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miércoles, 8 de julio de 2009

Pecados de Familia


Por E.Olivares P.
(columna publicada en el diario La Tercera el 11 de enero de 1996)
A su manera, mi padre era un buen hombre. Actor, folklorista, escritor de sainetes criollos, conocido de Luis Emilio Recabarren, comunicador, hombre de radio, socio fundador de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile, técnico electricista, constructor aficionado, pero por sobre todo, constante aventurero de los caminos conocidos y por conocer.
Colgando de su mano callosa y cálida conocí el estadio “El Tranque”, al que un arrebato veraniego rebautizó como Sausalito, en homenaje a la ciudad californiana que lleva ese nombre. Sobre la corta gramilla, a un costado de la laguna, aprendí a apreciar la tradición de buen fútbol del querido Everton, tendencia por la estética de ese deporte que se conservaba, sin importar el lugar que se ocupara en la tabla de posiciones.


También me sorprendí con el estadio de Playa Ancha, del viejo Puerto de Valparaíso, entonces reducto inexpugnable para los rivales de Wanderers y hogar del increíble ventarrón, cómplice de los triunfos “caturros”.
A su manera, mi padre era un buen hombre. Pero tenía dos defectos muy marcados. Y para un niño de corta edad, como yo lo era, tales defectos eran considerados como muy graves y atentatorios para la sana relación que se supone debe existir entre progenitor e hijo.
Cuarenta años después, con una sonrisa nostálgica, pienso que se trataba sólo de pequeños…pecados de familia.
El almuerzo dominical y la consiguiente tertulia, siempre se alargaban más de la cuenta…mi cuenta, hasta hacerse interminables. Después, los minutos que se tomaba para calentar el bullicioso motor del viejo Chevrolet 1928 –ya entonces una reliquia- me parecían eternos. Todo eso significaba llegar al estadio cuando el partido había comenzado. A mi padre aquello no le preocupaba en lo absoluto. Su indiferencia respecto de estar presentes ante el pitazo inicial significaba que me perdía la magia de la aparición de los equipos por la boca del túnel, la entrega de las alineaciones por los altoparlantes y el saludo con la diestra levantada de aquel para quien el aplauso de los espectadores se prolongaba más de lo usual. Perderse aquello constituía un despilfarro imperdonable.
Pero eso no era todo.
Cuando faltaban unos diez minutos para el término del partido, y mis ojos devoraban cada jugada, escuchaba aquella sentencia –el segundo defecto paterno- que me resultaba peor que una condena a muerte:
-¡”Vamos andando, porque si no salimos ahora nos va a pillar el embotellamiento”! (así llamaban nuestros padres a los actuales “tacos” o mejor dicho a la “congestión vehicular”).
Caminaba tropezando y mirando hacia atrás, demorando el paso a propósito para no perder ningún detalle, atesorando mis últimas visiones del partido y rogando para no perderme nada trascendente (en esos años no soñábamos con la televisión ni menos con la repetición de las jugadas en la pantalla chica).
Lamentablemente estaba condenado a escuchar desde fuera el estruendo por un gol o una jugada magnífica coincidente con el momento del tercer o cuarto intento para hacer arrancar el motor del viejo “cacharro”.
A su manera, mi padre era un buen hombre, pero tenía esos defectos…

viernes, 8 de agosto de 2008

El Atleta de Los Andes


De cómo el moreno niño de Maipú

se convirtió en el dios de los "blancos"...

