticamente en nuestra vida diaria, tener y hacer más festivales de cultura y no competitivos, abrir espacios y escenarios para las tocatas y los shows, difundir estos para que la gente conozca a sus artistas, los valore, apoye y aprecie, los motive a seguir cantando, estudiando y componiendo, para que nunca más ocurra el desastre de la muerte de la Violeta con ningún artista chileno, así como ocurrió el asesinato de Víctor Jara, como ocurrió con el destierro de los músicos chilenos obligados al exilio por tantos años, y acá en Chile produjo un vacío terrible, ya que no hay peor tragedia para un pueblo que le quiten su cultura y la reemplacen por muerte y terror, como fue esa persecución del que Chile tiene, y tenemos todos, tanto trauma.
Por eso es que me alegro de este triunfo, porque es un forma de remediar en parte, de reconocer, de romper la barrera que siempre hubo impuesta, entre los artistas, por ejemplo, Isabel Parra, y nosotros mismos, con el público, ese aislamiento que Chile no se merece a estas alturas.
Es tiempo ya que los chilenos amen su música, asistan a los shows, se toque en la radio nuestra música, salga por la TV a todas partes, cada uno de los discos Fondart se conozcan, se vendan y distribuyan, se deje a un lado el farandulismo pobre y vergonzoso y elevemos el nivel de las comunicaciones, difundiendo lo que es valioso y ¡a la basura con la basura!
Bueno mis amigos queridos, yo estoy poniendo en discusión ahora estos temas, ya que son nuestra preocupación fundamental para sanar este país.
Los quiero mucho, y estoy super motivada a seguir trabajando, a componer y cantar.
Tita Parra
Nota de la Redacción:
Este artículo fue publicado en la red Facebook para ser compartido y nos da mucho gusto reproducirlo en Prensa-Abierta. Coincidimos plenamente con los planteamientos de la nieta de Violeta Parra. La música chilena y latinoamericana merece más respeto y los medios de comunicación deben replantear sus objetivos y dejar de lado la nociva “ley del mercado” para determinar sus pautas periodísticas.
Personalmente busqué en los medios de Internet (vivo lejos de Chile) informaciones acerca de las canciones en competencia en la recién terminada versión del Festival de la Canción de Viña del Mar. Encontré sólo pequeños párrafos aislados. Por el contrario, la elección de la reina del festival, con el consiguiente piscinazo, la “chimuchina”, el cahuín, las excentricidades del millonario Leonardo Farkas, el show, y en general el circo, ocupaban privilegiados espacios y coloreaban las primeras páginas.
Tal como lo dijo la autora de la canción ganadora, Isabel Parra, la priorización del show por sobre la muestra musical es un problema histórico de este certamen y parece no existir forma de evitarlo. El “monstruo”, apelativo como se ha bautizado al público, es el que decide, con la complicidad de conductores, productores y medios de prensa.
Quizás llegue el día en que la competencia se separe de la fanfarria y del circo. Quizás alguna vez recuperemos la idea de hacer festivales no competitivos, como lo dijo Tita Parra, quizás al estilo de lo que fue el Festival de La Nueva Canción Chilena, realizado en el Estadio Chile antes de que cayera la oscuridad sobre Chile. Recuerdo entonces que allí se estrenó la Cantata Santa María de Iquique y los creadores, de diversas tendencias políticas, tuvieron la oportunidad de mostrar sus obras sin darse codazos, como compañeros de una misma causa: la buena cultura popular.
