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lunes, 26 de marzo de 2012

Barça, ¿evolución o revolución?

¿Es el Barcelona un hito en la evolución del fútbol?

MICHAEL ROBINSON / JOHN CARLIN 23 MAR 201

Del Diario El Pais de España

Este relato-crónica abarca del siglo XIX al XXI. De la torpeza se ha pasado al refinamiento, de la fuerza a la técnica, del espíritu del guerrero a la inteligencia del espadachín.
El exfutbolista Michael Robinson y el periodista John Carlin dan su personal visión de una máquina irrepetible llamada fútbol

Mucho se discute, en España y fuera, sobre si el Barcelona de Pep Guardiola es el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos. Por más entretenido que nos resulte, es un debate imposible de resolver. Es incluso estéril. Existen demasiadas variantes y nos falta información. El juego es más rápido hoy, los jugadores recorren más kilómetros por partido, los balones y las botas son diferentes a cuando jugaban Alfredo di Stéfano en el Real Madrid, Pelé en la selección brasileña o Puskas e Hidegkuti en la Hungría de los cincuenta. En cuanto a grandes campeones de Europa como el Ajax de Johan Cruyff, o el Milan de Van Basten y Baresi, o el Liverpool de Sou¬¬ness y Dalglish, los juicios son por necesidad subjetivos. Si alguien da la impresión alguna vez de ganar el debate, nunca va a ser porque exista una verdad científicamente demostrable sobre la cuestión, sino porque, como un buen abogado, argumenta mejor o quizá, sencillamente, porque grita más.
Además, cuando hacemos comparaciones de este tipo nos limitamos a hablar de equipos que aparecieron tras el invento de la televisión, como por ejemplo de aquel Real Madrid de las cinco Copas de Europa consecutivas, el que venció 7 a 3 al Eintracht de Fráncfort –para deleite de la primera generación de telespectadores– en 1960. Pero ¿qué sabemos de antes de aquella época? Las borrosas imágenes cinematográficas que nos dejaron, por ejemplo, el Mundial que ganó Uruguay contra Brasil en 1950 –el famoso “Maracanazo”– no tiene la más mínima utilidad como material comparativo. Entonces, ¿quién está en condiciones de refutar la noción de que el mejor equipo nunca visto fue aquel Uruguay, o la Italia campeona del mundo en 1934 y 1938, o el Arsenal que arrasó en la Liga inglesa en aquella misma época, o incluso una de las dos selecciones, In¬¬glaterra o Escocia, que disputaron el primer partido internacional de la historia en 1872?
Lo que sí podemos decir, en cambio, es que el actual Barcelona representa un hito en la evolución del fútbol. Existe un antes y un después con este equipo. Ha redefinido el juego, ha hecho que la totalidad del mundo del fútbol –desde los entrenadores de niños pequeños hasta los cuerpos técnicos de los clubes más grandes del mundo– vuelva a la pizarra y reconsidere sus premisas más elementales. Empezando con el sagrado concepto de la posición táctica: que si el que mejor funciona es el 2-3-5, o el 4-3-3, o el 4-2-4 o el 4-4-2. El Barça ha condenado la rigidez matemática en el fútbol a la irrelevancia. Lo mismo ha hecho con la anciana y venerable noción de que los centrales, o los delanteros centros, tienen que ser altos y fornidos. O con aquel artículo de fe que reza que todos los equipos necesitan un stopper, un especialista en destrucción, en el centro del campo. El Barça ha representado una revolución democrática en el deporte. Ha demostrado, con sus éxitos, que la única condición necesaria para que un jugador de fútbol prospere es que sea hábil y listo con el balón. El tamaño no importa, y la posición de cada uno en el campo, tampoco.
El germen fue “el fútbol total” del Ajax de Ámsterdam, patentado por aquel filósofo del deporte Rinus Michels. Su discípulo predilecto, Johan Cruyff, lo trajo al Barcelona, primero como jugador y después como entrenador. Y de ahí salió el dream team barcelonés. Lo que vemos hoy es la versión perfeccionada de ese modelo, una destilación purificada de la ideología de Michels. Lo que practica el Pepteam es más que fútbol total; es fútbol absoluto.
Volvamos más atrás en el tiempo, antes del Ajax de Michels, cuyos principios él mismo transportó a la maravillosa selección holandesa de los años setenta (como el Bar¬ça ha hecho hoy con la española campeona del mundo). Volvamos a las primeras raíces del deporte cuyas reglas se escribieron en un pub londinense en 1863 e intentemos trazar su evolución como en cualquier evolución de la naturaleza, como en el de la propia especie humana, que a lo largo de los milenios ha dejado atrás lo que no funciona y se ha adaptado a lo que se necesita, potenciando la eficacia.
Aquel primer partido internacional en 1872 entre Escocia e Inglaterra se disputó en un campo de críquet (el deporte nacional de las islas desde hacía más de cien años) ante 4.000 espectadores. Los cronistas de la época plantearon el posicionamiento sobre el campo en términos numéricos, señalando que Inglaterra había jugado con una formación 2-8, y Escocia, con un 3-7. Pese al predominio de delanteros en ambos equipos, el partido acabó 0-0, lo que demostró una gran verdad no del todo digerida hoy día: que llenar la delantera de efectivos no siempre es el método más eficaz para marcar goles; que la congestión no conduce a la creatividad. La otra moraleja del partido, relacionada con la primera, fue que dejar más espacios permite un juego más fluido. El 3-7 de los escoceses resultó un estilo de juego definido más por la posesión del balón y el pase que por los pelotazos y los poco eficientes intentos de dribbling de los ingleses.
El salto cualitativo se dio seis años después, en 1888, cuando el Wrexham ganó la Copa de Gales luciendo un novedoso 2-3-5, el llamado “sistema pirámide”, que se impondría como inflexible ortodoxia durante los siguientes 40 años. Hasta que en 1930, Herbert Chapman, el entrenador del Arsenal, patentó la formación WM. Y hasta que el seleccionador italiano Vittorio Pozzo inventó el 4-3-3, conocido como “el método”. Este consistía en colocar a los jugadores con el fin de brindarles mayor espacio de maniobra. Significaba darle al pastor un prado. Y así fue como tanto el Arsenal como Italia pillaron desprevenidos a sus rivales. Estos, desorientados, no sabían descifrar los planteamientos de Chapman y Pozzo y, como consecuencia, el Arsenal fue el equipo dominante de Inglaterra en los años treinta e Italia ganó dos Mundiales seguidos: 1934 y 1938.
Después de la II Guerra Mundial, la revolución, cuyo impacto se siente aún hoy, vino de Hungría. Un partido disputado en el estadio de Wembley en 1953 entre los húngaros, campeones olímpicos el año anterior, e Inglaterra sacudió el mundo del fútbol. A los ingleses no les cabía en la cabeza la posibilidad de perder. Nunca habían sido derrotados por un equipo de fuera de las islas y se les consideraba los mejores del mundo de facto, del mismo modo que los equipos que ganan los torneos de béisbol o fútbol americano en Estados Unidos se llaman a sí mismos “campeones mundiales”. Pero la selección húngara dio un baño de humildad devastador a los ingleses. Los comentaristas no tuvieron más remedio que reconocer que Hungría había dado una lección de fútbol a los inventores del deporte. Empleando una filosofía basada en la posesión del balón y la exquisita técnica individual de sus jugadores, los húngaros –cuyo jugador estrella fue el futuro madridista Ferenc Puskas– utilizaron un arma secreta cuyo impacto los ingleses fueron incapaces de contrarrestar. El supuesto delantero centro Nándor Hidegkuti no jugó como tal; ocupó una posición más retrasada, en el centro del campo. Fue lo que hoy llamaríamos “un falso nueve”. Hidegkuti no era ni una cosa ni otra, ni delantero ni centrocampista, y los robustos defensas ingleses no supieron qué hacer con él. Les mareó. Marcó dos goles y generó los espacios para que Puskas marcara otros dos. El resultado final fue 3-6. Cuando se volvieron a ver las caras las dos selecciones, un año después en Budapest, los ingleses siguieron igual de perplejos. O más. Perdieron 7 a 1. El Real Madrid tomó el relevo fichando a Puskas y utilizando a Alfredo di Stéfano como una versión incluso más imprevisible, dinámica y todoterreno que Hidegkuti. Fue un equipo imparable. Imitó el modelo húngaro, y en cuanto a victorias sobre el campo, lo superó.
Italia, concretamente el entrenador Helenio Herrera, dio con el antídoto a principios de los sesenta. No solo contra el estilo húngaro-madridista, sino contra la fortaleza física de otra nación en ascenso, Alemania. Partiendo de la premisa de que el balón era prescindible, el catenaccio consistía en esperar y esperar atrás, enredar al rival en una telaraña, aprovecharse de su fijación ofensiva y estar atento al agotamiento del rival y a la oportunidad de un contraataque que resultara en gol. Con un tanto era más que suficiente. Herrera inventó también el fenómeno del “líbero”, un defensa que jugaba por detrás de la última línea en caso de emergencia; un seguro de vida. No fue, ni pretendió ser, una obra de arte; Herrera no fue ningún Miguel Ángel ni el estadio de San Siro la Capilla Sixtina. Pero funcionó. El Inter de Herrera ganó la Copa de Europa en 1964 y 1965.
A los alemanes les intrigó la idea del líbero, pero desde una perspectiva más osada. Entendieron que si el jugador que ocupaba ese puesto no tenía que marcar a ningún jugador específico, entonces nadie le marcaría a él. En vez de limitarse a operaciones de bombero, podría infiltrarse en el medio campo e incorporarse al ataque creando superioridad numérica ante la defensa rival. Por primera vez, un jugador que por ubicación en el diagrama militaba en defensa sumaba las virtudes de un pasador. Incluso sabía disparar a puerta. Ese fue el papel que Franz Beckenbauer patentó y que casi ganó la Copa del Mundo para Alemania en 1966.
La selección que les ganó, Inglaterra, hizo la primera aportación táctica proveniente de las islas desde tiempos de Chapman. Acabó con la ortodoxia del wing, del extremo especialista cuya misión consistía en driblar por las bandas, superar al lateral por velocidad y cruzar el balón al área rival, creando ocasiones de gol para el delantero centro. Alf Ramsey, el entrenador inglés, se deshizo de los wings. Su 4-4-2 creó un bloque compacto de ocho compuesto de centrocampistas versátiles con movimientos imprevisibles. Los wings cedieron su lugar a jugadores menos técnicos, menos especialistas, pero mejor colocados para asociarse con el balón.
La selección dominante de aquella época, sin embargo, fue Brasil, ganadora del Mundial en 1958, 1962 y 1970. Eran los Harlem Globetrotters del fútbol. Un fenómeno sui generis y, por definición, irrepetible, fundamentado en una técnica nunca vista y en una filosofía de ataque sin cuartel. Jugaban 4-2-4 y su plan era sencillo: si el otro marca uno, nosotros marcamos dos; si el otro tres, nosotros, cuatro. En los demás países, el lateral izquierdo, por ejemplo, era un jugador aplicado, rígido en sus principios defensivos; en Brasil era otro atacante más. A día de hoy, solo los brasileños producen jugadores (Carlos Alberto, Roberto Carlos, Dani Alves, Marcelo) de estas características; supuestos defensas que recorren todo el campo, marcan goles y juegan como antiguos wings.