Por Freddys Pradena,
desde España

El fútbol es el juego de los niños pobres de América del Sur. Eso es algo que repiten, con mucha razón, los cronistas deportivos europeos cuando hablan de los orígenes de figuras del balompié, especialmente las nacidas en Argentina o Brasil.
Chile no podía ser la excepción.
En un barrio marginal de una comuna aledaña a Santiago, llamada Maipú (nombre mapuche), no hace muchos años corría por sus calles de tierra un niño moreno y flaco. El muchachito divertía a los vecinos con su habilidad para jugar a la pelota. Pero llamaba la atención de quienes sabían algo del popular deporte, porque a su inagotable entusiasmo agregaba también la inteligencia.
Esos talentos se acrecentaron en su adolescencia y lo condujeron a jugar en algunos clubes profesionales de provincia. Pero tras una serie de rebotes le llegó su gran oportunidad. Fue contratado el club más poderoso y famoso de Europa.
Al principio nadie le quería, ni siquiera sus compañeros. Siempre ha existido un sutil desprecio en Europa hacia lo sudamericano Esta vez no fue la excepción, mas cuando el rostro del personaje dejaba en claro su origen “sudaca”, como despectivamente llaman los españoles a los originarios de sus ex colonias. Y no hay peor astilla que la del mismo palo, el entrenador, pese a ser argentino, por alguna razón escondida al principio también lo marginó considerándolo reserva de reserva…
Se repetía el cuento del patito feo.
Para poder triunfar no sólo hay que ser bueno, se tiene que ser el mejor. Entonces se propuso la lucha que le dictaron sus genes: Entrenar, trabajar, ocultar lesiones, hacer bien lo que sabe hacer y callar.
Tras “doblarle la mano” al porfiado técnico y convertirse en titular, finalmente su consagración llegó la noche mágica del sábado 3 de junio de 1995.
El estadio de la capital estaba a punto de reventar. Ya no cabía un alfiler. 110 mil personas y todas las cámaras de televisión del mundo presentes. Se jugaba la final del campeonato de la Liga de las Estrellas, como lo dicen pomposamente en la Península con el fin de intentar opacar a las del resto de Europa.
El primer gol fue anotado por el equipo local. La gente aullaba de contenta, si se mantenía ese marcador serían campeones. Así terminó el primer tiempo.
Comenzó la segunda parte. Los visitantes, un equipo de Galicia, empezó a jugar muy bien y a eso de la mitad del segundo período, logró el gol del empate. El estadio enmudeció y los fantasmas de un fracaso se hicieron presentes. Automáticamente sobrevino el amargo recuerdo de cuatro años precedentes sin ganar el título máximo, en especial el del año anterior, que se escabulló en el último partido.
El nerviosismo se reflejaba en los jugadores que comenzaron a mostrar flaquezas. Mejorar el nivel de juego parecía imposible. El otro equipo estaba conciente de aquello y apretaba cada vez. El miedo podía masticarse en las tribunas y entre los jugadores locales, pero no para el jugador chileno. Sólo faltan cuatro minutos para que finalizara la brega. Un cantabro, quien a la postre se constituyó en su mejor amigo, envió un pase largo y alto, pero muy bien dirigido al chileno. Este, sobre la carrera, realizó un espléndido y difícil “control dirigido” con el pecho impulsando la pelota hacia adelante. Pareció que el reloj se detenía. Tiempo suficiente para pensar en esos niños de Chile, de Perú o de Bolivia, que quizás a estas horas, con sus caras sucias, estaban pegados a alguna vitrina de comercio mirando por televisión la gran final española.
El atleta andino avanzó veloz, con fuerza y dejó atrás al defensa adversario. No pudo ser de otra manera, es hijo de esos atletas indígenas que corrían sin descanso cientos de kilómetros por los Andes. Miró a la portería y se preparó para golpear la pelota. Hubo tiempo para entender lo que hacía. Hubo tiempo para que los millones de sudamericanos que estaban en este momento personificados él aunaran sus fuerzas mentales. Todos estaban pensando en lo mismo.
Y entonces soltó un disparo letal con su derecha, como un latigazo. Fue una patada impresionante, con fuerza y rabia. Había tanta razón para patear con ira. La pelota salió disparada como un misil.
El portero alcanzó a ver el balón y se lanzó intentando detenerlo, logró tomar contacto con el esférico, pero era tal la fuerza que llevaba, que su mano se dobló y sucumbió ante la potencia, sólo alcanzó a desviar un poco la trayectoria, pero no lo suficiente. El balón dio en la parte inferior del travesaño y se metió en la portería. Fue el gol del campeonato. El gol que sólo en los sueños se pude anotar.
Como en los cuentos fantásticos y como por arte de magia, el atleta de piel morena, de rostro inconfundible, se transformó entonces el Dios de los “blancos” (nunca mejor dicho), por lo menos por esa noche. La noche más hermosa para nosotros, los morenitos del otro lado del “charco”.
Los niños pobres de América sumaron desde entonces a los guerreros de la Araucanía otro mito y una leyenda deportiva.

F.P.






lunes, 28 de julio de 2008

Fútbol a la carrera

¡Más respeto con el puntete!

A propósito de que en el último triunfo de Universidad de Chile (4-1 sobre Melipilla) por el Torneo de Clausura del fútbol chileno, uno de los goles del argentino Estévez fue anotado mediante el despreciado, pero nunca bien ponderado puntete o puntazo (llamado así por pegarle al balón con el extremo delantero del calzado y no con el empeine), esta forma de golpear el balón ha ocupado gran centimetraje en las páginas deportivas de algunos medios de comunicación.
Desdeñado por los puristas, despreciado por los apegados a la técnica, mirado en menos por los lanzadores, el puntazo se alzó como el gran ganador de la fecha de la mencionada competencia.
Soy un fanático del puntete. Cuando joven, en mis fallidos intentos por jugar al fútbol, recurrí muchas veces a esa forma de darle a la de cuero, más bien por incapacidad que por un deseo de hacer algo diferente. En esos tiempos la pelota era de cuero, no como las de ahora que son confeccionadas en material sintético que las mantiene en el peso reglamentario llueve o truene. Quizás, hasta mediados de los años sesenta, o más adelante, ya a los 5 minutos el juguetito redondo había absorbido humedad del pasto y pesaba varias decenas de gramos más. Ni hablar si estaba lloviendo. Darle de cabeza era considerado un intento de suicidio, especialmente si la pelota venía girando en su propio eje (con efecto creo que se dice). Había que ser un gran futbolista para llegar con el balón al destino deseado.
Sin embargo, tratando de reivindicar ese tipo de jugada y para honra del puntete, hay que informarle a las nuevas generaciones que uno de sus grandes cultores fue el propio Edson Arantes Do Nascimento, Pelé. Le ví anotar varios goles mediante esa técnica, a la entrada del área o entrando en diagonal. Lo cierto es que hay que ser muy bueno para poder darle dirección a este tipo de disparo. Es muy fácil que el balón se vaya para el lado de los quesos o llegue donde el diablo perdió el poncho en lugar de la portería contraria.
A un jugador de Everton (mi querido equipo), le vi hacer dos goles de puntete en un holgado triunfo de los "guata amarillas" en los años sesenta. El experto era Alejandro Rojas, hermano del recordado Eladio, héroe del Mundial del 62. Otro Rojas, Manuel, también de Everton, le hizo un golazo así desde fuera del área al arquero Larraín de Magallanes.

Otro especialista fue Juan Soto, un buen mediocampista que jugó en Everton, Colo Colo y Universidad de Chile. Sus tiros libres eran de temer. Soto le daba fuerte con la punta a la pelota en su mitad superior y el balón desarrollaba una trayectoria que engañaba a cualquiera. Al inicio parecía ir muy elevada, pero ya cerca del arco descendía sorpresivamente debido al efecto que le imponía el ejecutor.
Aparte de la velocidad y de la incierta trayectoria, otra ventaja del puntete es que el ejecutor no tiene que cargar la escopeta. Me refiero a que no prepara el tiro echando el pié atrás para tomar impulso, excepto cuando se trata de un servicio con balón detenido. El disparo sale sobre la marcha. Por ello, el arquero contrario no tiene referencia alguna y, seguramente, será sorprendido.
Quien domine este arte tendrá asegurada una buena cantidad de goles. Estévez lo probó el pasado fin de semana.
¡Qué viva el puntete!