INVENTO INGLÉS.

El fútbol, un invento inglés, ha evolucionado desde sus orígenes en el siglo XIX hasta hoy. En esa teoría darwiniana, no solo la vestimenta, sino también el juego, cambiaron y mejoraron. Un hito dentro de esta historia sucedió en 1872, cuando se empezaron a dibujar esquemas tácticos y los cronistas de la época hablaron, tras un Inglaterra contra Escocia, de que unos habían jugado con un 2-8, y los otros, con un 3 7. Sin embargo, semejante acumulación de jugadores en el ataque no se tradujo en goles: 0 0. Muchos años más tarde, en 1953, Hungría derrotó en Wembley a Inglaterra (3 6), gracias a la posesión del balón y a la exquisita técnica de jugadores como Ferenc Puskas, más tarde compañero de Alfredo di Stéfano en el Real Madrid. Aquel equipo blanco de finales de los años cincuenta ganó cinco Copas de Europa.
Tras la exhibición de los brasileños en 1970, el primer Mundial retransmitido en color, el fútbol explotó como fenómeno de masas televisado. Inmediatamente después vino otra exhibición, de un lugar menos esperado, pero hizo un ruido que sigue resonando hoy. Holanda fue la cuna de la gran revolución del fútbol moderno; el Ajax de Ámsterdam dio un paso hacia delante en la historia del fútbol. Rinus Michels, primero entrenador del Ajax y después de la selección holandesa (“la naranja mecánica”), fue el inventor del famoso “fútbol total”. Y dejó un legado que incluyó tres Copas de Europa consecutivas para el Ajax –en 1971, 1972 y 1973– y llevó a Holanda, con Johan Cruyff como estandarte en el campo, a la final de la Copa del Mundo en 1974 y -ya sin Cruyff- en 1978. La inspiración de Michels fue aquel equipo húngaro que puso a Inglaterra en su sitio en los años cincuenta. Pero los holandeses llevaron aquel modelo a otro nivel.
La idea no era cómo distribuir a los jugadores –dividirlos claramente entre defensas, centrocampistas y atacantes–, sino cambiar su actitud, lograr que se comportasen –que pensasen– de otra manera. El defensa ya no era un mero bloqueador, un stopper, sino que tenía que saber distribuir el balón igual de bien que un mediocentro. El dominio del balón era el requisito indispensable. El jugador de Michels tenía que sentirse cómodo con el balón en los pies, jugase donde jugase. Cuando recuperaba el balón levantaba la cabeza, buscaba un compañero y se la pasaba, iniciando una jugada de ataque. El ritmo del juego se incrementó. El Ajax y Holanda daban la sensación de jugar con más velocidad que cualquier otro equipo en la historia. Daban esa sensación porque era verdad. Uno veía las imágenes de cómo jugaba el Real Madrid apenas diez años antes, o incluso Brasil, recién, y parecía que el Ajax se movía a cámara rápida, como en las primeras películas de Hollywood.


FÚTBOL TOTAL.