miércoles, 16 de julio de 2008


Hacer el amor no el fútbol

Por Freddys Pradena
Desde España

Tal como lo escuché lo cuento. Bueno… lo más parecido.
Se jugaba una final de la Copa de la UEFA. Y aunque el estadio era neutral, las aficiones bien repartidas abarrotaban las gradas. Se enfrentaban un equipo inglés y otro español.
Siempre se habla de la compostura de los ingleses, la famosa flema británica, pero cuando se trata de fútbol, las cosas cambian. La palabra “hooligan” la inventaron ellos para referirse a sus fanáticos y peligrosos seguidores. Si los dejan son capaces destrozar una ciudad con la excusa de celebrar un triunfo, aunque ante una derrota les da igual, todo ello aderezado con abundante cerveza.
Los españoles no necesitan adornos, son pasionales hasta jugando a las cartas. Si no hay sangre en las fiestas, es que no es fiesta. Los toros lo saben muy bien.
Por razones que no es el momento analizar, los países europeos han encontrado en el fútbol la manera de descargar todo el rencor recíproco que se tienen. Es comprensibleotalmente sabiendo que arrastran muchos años de guerras, algunas muy recientes.
Es tal el prestigio que obtiene un país ganando un título, que a los clubes de fútbol lo dirigen hasta primeros ministros (Berlusconi, por ejemplo) e invierten cantidades escandalosas de dinero en jugadores extranjeros. Verdaderos mercenarios de lujo.
Precisamente en esa final el entrenador del equipo español era un extranjero, un argentino súper famoso en ese mundillo. Pero su popularidad se debía mas que nada a su carácter.
Nadie en la cancha le tosía a Carlos Salvador Bilardo (campeón del mundo con Argentina en 1986). Bilardo, el “Míster” irascible. En los entrenamientos sus broncas eran memorables. Los jugadores no le tenían respeto, le tenían miedo.
Faltaba poco para terminar el partido y el equipo español perdía, pese a estar jugando mejor.
Saque rápido del portero a la banda, que controla perfecto el alero, el jugador más joven del equipo español. Este elude con habilidad a su primer marcador y se va como una bala hacia el campo contrario, siempre por la banda. Hasta que le sale un defensa. El inglés, conocedor del lema: “pasará la pelota, pero no el jugador” le tira una patada sin contemplaciones. Ya la expulsión le da igual. Pero el muchacho adivina la inminente agresión y salta para evitarla, cayendo encima del infractor a quien accidentalmente le clava los estoperoles en la pierna asesina. La “requete hostia” como dicen los españoles que se armó. Empujones, insultos, etc. Cada barra grita, aúlla al árbitro para que fulmine con una tarjeta roja al culpable. Pero el referí, que ya ha visto mucho, sabe que el inglés sigue revolcándose para ganar tiempo que corre a su favor. Pita lo correcto: Juego peligroso y ordena que continúe el partido.
El joven jugador español, todavía pensando que el fútbol es un deporte y no una guerra, ve que el inglés sigue “muriéndose”, y en lugar de cobrar la falta con un tiro libre, lanza el balón fuera de la cancha para que su herido rival sea atendido. El entrenador Bilardo, que está muy cerca de la jugada, no lo puede creer. Enloquecido salta como un resorte y casi metiéndose a la cancha le grita histérico:
- ¡Pero qué hacés boludo? ¡Pedazo de pelotudo al enemigo hay que pisalo! ¿Oíste? ¡Al enemigo hay que ¡Pisálo!(así pronuncian los argentinos “pisarlo”)
Aunque el griterío es ensordecedor, la afición española escucha a Bilardo y comienza a corear: ¡Pi-sa-ló! ¡Pi-sa-ló!
Los ingleses que estaban a punto de repetir lo de las Malvinas, al escuchar el coro, se quedan atónitos. Primero se callan y luego se van levantando de sus asientos para comenzar a aplaudir. Luego emocionados y avergonzados ante la actitud más que deportiva del adversario se suman al coro cantando: “Peace and love”...
F.P.