La ideología del Ajax de Ámsterdam entrenado por Rinus Michels y en el que jugaba Johan Cruyff era la del fútbol total. Lo único importante: que los jugadores se mostraran hábiles con el balón. La estatura no importaba, y la posición en el campo, tampoco. El Ajax ganó tres Copas de Europa, y Holanda fue dos veces subcampeón mundial.
Michels llevó la antorcha naranja al Barcelona, donde ejerció de entrenador durante seis años en los setenta, sin poder acabar de implantar su modelo con el éxito deseado. Pero dejó su huella, y especialmente con el fichaje de Cruyff como jugador. El Barcelona, eternamente indignado por cómo el Real Madrid supuestamente le había “robado” a Alfredo di Stéfano en 1953, había intentado compensar su sensación de inferioridad respecto al gran club de la capital española pagando cantidades descomunales por reputados cracks. Pero ni Ladislao Kubala, ni Diego Maradona, ni Bernd Schuster, ni el propio Cruyff acabaron con la histórica hegemonía blanca. Conquistar el santo grial de la Copa de Europa siguió siendo la gran asignatura pendiente culé. Maradona pasó por el club sin pena ni gloria.
El giro decisivo vino con la llegada de Cruyff al banquillo en 1988. De la noche a la mañana, el entrenador se coronó rey, suplantando al jugador; la filosofía de juego sería ahora la llave del éxito. La primera temporada de Cruyff en el Barcelona, sin embargo, fue un desastre y si no hubiera sido por su legendario apellido, y si él mismo no hubiera creído tan inflexiblemente en sí mismo, lo normal hubiera sido que el Barcelona lo echase. Cruyff convenció al presidente del Barcelona, Josep Lluís Núñez, que dejara a un lado el mero resultadismo, que mirara a largo plazo y le dejase apostar por el concepto de fútbol total que había encandilado al mundo 15 años antes y que algunos habían intentado –con mínimo éxito– imitar. Ese era el camino a seguir, esa era la causa por la que merecía la pena luchar o morir.
"Cruyff dijo: "Cambiaré el mundo del fútbol, jugaré sin delantero centro"
En una conversación privada en aquellos tiempos, durante una noche en la que se consumieron muchas Heinekens, Cruyff declaró a un compañero de copas: “Voy a cambiar el mundo del fútbol”. ¿Cómo? “Mis defensas serán centrocampistas; jugaré con dos extremos y ningún delantero centro”. Su interlocutor pensaba que estaba borracho. No lo estaba. Sin un delantero centro en contra, los centrales rivales se quedarían en el desempleo; con dos extremos, el espacio en el campo se ampliaría enormemente, y ahí podría jugar a gusto un equipo donde sus jugadores serían unos maestros con el balón.
Un ejemplo de su filosofía se vio con el fichaje de Miguel Ángel Nadal. En el Mallorca, Nadal había sido el creador del centro del campo. Goleador también. Cruyff sorprendió al fútbol español colocándolo en el centro de la defensa. Y ahí triunfó Nadal, de¬¬fendiendo cuando tenía que defender, pero ante todo, y como misión prioritaria, iniciando jugadas de ataque. Un año después del fichaje de Nadal, el Barcelona ganó su primera Copa de Europa, en Wembley, con un gol marcado por un holandés, Ronald Koeman, el fútbol total hecho carne. Sobre el papel jugaba en el centro del campo; sobre el terreno jugaba en todos lados.
Pero el Barça de Cruyff no logró afianzar su modelo con victorias en la competición más gran¬¬de, la Copa de Europa; no fue un equipo que marcó época en cuan¬¬to a trofeos continentales acumulados, como el Real Madrid o el propio Ajax, o el equipo que le usurpó la gloria, el Milan de Arrigo Sacchi, un híbrido tremendamente eficaz entre la astucia y dureza tradicional de los italianos en defensa desde tiempos del catenaccio y la clase de los tres holandeses que eran la columna vertebral del equipo: Marco van Basten, delantero; Frank Rijkaard, centrocampista, y Ruud Gullit, a veces defensa, a veces delantero. Los resultados de Cruyff no fueron nada desdeñables. Cuatro ligas españolas consecutivas, la Copa del Rey, la Recopa de Europa, supercopas tanto nacionales como europeas y, ante todo, la ansiada Copa de Europa. Pero solo logró conquistar una. No lo suficiente para que un equipo leyenda en Cataluña (“el dream team”) traspasara fronteras, pero sí para que la teoría Cruyff siguiera viva. Su juego seducía por su elegancia y belleza. En vez de la camiseta blaugrana, podrían haber jugado con esmoquin. El encanto del estilo de juego cruyffista cautivó al club, a sus seguidores, a la prensa catalana y a los jóvenes jugadores que tuvo bajo su mando, principalmente al más inteligente y receptivo de ellos, Pep Guardiola. Cruyff se fue, pero los equipos que heredó pasaron al mando de otros holandeses, Louis van Gaal y Frank Rijkaard, mientras que en las cate¬¬gorías inferiores se insistió en predicar el modelo cruyffista, en generar automatismos diseñados con el propósito de recrear y perfeccionar el prototipo.
La llegada de Guardiola, el discípulo predilecto de Cruyff, al banquillo coincidió con la entrada en escena de una camada de jugadores que habían digerido la filosofía de la casa desde la temprana adolescencia. Entre ellos, Xavi Hernández, Víctor Valdés, Gerard Piqué, Andrés Iniesta, Cesc Fàbregas y Leo Messi. Lo que les enseñaron, ante todo, fue que el balón era soberano; la posesión, la máxima –prácticamente la única– prioridad. Era el polo opuesto al catenaccio, cuyo punto de partida era que el otro debía controlar la posesión del balón. Y estaba en las antípodas del robusto atleticismo que se sigue premiando hoy en el fútbol inglés, cuyo estereotipo (y capitán de la selección) es el central John Terry. Este es un gran defensor, un gran stopper, porque tiene que serlo. Por falta de técnica cede el balón con tanta frecuencia al rival que se ve obligado a estar todo el tiempo al límite de sus posibilidades, en estado de permanente emergencia. Lo mismo, o más, se puede decir del defensa del Liverpool Jamie Carragher, tan admirado por sus fans y por la totalidad del fútbol inglés por sus indudables virtudes marciales, por su espíritu ancestral de sargento, defendiendo las barricadas contra ejércitos alemanes, afganos o zulúes. Uno observa a Terry y Carra¬gher en el terreno de juego y entiende cómo se convirtió Gran Bretaña en un imperio sobre el que el sol nunca se puso, pero entiende también por qué la selección inglesa de fútbol no ha brillado, ni ha ganado nada, en medio siglo.

LA PICARDÍA DE DIOS.

El partido de cuartos del Mundial de 1986 resume la carrera de Diego Maradona, trampa y genialidad a partes iguales. Marcó dos goles, uno con la mano y otro tras escaparse de media selección inglesa desde el centro del campo. Su Argentina ganó el título. Como jugador de club, a Maradona se le recuerda en Boca Juniors, pero por encima de todo por su etapa en el Nápoles, un equipo que no era nadie en Italia hasta su llegada. Con el argentino lograron sus dos únicos ‘scudettos’, una Copa y su único título europeo, la UEFA en 1989.
El Barcelona, en cambio, tiene de centrales a Piqué, que fue atacante en la adolescencia, y a Mascherano, que jugó en el medio del campo para el Liverpool. Mascherano rompe también el viejo molde del central grandote; es uno de los jugadores más pequeños de un conjunto que, según cuentan, es conocido en el vestuario del Real Madrid como “los enanitos”. Y aquí vemos una faceta importante de lo que aporta de nuevo el Barcelona: aunque la disciplina en el campo es total, no se sabe muy bien en qué posición juegan muchos de los jugadores. Se ve la alineación del once inicial en televisión antes de empezar un partido, pero una vez que suena el pitido inicial empiezan a aparecer en los lugares más inesperados. Dani Alves sale en las listas como lateral derecho, pero ejerce más de centrocampista ofensivo, o wing; Iniesta no se entiende muy bien si es un extremo derecho o izquierdo, o si su lugar es el centro del campo; Alexis Sánchez es un delantero centro –el target man más bajito de la historia–, pero se disfraza de extremo; Messi es un falso nueve y mucho más, el heredero directo de Hidegkuti pasando por el todoterreno goleador de Di Stéfano; Fàbregas, ni él mismo sabe cuál debe ser, según los antiguos criterios, su colocación en el campo. Los que marcaron los dos goles del Barcelona en el primer partido de la Copa del Rey el mes pasado fueron el defensa central Carles Puyol (que había sido centrocampista en su juventud) y Eric Abidal, que ejerce de lateral y central al mismo tiempo y metió su gol con el aplomo de un delantero centro y la explosividad de un extremo.

EL ÚLTIMO ESLABÓN.

 Pep Guardiola, en el centro con la Copa de Europa ganada como jugador del Barça en 1992, aprendió la filosofía del fútbol total holandés de su entrenador, Johan Cruyff. Aquel equipo, el llamado ‘dream team’, fue el origen de lo que hoy es el Barcelona del Guardiola entrenador, el equipo del fútbol absoluto. El último escalón evolutivo de este deporte.
En cuanto a Xavi, es, claramente, el director de orquesta en el centro del campo, pero recupera balones como Mascherano cuando jugaba en Inglaterra. Messi también recupera, y con la fuerza y el timing de un lateral de toda la vida. El propio portero, Víctor Valdés, se ve más cómodo en el pase –es a lo que se dedica cuando no está parando balones– que Terry o Carragher. Además, Guardiola –el extremista radical de la filosofía Cruyff, el que impone el orden en el aparente desorden– le obliga a pasar el balón, porque el peor pecado es lanzarlo y permitir que se convierta en balón dividido, que el fútbol se reduzca al azar. La cuestión es minimizar el factor suerte haciendo que todos hagan de todo. Que todos sean jugadores híbridos. Como proponía Cruyff, pero quizá no se atrevía ni él a soñar que en el mundo real se podía. La posesión de balón es el principio sagrado, tanto en defensa como en ataque. Porque si el otro equipo no lo tiene, no hay necesidad de defender. La jugada es como una ola que crece hasta que rompe en las orillas de la portería contraria. Si no acaba en gol, el balón perdido queda lo suficientemente lejos como para no causar desconcierto defensivo.
Cuando los que juegan más atrás saben distribuir el balón, lo que ocurre es que cuando el balón se pierde, se pierde arriba, cerca del área rival. Con lo cual, el otro equipo tiene que recorrer todo el campo, superar todos los obstáculos de un conjunto bajo las órdenes de perseguir el balón como una jauría de perros de presa, para tener posibilidades de generar una ocasión de gol. Es un lenguaje nuevo el del Barcelona; un lenguaje que se aprende en los equipos inferiores del club, motivo por el cual grandes estrellas mundiales como Zlatan Ibrahimovic o Thierry Henry nunca acabaron de cuajar en el grupo e interpretaron el papel del patito feo.

O REI PELÉ.

El jugador del Santos y de la selección brasileña campeona del mundo en tres ocasiones (1958, 1962 y 1970) era la estrella de aquellos equipos, todavía hoy máximo goleador histórico de ambos conjuntos. El fútbol que representa Pelé es el del juego de ataque por encima de todo. La estrategia, aparentemente sencilla. Si el rival te marca dos goles, nosotros marcamos tres. Si son tres, logramos cuatro… Y siempre mediante una técnica nunca vista hasta entonces, maravillosa, como si de los Harlem Globetrotters del fútbol se tratara.
Todo esto no lo entendió Alex Ferguson, el entrenador más veterano de Europa, tras la derrota de su equipo, el Manchester United, la primera vez que se enfrentó a este Barcelona, en Roma, en la final de la Liga de Campeones de 2009. Pensó que su equipo perdió porque tuvo una mala noche. Cuando se repitió la paliza en la final del mismo torneo en Wembley el año pasado, ahí Ferguson se rindió. Entendió que se había enfrentado no sólo al mejor equipo del mundo, sino a uno que representaba un cambio de rumbo en la historia del deporte al que se había dedicado toda la vida. Otra leyenda, Pelé, pensó antes de la final del Mundial de Clubes en diciembre que su Santos tenía posibilidades de ganar al Barcelona. Se equivocó. La estrella del Santos, Neymar (al que Pelé había clasificado como mejor que Messi), también lo vio. Después de perder 4-0 reconoció que el Barcelona le había dado una lección de fútbol.
Lo mismo dijeron los ingleses tras caer derrotados en 1953 contra Hungría. Y son los propios ingleses los que han estado enviando emisarios de sus equipos técnicos a la Ciudad Deportiva del Barcelona esta temporada para aprender el lenguaje (Cesc Fàbregas lo llama el software) de los de Guardiola. Se ha visto a representantes del Manchester City, del Arsenal, del Chelsea y de muchos más equipos europeos observando atentos los entrenamientos del Barça, libreta en mano.

LA DUREZA.

El alemán Franz Beckenbauer representó al primer jugador que siendo defensa sumaba las virtudes de un pasador. El Milan de Arrigo Sacchi, en la imagen junto con Van Basten, triunfó en los noventa mezclando la dureza italiana y la clase holandesa. En aquel equipo también militaban Rijkaard y Gullit.
La influencia de este Barcelona se extiende a los seis continentes. Hoy día, uno va a Liverpool –por poner un ejemplo, ya que sucede igual en Guatemala o Madagascar– y ve jugar a los niños en un enorme terreno en las afueras de la ciudad donde hay 12 campos de fútbol. Algunos niños llevan camisetas del Liverpool o del vecino Ever¬¬ton; pero más aún llevan las camisetas blaugrana del Barcelona. Los entrenadores de los niños, que antes se limitaban a gritar –al clásico estilo inglés– “entra duro”, “pégale con ganas a la pelota”, ahora repiten una y otra vez: “pasa, pasa, pasa el balón”. Bobby Charlton, mito del fútbol inglés y estrella de la selección que ganó el Mundial en 1966, dijo en una entrevista con el diario As este mes que “todos los clubes deberían querer aprender de lo que hace el Barcelona”, cuya filosofía consiste en que “si tienes la posesión del balón y mantienes esa posesión, entonces tienes muchas posibilidades de ganar”.
Los elogios de Charlton, que en su día fue un fanático admirador del Real Madrid de Di Stéfano, demuestran el impacto que está teniendo hoy el ejemplo barcelonés en el país que inventó el fútbol. De la torpeza se ha pasado al refinamiento; de la fuerza, a la técnica; del espíritu del guerrero, a la inteligencia del espadachín. Y a la comprensión de que da igual si el jugador es alto o bajo, fuerte o menudo, con tal de que sepa tratar bien el balón. No se necesita un vehículo cuatro por cuatro, un sedán, un tractor y un fórmula 1. Se puede triunfar jugando con Minis. Los bajitos se defienden ante una mayor envergadura (como mandan los cánones de la naturaleza) siendo esquivos. Se defienden con su destreza, como un torero con su trapo. El tamaño, repetimos, ya no importa.
El Barcelona alimenta el sueño de cada niño que desea ser jugador de fútbol. La totalidad del mundo del fútbol se ha rendido ante la nueva visión del conjunto de Pep Guardiola. La palabra “Barça” ya es una referencia, en boca de todos los columnistas, de los entrenadores, de los jugadores del planeta. Uno dice “el estilo de juego del Barça” y todos saben exactamente de qué se está hablando; la imagen está sellada en el imaginario colectivo global. El Barcelona ha logrado algo más difícil de ganar que cualquier trofeo; ha ganado la admiración universal, incluso, si son honestos y serios, la de una buena parte de los aficionados del Real Madrid. Y la revolución en el campo de juego está dando lugar a una revolución en todos los rincones del planeta donde el fútbol se sigue, señal inequívoca de que estamos, precisamente, ante una nueva etapa en la evolución del fútbol.
El Barça se encuentra en lo alto de esa línea ascendente de la historia del fútbol: desde los inicios primitivos del deporte en el siglo XIX, vía las innovaciones –el nuevo concepto del espacio como clave del triunfo– de Chapman y Pozzo, el 2-3-5, el 4-3-3 y el 4-4-2, el catenaccio, los primeros indicios de fútbol total de los húngaros, luego patentado por los holandeses, al modelo de Ámsterdam perfeccionado que despliega el Barcelona de hoy, y a través del Barcelona a la selección española, campeona del mundo. Se puede trazar una línea directa, incluso, con aquella selección escocesa que empató 0-0 con Inglaterra en 1872. Ese equipo pasador jugó con una formación de 3-7. En una vuelta sorprendente a los orígenes del deporte, lo mismo hace hoy el Barcelona. Pero con una fluidez y variedad y efectividad y belleza de las que jamás podrían haber soñado aquellos honorables pioneros. Siguiendo una lógica darwiniana, se probó de todo. Lo que no funcionó se descartó, y lo que sí, se incorporó. Así se hizo la especie más fuerte. Hay, como dijimos al principio, equipos que llamamos grandes, muy grandes. En tiempos modernos, tras la llegada de la televisión, tenemos al Real Madrid, a Brasil, al Milan, al Liverpool, entre otros. Quizá este Barcelona nunca gane tantas Copas de Europa como el Madrid de Di Stéfano. Quizá por eso algunos puedan llegar a afirmar de manera convincente, pero nunca definitiva, que aquel pentacampeón europeo fue el equipo de clubes más grande de todos. Pero aunque el Barcelona de Guardiola no vuelva a ganar ningún trofeo más –aunque no sume ni uno más a los 13 de 16 ganados en las últimas tres temporadas– ha dejado su sello de manera irrevocable en la historia del fútbol. Nunca nada volverá a ser igual.

Diario El País
Michael Robinson y John Carlin

miércoles, 4 de junio de 2008

¡Salud! ¡Ever Forever!


Everton conquistó la cuarta estrella de su historia al vencer a Colo Colo por 3 goles a 0, en el segundo partido final. El primero, disputado en Santiago, había sido para el elenco albo (2-0), lo que le da más valor a la hazaña del cuadro de Viña del Mar, flamante campeón del Torneo de Apertura 2008 del Fútbol profesional chileno. Doble mérito, ya que no sólo se le ganó al equipo más popular y el más poderoso del país, que venía de obtener cuatro cetros en forma continuada. También se rompió aquel designio que afecta a los equipos de provincias, cuyo camino al éxito se hace más difícil que a los capitalinos debido al absurdo centralismo que impera en Chile, que afecta a los centros de poder y a los medios de comunicación. No me extrañaría leer y/o escuchar que Colo Colo perdió el pentacampeonato en lugar de que Everton ganó su cuarta corona.

El cetro que acaba de ceñirse Everton es más que un simple título. Tiene un significado especial para aquellos que llevamos el “oro y cielo” en los genes, ya sea por asuntos de familia, por determinismo regional o por una vocación de apego al buen fútbol. Esto último, porque, salvo en las últimas dos décadas, había una tradición en el “ever forever”. Esta era que cualquiera fuese su posición en la tabla, siempre conservaba una línea futbolística que priorizaba la estética sobre el pragmatismo; el talento por sobre el utilitarismo; el espectáculo por sobre la necesidad de ganar.