sábado, 27 de octubre de 2007

Pensamientos Futboleros

-Por Jugo de Pelotas

Nada Nuevo

….Con o sin Marcelo Bielsa la Selección Chilena de Fútbol tenía que perder contra Argentina en Buenos Aires y ganar a Perú en Santiago, en la disputa de las eliminatorias del área sudamericana por clasificar para el Mundial de Alemania. De los cuatro cupos disponibles para ir a la fase final, ya hay dos que tienen propietarios (Brasil y Argentina, por supuesto). Para los otros dos hay muchos candidatos: Uruguay, Paraguay, Chile, Ecuador y Colombia. Bolivia, Perú y Venezuela aparecen como los supuestamente mas débiles. Pero los altiplánicos son cosa seria en la altura de La Paz; Venezuela ha progresado bastante en los últimos años y Perú quiere cambiar la historia.


Dejen tranquilo al “Gurú”

No es cristiano hacer leña del árbol caído, aunque dan ganas de decirle al mentado “Gurú” que “otra cosa es con guitarra”. Él está a punto de bajar va Tercera División del fútbol chileno con Deportes Temuco. Como consuelo hay que recordarle que Manuel Pellegrini descendió a Segunda División con la Universidad de Chile en 1988. Y vean en donde se encuentra el “Pelle” ahora. El técnico chileno esta convertido en el entrenador sensación de Europa. Los enemigos del ex comentarista no deben aprovecharse de este traspié para disfrutar una improductiva venganza. Quienes deben ser apuntados por el dedo acusador del pueblo temuquense como grandes culpables de la debacle son los dirigentes del club, quienes, pobres ingenuos, pisaron el palito. Un equipo de fútbol no se dirige solamente con marketing.


Fuera los merolicos

Quienes pensaron, en el querido Everton de Viña del Mar, que sacando a Jorge García y poniendo en la banca de entrenador a Nelson Acosta, iban a solucionar todos los problemas de los “guata amarillas” se equivocaron medio a medio. Es increíble de la manera que los dirigentes de clubes de fútbol cometen errores. Entre paréntesis, creo que la contratación de Marcelo Bielsa para la Selección ha sido una gruesa equivocación que, además, está costando mucho dinero. En la ciudad Jardín apostaron el año pasado por un equipo estelar, contrataron a Juvenal Olmos como entrenador (otro personaje sobredimensionado), gastaron lo que no tenían, crearon grandes expectativas y provocaron la gran frustración.

Lo mismo en la ANFP

También se pensó que la llegada de Harold Mayne Nichols (ex funcionario de la FIFA) a la presidencia de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional traería nuevos vientos a nuestro subdesarrollado balompié nacional. Nada de eso ha acontecido y el escándalo ronda el edificio de Quilín. Descuentos brujos a los seleccionados sub-20 (terceros en el Mundial de Canadá), cuestionamientos de parlamentarios y presiones para jugadores e integrantes del cuerpo técnico con el fin de dividir a quienes intentan cobrar todos sus emolumentos, son algunos de los problemas que debe afrontar la dirigencia.




jueves, 2 de agosto de 2007

El Despreciable del Mes de Julio

El fútbol Chileno


Nota: Como una excepción y en forma extraordinaria, el Honorable Consejo que determina el premio a “El Despreciable del Mes” decidió en esta oportunidad otorgar la distinción al o los responsables de que parte importante del fútbol chileno esté siempre, de alguna manera u otra, involucrado en el escándalo, la trampa y la ordinariez.