Everton es Viña del Mar. No podría ser de otra manera. Su fútbol “empata” con sus playas, sus avenidas, con la Quinta Vergara, con el Estero Marga Marga, con las viejas victorias, con el Reloj de Flores, con el Cap Ducal, el Castillo Wulff y el Jardin Botánico. Se pasea por la Avenida Perú, va los domingos a la Plaza y termina tomando el aperitivo en el Samoiedo.

Mi padre, Carlos Olivares Vásquez, fue testigo de las gestas de 1950 y 1952, cuando los “guata amarillas” tenían un equipo –dirigido por Martin García y liderado por René Meléndez- comparable con los de Colo Colo ´73 y ´91 y con el Ballet Azul de los ´60. Mi progenitor, de quien heredé mi apego a los “oro y cielo” se jactaba de ser socio accionista del “Ever forever”. Después del título del '52 escribió una cueca dedicada al club, que formaba parte del repertorio del conjunto “Fiesta Linda”, con la inconfundible voz de Carmen Ruiz, el inolvidable Luis Bahamonde, además del guitarrista viñamarino –ahora en Estados Unidos- Ricardo Acevedo. En aquellos tiempos los homenajes se hacían al ritmo de cuecas y tonadas y “La Rueda”, “La Cabaña”, Las Tinajas y “El Rancho Criollo” eran locales en donde el folklore mostraba a sus mejores cultores.

Yo apenas asomaba a la vida, pero más tarde comencé a ser “abonado” a “El Tranque” (así se llamaba El Sausalito antes de que el capricho de un alcalde uniformado le cambiara nombre). Alcancé a ver las últimas voladas de Carlos Espinoza y los albores de Rómulo Betta, Rodolfo Leal, el “canciller” Martínez , Alcaíno, Ricardo Contreras, Adison Aguilar y tantos otros. Disfrute con las diabluras de Máximo Rolón, la pachorra de Víctor Figueredo; el coraje del “Lolo” González; la picardía de José Giarrizo (hizo 6 goles en un partido, ante Audax Italiano, si no me equivoco…estoy a miles de kilómetros de mis archivos). Vi al entonces joven Eladio Rojas, quien al igual que Manuel “Negro” Rojas comenzó como centrodelantero, para después reubicarse en el mediocampo. Era yo un mocete cuando trataba de imitar las voladas de Aguilar en el pórtico de mi Liceo, memorizaba las jugadas de Pedro-Pedro Arancibia; trataba de meter los goles de izquierda con tiros cruzados que acostumbraba a convertir Leonardo Véliz y, en vano, trataba de emular la certeza frente al arco del goleador Daniel Escudero. Recuerdo a mediados de los ´60 una de las grandes delanteras que tuvo Everton: Arancibia, Rojas, Escudero, Begorre y Véliz (En esos tiempos las crónicas daban las formaciones como si los equipos jugaran con cinco delanteros, pero tanto Rojas como Begorre partían de más atrás).

1976, año del tercer título, estuvo lleno de emociones. Yo trabajaba para la Agencia Orbe como Editor de Deportes. Me autodesigné para informar de las definiciones contra Unión Española. No fue un gran problema sacarme la camiseta y vestirme de periodista neutral. Lo logré, pues se trata de un ejercicio que deben practicar muchos reporteros que “tienen su corazoncito”. No se olviden que el gran Julio Martínez era un hincha ilustre de Unión Española. No escondía mi admiración por ese gran mediocampista, quizás uno de los mejores futbolistas que haya dado Viña del Mar: Guillermo “Chicomito” Martínez, a quien las huestes ruleteras todavía veneran (veneramos, mejor dicho).

Este cuarto título me sorprende a miles de kilómetros de Viña. Estaba trabajando mientras Everton goleaba a Colo Colo. Como me encontraba en una oficina, me tuve que conformar sólo con el “marcador virtual” de Radio Cooperativa. Ni pensar en poner el audio, ya que habría espantado a los clientes, quienes no habrían entendido nada (vivo y trabajo en Estados Unidos…por el momento). Imagínense, seguir el partido viendo letras y números sin la emoción del relato de mi amigo Hanz y sin nadie a quien poder abrazar cuando el encuentro se dio por finalizado. En este momento estoy celebrando solo acompañado de una copa de Cavernet Sauvignon (chileno, por supuesto..) No acostumbro a beber, pero la ocasión lo amerita.

¡Salud!

¡Ever forever!
(La foto que encabeza este artículo corresponde al equipo campeón de 1976.)

sábado, 24 de mayo de 2008

Nunca Es Tarde Para El Arrepentimiento

(Parece que Nelson Acosta es un buen entrenador...creo)
En todo caso: ¡¡Ever for ever!!

Sea cual fuere el resultado entre los equipos de Everton y Colo Colo, quienes deben dirimir en los próximos días el título del Torneo de Apertura de Fútbol (soccer le llaman los gringos despistados) en Chile, debo reconocer, con humildad e hidalguía, que me equivoqué medio a medio.
Debo haber sido uno de los pocos que levantó sus críticas a la llegada del entrenador Nelson Acosta a la dirección tecnica de Everton de Viña del Mar. Es cierto, no soy seguidor del ex adiestrador de las selecciones de Chile y Bolivia. Su escuela no está cerca de mis gustos y siempre dije sus logros no iban de la mano con su fama. Lo hecho por el elenco “oro y cielo” en el presente torneo ha echado por tierra todos mis argumentos los que pretendían poner en duda la capacidad del calvo técnico.
Su experiencia le ha permitido llegar, con un equipo relativamente modesto, a disputar una final de campeonato tras derribar difíciles barreras. Formó una buena escuadra, supo elegir los jugadores adecuados y transmitió a sus jugadores la dosis extra de motivación que terminó por convencerlos de que eran capaces de alcanzar trascendentes metas. ¡Bien por el pelao!
Recordemos que la última final de campeonato que disputó Everton fue en 1976 en dos partidos contra Unión Española, que tuve la suerte de presenciar. El primero terminó sin goles y el segundo favoreció al elenco viñamarino por 3 a 1 (goles de Ahumada, Salinas y Ceballos). Tambien, aunque lejanos, todavía resuenan los títulos de 1950 y 1952 con una escuadra increíble comandada por Rene Orlando Meléndez (Yo estaba aprendiendo a caminar y aun tomaba pecho...).
Tras lograr el título máximo en 1976 y con el compromiso de afrontar la Copa Libertadores de América 1977, Everton decidió reforzarse en forma conveniente. Conscientes de que no bastaba con tener jugadores de alto corte técnico, los dirigentes buscaron un mediocampista que fuera guapo, valiente, carismático y con dotes de líder. Así llegó el entonces uruguayo (ahora es chileno nacionalizado) Nelson Acosta al equipo de la Quinta Región. Su aporte fue indiscutido...hasta que le tocó enfrentar a Universidad de Chile, el otro cuadro chileno clasificado para el torneo surcontinental. A sabiendas de la importancia de Acosta en el engranaje viñamarino se buscó la manera de eliminarlo. Jorge Socias, jugador de los azules, fue el encargado del “trabajito”. A los dos minutos de iniciado el juego el “Lulo” fue directamente a los tobillos de Acosta dejándolo fuera de combate y privando a Everton de una pieza importante. Como se sabe que recién iniciado un partido los árbitros no expulsan a nadie, Socias pudo realizar su cometido sin castigo alguno. Ahora ambos son colegas. Cosas del fútbol, diría alguien.
Como jugador, Acosta tuvo varias camisetas después, hasta que se hizo entrenador.
Cuando quizás estaba pensando en su “jubilación” surgió la posibilidad de dirigir a Everton. Es posible que su retiro se produzca en el equipo en donde comenzó su carrera en Chile, completando el ciclo en el mismo punto en donde comenzó. Y más, con la posibilidad de que se despida como campeón (si es que el Colo no dice otra cosa. Espero que no, porque yo soy evertoniano... aunque mis hijas son albas).

lunes, 7 de enero de 2008

También los fariseos o "Mi amigo, JM"

Por Ernesto Olivares P.

Lo llora todo Chile.
Lo llora la Concertación y la Alianza hasta se olvidó de sus críticas al Transantiago y de su artillería contra el Gobierno para sacar sus pañuelos y enjugar sus lágrimas. Lo lloran todos los deportistas, los ecologistas, los redactores, reporteros y sabandijas, los ex deportistas, los futuros deportistas, las lavanderas, empleadas, ingenieros, pokemones, flaites, guachacas, “El Huaso Peregrino”, la Marlene Olivari, el cura Hasbún y hasta el loco de los carteles.
Pero también lo están llorando los fariseos.
Sí, también lo lloran aquellos que lo borraron de la Corporación de Televisión de la Universidad Católica. “Se equivocaba mucho con los goles y los nombres de los jugadores”, manifestó uno de sus jóvenes reemplazantes. También se argumentó que la pantalla requería de rostros más “frescos”.
También lo lloran los que de una plumada, aunque parezca irónico, decidieron terminar con su columna en el diario “Las Ultimas Noticias”, de la cadena “El Mercurio”, rompiendo con una tradición de casi 50 años. “Hay que ir de la mano con las leyes del mercado periodístico” debe haber argumentado algún ingeniero comercial a cargo del que ahora es un negocio y no un servicio público.
También lo lloran los que le dieron “el sobre azul” (llámese despido) en la Radio Agricultura, pues había que darle tribuna a profesionales más confrontacionales.
También lo llora un sector de las nuevas generaciones de reporteros, que se mofaba de su estilo por considerarlo “arcaico”, “sensiblero” “pasado de moda” y “no comprometido”. “No se la juega”, fue una de las frases que frecuentemente escuché en más de alguna sala de redacción.
Lo lloran también quienes lo sacaron de la Teletón, pues sus discursos restaban protagonismo y estelaridad a otros comunicadores. Y así es que su figura fue sustituida por comunicadores de cartón piedra.
Seguramente ahora se pelearán por ocupar su lugar en la tribuna de prensa del Santa Laura o del Nacional; se vanagloriarán de haber disfrutado de su amistad; contarán anécdotas inventadas; escribirán columnas y más de alguno se atreverá a publicar un libro que posiblemente titulará “Mi amigo, JM”.

sábado, 27 de octubre de 2007

Pensamientos Futboleros

-Por Jugo de Pelotas

Nada Nuevo

….Con o sin Marcelo Bielsa la Selección Chilena de Fútbol tenía que perder contra Argentina en Buenos Aires y ganar a Perú en Santiago, en la disputa de las eliminatorias del área sudamericana por clasificar para el Mundial de Alemania. De los cuatro cupos disponibles para ir a la fase final, ya hay dos que tienen propietarios (Brasil y Argentina, por supuesto). Para los otros dos hay muchos candidatos: Uruguay, Paraguay, Chile, Ecuador y Colombia. Bolivia, Perú y Venezuela aparecen como los supuestamente mas débiles. Pero los altiplánicos son cosa seria en la altura de La Paz; Venezuela ha progresado bastante en los últimos años y Perú quiere cambiar la historia.


Dejen tranquilo al “Gurú”

No es cristiano hacer leña del árbol caído, aunque dan ganas de decirle al mentado “Gurú” que “otra cosa es con guitarra”. Él está a punto de bajar va Tercera División del fútbol chileno con Deportes Temuco. Como consuelo hay que recordarle que Manuel Pellegrini descendió a Segunda División con la Universidad de Chile en 1988. Y vean en donde se encuentra el “Pelle” ahora. El técnico chileno esta convertido en el entrenador sensación de Europa. Los enemigos del ex comentarista no deben aprovecharse de este traspié para disfrutar una improductiva venganza. Quienes deben ser apuntados por el dedo acusador del pueblo temuquense como grandes culpables de la debacle son los dirigentes del club, quienes, pobres ingenuos, pisaron el palito. Un equipo de fútbol no se dirige solamente con marketing.


Fuera los merolicos

Quienes pensaron, en el querido Everton de Viña del Mar, que sacando a Jorge García y poniendo en la banca de entrenador a Nelson Acosta, iban a solucionar todos los problemas de los “guata amarillas” se equivocaron medio a medio. Es increíble de la manera que los dirigentes de clubes de fútbol cometen errores. Entre paréntesis, creo que la contratación de Marcelo Bielsa para la Selección ha sido una gruesa equivocación que, además, está costando mucho dinero. En la ciudad Jardín apostaron el año pasado por un equipo estelar, contrataron a Juvenal Olmos como entrenador (otro personaje sobredimensionado), gastaron lo que no tenían, crearon grandes expectativas y provocaron la gran frustración.

Lo mismo en la ANFP

También se pensó que la llegada de Harold Mayne Nichols (ex funcionario de la FIFA) a la presidencia de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional traería nuevos vientos a nuestro subdesarrollado balompié nacional. Nada de eso ha acontecido y el escándalo ronda el edificio de Quilín. Descuentos brujos a los seleccionados sub-20 (terceros en el Mundial de Canadá), cuestionamientos de parlamentarios y presiones para jugadores e integrantes del cuerpo técnico con el fin de dividir a quienes intentan cobrar todos sus emolumentos, son algunos de los problemas que debe afrontar la dirigencia.




miércoles, 15 de agosto de 2007

'La Roja' sigue en pañales: Contratación de Marcelo Bielsa, otra chiquillada del fútbol chileno

La contratación del afamado entrenador argentino Marcelo Bielsa –a quien admiro y respeto- para dirigir a la Selección Adulta de Fútbol de Chile con miras a las eliminatorias del próximo Campeonato Mundial de balompié, es otra muestra de nuestro ya endémico subdesarrollo deportivo y mental. Creer que por su condición de extranjero, por contar con un extenso currículum y mantener un bien ganado prestigio como un gran profesional, un excelente organizador, un estudioso profundo y un disciplinado trabajador, se asegurará la clasificación y se removerán los cimientos de nuestro venido a menos deporte rey constituye, en mi modesta opinión de observador, una garrafal y económicamente costosa equivocación.

Sin ánimo de crear animadversión por la presencia de Bielsa al mando de la Selección de Chile, pues él no lo merece, ya que ostenta una brillante trayectoria (con victorias y fracasos incluidos), hay que convenir en que si el objetivo es clasificar para el Mundial, había candidatos en casa con tantos o más méritos que el transandino. Una muestra: José Sulantay, quien clasificó a la Selección Sub-20 para el Mundial de Canadá y en ese torneo logró el tercer lugar. Otro nombre: Raúl Toro, quien ha logrado posicionar al otrora débil Audax Italiano en un nivel insospechado. Otro más: Claudio Borghi, quien ha desarrollado una labor interesante en Colo Colo (ha ganado tres campeonatos locales seguidos).

Si el objetivo es estimular una suerte de mejor organización del fútbol chileno el nombre de Arturo Salah es indiscutido. El ex entrenador de Huachipato, ahora a cargo de Universidad de Chile, creó las condiciones en Colo Colo para que después, bajo la batuta de Mirko Jozic, el elenco popular lograra el título máximo en el Torneo Copa Libertadores de América 1991. Más tarde reestructuró las bases de Universidad de Chile, la que logró dos títulos consecutivos. Salah hizo lo propio en Cobreloa y Huachipato y, al igual que Manuel Pellegrini (despreciado en Chile y aclamado en Europa), cuenta con una formación académica, dada su condición de ingeniero.

Chile clasificó para el Mundial de Francia con Nelson Acosta a cargo. Pero no olvidemos que en el puntaje final “La Roja” quedó a la par con Perú y sólo ganó el derecho a asistir al torneo gracias a su mejor diferencia de gol, dadas las inspiradas actuaciones de Iván Zamorano y Marcelo Salas. En ese Mundial Chile pasó a la segunda ronda. Acosta se jactó de haberle cambiado el rostro al fútbol chileno (¿?), pero no se ganó ni un partido.

Entre paréntesis, hay que repetir en que Chile no ha ganado un solo partido en un Mundial desde aquel 1-0 sobre Yugoslavia en el Mundial de 1962 celebrado en nuestro país. En esa ocasión el dueño de casa venció a cuatro selecciones europeas en 10 días (Suiza, Italia, Unión Soviética y Yugoslavia). Las nuevas generaciones afirman que quienes peinamos canas (y tal vez la muñeca) vivimos de los recuerdos. Pero los jóvenes reporteros deportivos (llámese sabandas) deben reconocer que ningún equipo chileno ha sido capaz de repetir esa actuación. Aunque parezca increíble, la última vez que se ganó en un Mundial fuera de Chile fue en 1950 (en Brasil), con una goleada sobre el inexperto Estados Unidos.