En esta oportunidad los debates del Honorable Consejo, que se reúne en forma mensual para otorgar la distinción a “El Despreciable del Mes”, se prolongaron por cerca de seis horas. Durante ese tiempo, que pareció una eternidad, se barajó un sinfín de nombres: “El Peluche” Dueñas y su siliconada esposa; la Quenita Larraín, quien tratando de parecer sesuda (¿Con qué ropa?) recurrió a una manida frase acuñada en el tiempo de los Hippies (Hagan el amor y no la guerra) para apaciguar las disputas limítrofes entre Perú y Chile (ella está trabajando en el vecino país y necesita congraciarse); a quienes están manejando y sacando provecho de la huelga en Codelco); etc, etc, etc.

Sin embargo, el Consejo decidió (creo que bajo la influencia del alcohol y de sospechosos cigarrillos) otorgar un premio “colegiado”. Esto es el título de Julio no va para una persona específica, sino para el o los responsables de que una parte importante del fútbol chileno esté involucrado siempre en escándalos, trampas y ordinariez.

En esta oportunidad no vamos a transcribir parte de los debates como solemos hacerlo, pues éstos son interminables. El fundamento de la decisión ya parte con aquel escándalos de la falsificación de pasaportes para el Campeonato Sudamericano Juvenil de Paysandúen 1979 (con el fin de alterar las edades), que ocurrió durante la Dictadura y cuando la Asociación Nacional de Fútbol (Asociación Central se llamaba entonces), era dirigida por un General de Carabineros. El entrenador del cuadro juvenil era Pedro García.

No nos olvidemos del “Maracanazo”, cuando el golero Roberto Rojas simuló una lesión inexistente autoinfiriéndose un corte con el fin de suspender el partido por supuesta agresión de una espectadora. La Intención era ganar por secretaría y asistir al Mundial de Fútbol de Estados Unidos. Obviamente el arquero chileno no fue el único involucrado en el tongo y la FIFA aplicó castigos incluyendo al propio Presidente de la ANFP Sergio Stoppel.

Varios años antes, en 1966, con motivo de la asistencia de Chile al Mundial de Inglaterra, hubo un escándalo que consistió en la pérdida de valiosos relojes en una tienda de un aeropuerto donde ciertos jugadores “vitrineaban”. El hecho fue acallado y archivado sin que trascendiera.

Los árbitros no han estado ajenos. En 1978 hubo un escándalo que se acalló debido a que el principal involucrado en el manejo de resultados para obtener premios en la “Polla Gol" amenazó con suicidarse si se daba a conocer el delito (Ver el libro “Historias Secretas del Fútbol Chileno de los periodistas Luis Urrutia y Juan Cristóbal Guarello).

Lo ocurrido en Venezuela este año (borrachera, violencia y acoso sexual de parte de jugadores de la selección adulta) y Canadá (enfrentamiento de jugadores sub-20 con la policía, lo que gatilló la acción racista y desmedida de los uniformados norteamericanos) constituyen sólo dos eslabones más en la ordinaria cadena de hechos deleznables de cierto sector del fútbol chileno.

Quizás la frase más acertada en el debate por decidir el otorgamiento del premio la pronunció “Comegatos” ya en medio de su euforia etílica: “No tiene la culpa el chancho, sino quien le da el afrecho”. Y a continuación agregó: “¿Hubiese pasado todo esto en la Selección Adulta con Pellegrini o Salah como entrenador?"

lunes, 7 de mayo de 2007

¿Pelé o Maradona?

Aunque para mí no hay ninguna duda en la elección, medios de comunicación, periodistas, dirigentes y aficionados mantienen la discusión acerca de quién ha sido el mejor futbolista de todos los tiempos.

Los tiempos corren más rápido que antaño y así como surgen nuevas figuras en el paisaje futbolístico (soccer para los angloparlantes), éstas desaparecen rápidamente y pocos los recuerdan. Sólo los grandes permanecen con letras de molde grabadas a fuego. Parece ser que las nuevas “leyendas” del balompié deben aderezar su quehacer deportivo con una vida paralela de glamour y farándula para lograr espacios en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, el escenario más apetecido por los futbolistas “mediáticos”.