Pagar más de 100 mil dólares al mes, basados en la esperanza de una clasificación, o de una supuesta “revolución” en el fútbol chileno es perder dinero y tiempo. Los resultados inmediatos no necesariamente reflejan el verdadero nivel del deporte. Ir a un Mundial sin trabajar en las raíces y en las estructuras, es seguir en el subdesarrollo. Y los focos del desarrollo están en los clubes, en los barrios, en los parques deportivos y en la formación de monitores. Se podrán obtener buenos resultados por una gestión temporal, o por el advenimiento de una buena generación de jugadores o por un “suertazo”. Pero esos serán sólo destellos fugaces. El verdadero desarrollo se construye sobre objetivos específicos, bases sólidas y conceptos claros. Y parece ser que el nivel directivo sigue dando palos de ciego.

Hace unos años el Colegio de Técnicos ofreció ayuda y orientó a la dirigencia sobre la creación de una Unidad Técnica Nacional pero ese aporte no fue lo suficientemente valorado. Parece ser que nuestro subdesarrollo nos sigue obligando a despreciar las capacidades internas e hipnotizando ante los estímulos que se encuentran más allá de nuestras fronteras.

Marcelo Bielsa puso ciertas condiciones para trabajar en Chile, las que inmediatamente fueron aceptadas por la dirigencia. No me cabe ninguna duda de que si un técnico local hubiese exigido lo mismo, le habrían dicho que sus exigencias eran “desmedidas”.

La dialéctica del técnico transandino es convincente y elocuente. Cuenta con un excelente vocabulario para definir en forma brillante lo que todos saben. La diferencia entre las trayectorias de Bielsa y de nuestros profesionales locales no se encuentra necesariamente en las capacidades personales. Las diferencias hay que buscarlas en la materia prima con que unos y otros trabajan. Indiscutiblemente los futbolistas argentinos a nivel de selección (salvo algunas excepciones), poseen un mayor talento futbolístico y una potencia física y sicológica superiores, ingredientes básicos de un deportista de elite.

Habría que preguntarse: ¿Qué pasaría con un técnico chileno trabajando con argentinos? Manuel Pellegrini ya dio la respuesta: Fue campeón en el vecino país…

jueves, 2 de agosto de 2007

El Despreciable del Mes de Julio

El fútbol Chileno


Nota: Como una excepción y en forma extraordinaria, el Honorable Consejo que determina el premio a “El Despreciable del Mes” decidió en esta oportunidad otorgar la distinción al o los responsables de que parte importante del fútbol chileno esté siempre, de alguna manera u otra, involucrado en el escándalo, la trampa y la ordinariez.

En esta oportunidad los debates del Honorable Consejo, que se reúne en forma mensual para otorgar la distinción a “El Despreciable del Mes”, se prolongaron por cerca de seis horas. Durante ese tiempo, que pareció una eternidad, se barajó un sinfín de nombres: “El Peluche” Dueñas y su siliconada esposa; la Quenita Larraín, quien tratando de parecer sesuda (¿Con qué ropa?) recurrió a una manida frase acuñada en el tiempo de los Hippies (Hagan el amor y no la guerra) para apaciguar las disputas limítrofes entre Perú y Chile (ella está trabajando en el vecino país y necesita congraciarse); a quienes están manejando y sacando provecho de la huelga en Codelco); etc, etc, etc.

Sin embargo, el Consejo decidió (creo que bajo la influencia del alcohol y de sospechosos cigarrillos) otorgar un premio “colegiado”. Esto es el título de Julio no va para una persona específica, sino para el o los responsables de que una parte importante del fútbol chileno esté involucrado siempre en escándalos, trampas y ordinariez.

En esta oportunidad no vamos a transcribir parte de los debates como solemos hacerlo, pues éstos son interminables. El fundamento de la decisión ya parte con aquel escándalos de la falsificación de pasaportes para el Campeonato Sudamericano Juvenil de Paysandúen 1979 (con el fin de alterar las edades), que ocurrió durante la Dictadura y cuando la Asociación Nacional de Fútbol (Asociación Central se llamaba entonces), era dirigida por un General de Carabineros. El entrenador del cuadro juvenil era Pedro García.

No nos olvidemos del “Maracanazo”, cuando el golero Roberto Rojas simuló una lesión inexistente autoinfiriéndose un corte con el fin de suspender el partido por supuesta agresión de una espectadora. La Intención era ganar por secretaría y asistir al Mundial de Fútbol de Estados Unidos. Obviamente el arquero chileno no fue el único involucrado en el tongo y la FIFA aplicó castigos incluyendo al propio Presidente de la ANFP Sergio Stoppel.

Varios años antes, en 1966, con motivo de la asistencia de Chile al Mundial de Inglaterra, hubo un escándalo que consistió en la pérdida de valiosos relojes en una tienda de un aeropuerto donde ciertos jugadores “vitrineaban”. El hecho fue acallado y archivado sin que trascendiera.

Los árbitros no han estado ajenos. En 1978 hubo un escándalo que se acalló debido a que el principal involucrado en el manejo de resultados para obtener premios en la “Polla Gol" amenazó con suicidarse si se daba a conocer el delito (Ver el libro “Historias Secretas del Fútbol Chileno de los periodistas Luis Urrutia y Juan Cristóbal Guarello).

Lo ocurrido en Venezuela este año (borrachera, violencia y acoso sexual de parte de jugadores de la selección adulta) y Canadá (enfrentamiento de jugadores sub-20 con la policía, lo que gatilló la acción racista y desmedida de los uniformados norteamericanos) constituyen sólo dos eslabones más en la ordinaria cadena de hechos deleznables de cierto sector del fútbol chileno.

Quizás la frase más acertada en el debate por decidir el otorgamiento del premio la pronunció “Comegatos” ya en medio de su euforia etílica: “No tiene la culpa el chancho, sino quien le da el afrecho”. Y a continuación agregó: “¿Hubiese pasado todo esto en la Selección Adulta con Pellegrini o Salah como entrenador?"

miércoles, 13 de junio de 2007

Lápiz Loco II (Apuntes sin Sentido)

-Por Oliveto

-¿Por qué en Chile ha existido de siempre el Servicio Militar Obligatorio y no un Servicio Social Obligatorio? Me pregunto cuál es la razón nuestros jóvenes deben prepararse para una posible guerra –y por ende matar a otros seres humanos- en defensa de una supuesta “defensa de la soberanía” y no son llamados a capacitarse para ayudar a sus semejantes.

Aplaudo la iniciativa de intentar cumplir con el Servicio Militar sólo en forma voluntaria, pero celebraría de la misma manera si se crease una instancia de Servicio Público.

-Me pregunto por qué los héroes y “padres de la Patria” a quienes rendimos tributo en fechas memorables -y quizás con justa razón- provienen siempre de filas militares o surgen de sucesos bélicos ligados a la lucha por el poder o en defensa de nuestros valores, tras los cuales generalmente hay una causa económica. Me pregunto por qué no tenemos héroes que salgan de las filas de la clase obrera, de los médicos, profesores, deportistas, científicos, intelectuales y de otras áreas en donde no esté presente el aniquilar al enemigo como objetivo.

-Claudio Borghi, entrenador de Colo Colo, el más popular club de fútbol profesional chileno (debo reconocerlo, aunque mi corazón está con el “Ever for ever”), es quizás el “Ultimo romántico” (qué lugar común) de esta actividad en donde, generalmente, los jugadores salen a la cancha a sufrir más que a disfrutar. El ex jugador (alguna vez fue considerado el sucesor de su compatriota Diego Maradona) ha intentado devolverle al balompié su condición de JUEGO. Un juego, aunque suene redundante, es para JUGAR. Y jugar tiene como fin el DIVERTIRSE. Aplaudo la consecuencia que ha mostrado “El Bichi”, envidiado por muchos de mis compatriotas entrenadores. La alegría de jugar es algo que se estaba perdiendo y Borghi, al menos en Colo Colo, ha luchado por reencontrarla. Ha tenido suerte, pues cuenta con un grupo de jugadores que afinan en el mismo tono. Aparte, el director técnico de Colo Colo ha mostrado desde sus tiempos de jugador, un alto sentido del humor y un poco común sentido común. Un ser humano puede perder cualquiera de sus cinco sentidos y podrá sobrevivir. Pero si pierde el sentido común o el sentido del humor, yo diría que va a deambular por la vida como un zombie. ¡No te mueras nunca “Bichi”!.