Uno de los deportes favoritos de los medios de comunicación son las encuestas. Algunos editores sienten que han descubierto el lugar exacto de la Atlántida cuando envían a resignados reporteros a hacer una encuesta callejera: “¿Le parece bien que Olivarí y Dueñas se hayan separado?”, “¿Qué piensa de las declaraciones de la Quenita (¿O Kenita?) en Perú? ¿Cree que Ivan Zamorano será un buen entrenador? ¿Cree que van a arreglar los problemas del TranSantiago?, etc.

Sin embargo, uno de los temas favoritos ha sido la eterna pregunta: ¿Quién fue mejor: Pelé o Maradona?

Recuerdo a un periodista maradoniano que, en un famoso programa deportivo de Televisión Nacional de Chile, con el fin de demostrar que Maradona fue mejor que Pelé, recurrió a declaraciones de diferentes figuras del fútbol internacional que alababan las condiciones del Pelusa. El mentado comunicador nunca explicó que la pregunta hecha a esos jugadores –formulada fuera de pantalla, por cierto- no fue “¿Pelé o Maradona?” sino simplemente una opinión acerca del jugador argentino. Las respuestas fueron usadas con un propósito diferente. Ese profesional era profesor de Etica Periodística en una de las casi 40 escuelas que “enseñan” el oficio.

Los partidarios de Diego Armando Maradona argumentan -y no dejan de tener razón- que en los tiempos de Edson Arantes Do Nascimento los defensas marcaban a sus rivales a mayor distancia y existían mayores licencias. "Se dejaba jugar", dicen. Quizás el Mundial de Inglaterra (1966) fue una excepción, ya que al Rey le pegaron hasta lesionarlo. También exponen los fanáticos de El Pibe de Oro que los compañeros que tenía Pelé estaban casi a su altura. Es cierto. Jugar con Garrincha, Vavá, Didí, Roberto Carlos y otras luminarias, era un lujo. Maradona, por su parte, debía muchas veces –como dicen los reporteros deportivos- “echarse el equipo al hombro” y ganar partidos solo.

Esos argumentos son válidos. La distancia entre ambos futbolistas no es tan abismante como quieren hacer creer los partidarios del brasileño, pero dentro de su contraparte, hay una tendencia clara: Quienes declaran que Maradona fue mejor jugador que Pelé son personas pertenecientes a las nuevas generaciones, quienes no vieron al astro de Santos y del Scratch. Las nuevas generaciones no han tenido testimonios fílmicos de Pelé con la misma abundancia que los de Maradona. Tampoco tuvieron la suerte que ostentamos algunos de la Vieja Guardia de haberlos visto en vivo y en directo a ambos.

No obstante todo lo anterior, para mí no hay ninguna duda: Pelé fue mejor que Maradona.

Bastaría poner a los dos frente a frente en forma individual para concluir en que el brasileño fue superior. Sólo dos aspectos: Pelé pateaba bien con ambas piernas, en tanto que a Maradona la derecha no le era muy útil, -aunque también anotó con la diestra-. La segunda razón es el golpe de cabeza: Pelé se elevaba, quedando siempre más tiempo que sus rivales en el punto muerto, a veces le ganaba en el salto a los arqueros, y lograba darle dirección al balón. Maradona se hizo célebre con un gol de cabeza... que anotó con la mano de Dios.

Tampoco hay comparación en la condición atlética de cada uno, así como en lo que los cientistas deportivos llaman “el biotipo”.

Quizás la conclusión sea que es mejor no hacer comparaciones, que hay que disfrutar del espectáculo que dieron y dan los elegidos y no hacerlos entrar en una competencia en la que quizás ellos mismos no desean participar.

Sin embargo, hay algo en lo que Maradona ha superado con creces a Pelé y en eso no creo exista discusión. El argentino se ha jugado por la suerte de sus compañeros de profesión y hasta ha sido calificado como enemigo de la Federación Internacional de Fútbol Asociado. Pelé, por su lado, ha sido condescendiente y parte del sistema que explota y manipula a los futbolistas en pos de mantener el negocio en alto.