-Hasta hace algunas décadas, cuando en Chile se intentaba mantener la cultura en alto y parte de los medios de comunicación colaboraban con ello, las “cortinas de humo” servían para ocultar problemas mayores. Ahora, con la farándula por delante, el supuesto affaire Coté López-Mauricio Pinilla, ha servido para bajar la presión del supuesto adulterio de Cecilia Bolocco con aquel afortunado italiano chanta.

-Los intentillos del Gobierno por hacer algo por la cultura chilena (creación del Ministerio de la Cultura, celebración del Día de la Cultura, etc), parecen insignificantes ante el avance del monstruo de la oscuridad que comenzó con la dictadura militar en Chile y que parece haber crecido a niveles increíbles. Al sistema denominado “economía social de libre mercado”, que no es otra cosa que lo mismo de siempre con distinta etiqueta, no le conviene que haya ciudadanos pensantes. De ahí que los medios –de oposición y de Gobierno- han coincidido en seguir fomentando el proceso de “imbecilización de las masas”. Para ello cuenta con “reality shows” y con un ejército de de personas útiles. Estas, yo diría, son más víctimas que cómplices del derrame de estupidez que se esparce por Chile. Nuestros líderes de opinión ya no son aquellos intelectuales con gran dialéctica y un contundente currículo. Nuestros seres pensantes ahora son la Carlita Ochoa, La Pamela Díaz, las mellizas Campos, los Bonvallet, Patricia Maldonado y un ejército de “modelos” siliconadas y rápidas que se florea ante los micrófonos de programas destinados a hipnotizar a nuestros compatriotas. Hasta Pamela Jiles, quien por años luchó en al otro lado de la barricada, decidió sumarse al lado oscuro. En todo caso, el mayor pecado lo cometen los medios de comunicación más cercanos al Gobierno, que por un asunto de sintonía han caído en el mismo juego. Cuento aparte es el canal de televisión de la Pontificia Universidad Católica, el cual sin ningún pudor y lejos de las encíclicas vaticanas, comparte méritos con los medios de comunicación que tienen como finalidad bajar el coeficiente intelectual de muestra sufrida población.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Chileno recibió importante condecoración en Nueva Zelanda


Quizás con sus ojos imaginativos de niño Jorge Sandoval ya vislumbraba su exitoso futuro ligado al deporte cuando se maravillaba observando, desde la Cuesta Caracol de su natal Tomé, a los ciclistas que pasaban cada año por la zona compitiendo en “La Vuelta de Chile”.

Un año detenido en la Isla Quiriquina por la dictadura militar le obligó a emigrar a Nueva Zelanda a mediados de los ‘70 y allí ha vivido más de un cuarto de siglo. Desde Wellington, ha proyectado su actividad, dirigiendo 20 vueltas ciclistas en su país adoptivo, organizando importantes eventos y representando a deportistas, transformándose en uno de los más prestigiosos personajes de la actividad. Hace cinco años recibió otra distinción como Mejor Promotor.


Jorge Sandoval fue distinguido como miembro de la Orden al Mérito de Nueva Zelanda de parte de la Reina Isabel de Inglaterra por su labor deportiva, fundamentalmente dedicada al Ciclismo. La condecoración real fue entregada a Sandoval por el Gobernador
Anand Satyanand y el chileno la recibió ataviado con la típica vestimenta de huaso. “Esta medalla es para todos los chilenos. Por eso es que visto este traje”, dijo.

Recientemente fue nombrado Hijo Ilustre de Tomé, su ciudad natal, y recibió otra distinción de Chiledeportes de la Octava Región.

lunes, 7 de mayo de 2007

¿Pelé o Maradona?

Aunque para mí no hay ninguna duda en la elección, medios de comunicación, periodistas, dirigentes y aficionados mantienen la discusión acerca de quién ha sido el mejor futbolista de todos los tiempos.

Los tiempos corren más rápido que antaño y así como surgen nuevas figuras en el paisaje futbolístico (soccer para los angloparlantes), éstas desaparecen rápidamente y pocos los recuerdan. Sólo los grandes permanecen con letras de molde grabadas a fuego. Parece ser que las nuevas “leyendas” del balompié deben aderezar su quehacer deportivo con una vida paralela de glamour y farándula para lograr espacios en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, el escenario más apetecido por los futbolistas “mediáticos”.

Uno de los deportes favoritos de los medios de comunicación son las encuestas. Algunos editores sienten que han descubierto el lugar exacto de la Atlántida cuando envían a resignados reporteros a hacer una encuesta callejera: “¿Le parece bien que Olivarí y Dueñas se hayan separado?”, “¿Qué piensa de las declaraciones de la Quenita (¿O Kenita?) en Perú? ¿Cree que Ivan Zamorano será un buen entrenador? ¿Cree que van a arreglar los problemas del TranSantiago?, etc.

Sin embargo, uno de los temas favoritos ha sido la eterna pregunta: ¿Quién fue mejor: Pelé o Maradona?

Recuerdo a un periodista maradoniano que, en un famoso programa deportivo de Televisión Nacional de Chile, con el fin de demostrar que Maradona fue mejor que Pelé, recurrió a declaraciones de diferentes figuras del fútbol internacional que alababan las condiciones del Pelusa. El mentado comunicador nunca explicó que la pregunta hecha a esos jugadores –formulada fuera de pantalla, por cierto- no fue “¿Pelé o Maradona?” sino simplemente una opinión acerca del jugador argentino. Las respuestas fueron usadas con un propósito diferente. Ese profesional era profesor de Etica Periodística en una de las casi 40 escuelas que “enseñan” el oficio.

Los partidarios de Diego Armando Maradona argumentan -y no dejan de tener razón- que en los tiempos de Edson Arantes Do Nascimento los defensas marcaban a sus rivales a mayor distancia y existían mayores licencias. "Se dejaba jugar", dicen. Quizás el Mundial de Inglaterra (1966) fue una excepción, ya que al Rey le pegaron hasta lesionarlo. También exponen los fanáticos de El Pibe de Oro que los compañeros que tenía Pelé estaban casi a su altura. Es cierto. Jugar con Garrincha, Vavá, Didí, Roberto Carlos y otras luminarias, era un lujo. Maradona, por su parte, debía muchas veces –como dicen los reporteros deportivos- “echarse el equipo al hombro” y ganar partidos solo.

Esos argumentos son válidos. La distancia entre ambos futbolistas no es tan abismante como quieren hacer creer los partidarios del brasileño, pero dentro de su contraparte, hay una tendencia clara: Quienes declaran que Maradona fue mejor jugador que Pelé son personas pertenecientes a las nuevas generaciones, quienes no vieron al astro de Santos y del Scratch. Las nuevas generaciones no han tenido testimonios fílmicos de Pelé con la misma abundancia que los de Maradona. Tampoco tuvieron la suerte que ostentamos algunos de la Vieja Guardia de haberlos visto en vivo y en directo a ambos.

No obstante todo lo anterior, para mí no hay ninguna duda: Pelé fue mejor que Maradona.

Bastaría poner a los dos frente a frente en forma individual para concluir en que el brasileño fue superior. Sólo dos aspectos: Pelé pateaba bien con ambas piernas, en tanto que a Maradona la derecha no le era muy útil, -aunque también anotó con la diestra-. La segunda razón es el golpe de cabeza: Pelé se elevaba, quedando siempre más tiempo que sus rivales en el punto muerto, a veces le ganaba en el salto a los arqueros, y lograba darle dirección al balón. Maradona se hizo célebre con un gol de cabeza... que anotó con la mano de Dios.

Tampoco hay comparación en la condición atlética de cada uno, así como en lo que los cientistas deportivos llaman “el biotipo”.

Quizás la conclusión sea que es mejor no hacer comparaciones, que hay que disfrutar del espectáculo que dieron y dan los elegidos y no hacerlos entrar en una competencia en la que quizás ellos mismos no desean participar.

Sin embargo, hay algo en lo que Maradona ha superado con creces a Pelé y en eso no creo exista discusión. El argentino se ha jugado por la suerte de sus compañeros de profesión y hasta ha sido calificado como enemigo de la Federación Internacional de Fútbol Asociado. Pelé, por su lado, ha sido condescendiente y parte del sistema que explota y manipula a los futbolistas en pos de mantener el negocio en alto.