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miércoles, 8 de julio de 2009

Pecados de Familia


Por E.Olivares P.
(columna publicada en el diario La Tercera el 11 de enero de 1996)
A su manera, mi padre era un buen hombre. Actor, folklorista, escritor de sainetes criollos, conocido de Luis Emilio Recabarren, comunicador, hombre de radio, socio fundador de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile, técnico electricista, constructor aficionado, pero por sobre todo, constante aventurero de los caminos conocidos y por conocer.
Colgando de su mano callosa y cálida conocí el estadio “El Tranque”, al que un arrebato veraniego rebautizó como Sausalito, en homenaje a la ciudad californiana que lleva ese nombre. Sobre la corta gramilla, a un costado de la laguna, aprendí a apreciar la tradición de buen fútbol del querido Everton, tendencia por la estética de ese deporte que se conservaba, sin importar el lugar que se ocupara en la tabla de posiciones.


También me sorprendí con el estadio de Playa Ancha, del viejo Puerto de Valparaíso, entonces reducto inexpugnable para los rivales de Wanderers y hogar del increíble ventarrón, cómplice de los triunfos “caturros”.
A su manera, mi padre era un buen hombre. Pero tenía dos defectos muy marcados. Y para un niño de corta edad, como yo lo era, tales defectos eran considerados como muy graves y atentatorios para la sana relación que se supone debe existir entre progenitor e hijo.
Cuarenta años después, con una sonrisa nostálgica, pienso que se trataba sólo de pequeños…pecados de familia.
El almuerzo dominical y la consiguiente tertulia, siempre se alargaban más de la cuenta…mi cuenta, hasta hacerse interminables. Después, los minutos que se tomaba para calentar el bullicioso motor del viejo Chevrolet 1928 –ya entonces una reliquia- me parecían eternos. Todo eso significaba llegar al estadio cuando el partido había comenzado. A mi padre aquello no le preocupaba en lo absoluto. Su indiferencia respecto de estar presentes ante el pitazo inicial significaba que me perdía la magia de la aparición de los equipos por la boca del túnel, la entrega de las alineaciones por los altoparlantes y el saludo con la diestra levantada de aquel para quien el aplauso de los espectadores se prolongaba más de lo usual. Perderse aquello constituía un despilfarro imperdonable.
Pero eso no era todo.
Cuando faltaban unos diez minutos para el término del partido, y mis ojos devoraban cada jugada, escuchaba aquella sentencia –el segundo defecto paterno- que me resultaba peor que una condena a muerte:
-¡”Vamos andando, porque si no salimos ahora nos va a pillar el embotellamiento”! (así llamaban nuestros padres a los actuales “tacos” o mejor dicho a la “congestión vehicular”).
Caminaba tropezando y mirando hacia atrás, demorando el paso a propósito para no perder ningún detalle, atesorando mis últimas visiones del partido y rogando para no perderme nada trascendente (en esos años no soñábamos con la televisión ni menos con la repetición de las jugadas en la pantalla chica).
Lamentablemente estaba condenado a escuchar desde fuera el estruendo por un gol o una jugada magnífica coincidente con el momento del tercer o cuarto intento para hacer arrancar el motor del viejo “cacharro”.
A su manera, mi padre era un buen hombre, pero tenía esos defectos…

martes, 3 de marzo de 2009

Lápiz Loco (Apuntes sin sentido)

Pecados Capitales o Confieso que…
(U ofrezco mil disculpas por ello)


No he leído a Joyce (mañana empiezo).
Me aburrí con la lectura del Ingenioso Hidalgo, pero soy su hincha y seguidor, pues creo haber captado el mensaje de hacer un mundo mejor.
Me gustan las películas de James Bond, Indiana Jones y las de Rambo.
Quisiera creer en Dios (por si hay una vida mejor donde los pobres sí que lo pasarían mejor, como dicen pues…aunque me gustaría que los desposeídos tuviesen algún anticipo ahora).
Me encantaría que no hubiese existido Sodoma y Gomorra ni Inquisición y que no hubiesen “castigos divinos” mediante el asesinato, en donde pagaron más justos que pecadores.
No soy capaz de seguir dieta alguna.
Me gusta la comida “chatarra”.
No he leído lo suficiente a Neruda, a la Mistral a De Rocka ni a Huidobro.
Me gusta el fútbol ) (¡y qué!)
Me carga el béisbol (¿Es eso un deporte?).
Todavía creo en el Socialismo.
A veces soy algo machista.
No me gusta trabajar (pero tengo que hacerlo).
Me gustaría que triunfaran los buenos.
Y que los malos se fueran a pique.
Que los trabajadores ganaran un sueldo “ético”.
Y también los empresarios (ahora ganan mucho).
No me gusta bailar (lo encuentro tan primitivo…)
Me gusta cantar solamente cuando nadie me escucha.
Me emociono con las películas tristes
y se me hace un nudo en la corbata.
No sentí nada con la muerte de Pinochet.
Prefiero a “Chicomito” Martínez en lugar de Pelé.
A “Pedro-Pedro” Arancibia más que a Garrincha.
Y Daniel Escudero a “Bam Bam” Zamorano.
No soporto al Cura Hasbún.
Ni a Patricia Maldonado.
No me baño todos los días.
Tengo algunos gustos burgueses.
Me gusta la buena vida.
Y andar en pelotas en mi casa.
Me encanta vitrinear (¿mi lado femenino?)
No escribo cartas.
Fui un mal estudiante ( y sigo siéndolo)
Me gusta el dinero.
Pero me cuesta un mundo conseguirlo.
Y casi nada gastarlo.
Soy un negado para la Computación.
Y para manejar la nueva tecnología.
Siento mucha rabia por la injusticia.
Allende se me agiganta día a día.
El innombrable se me achica y se enaniza
No creo en el Zodíaco ni en las predicciones de Nostradamus ni en las regresiones a vidas anteriores.
No creo en la Aromaterapia, ni en la Reflexología ni en la Acupuntura.
Tampoco creo en los medios de comunicación (lo cierto es que a algunos les creo…la mitad).
Tampoco creo en los que dan plata para la Teletón para salir en la foto.
O para aumentar sus ventas a costa de los consumidores.
Estoy seguro de que a la Derecha le habría gustado seguir con su Gobierno Militar por los siglos de los siglos.
Me siento más a gusto con las palabras Gente y Pueblo, que con Patria y País.
Quisiera que Chile clasificara para Sudáfrica,
y que el "everforever" fuese siempre campeón,
y que en el Festival de Viña triunfara siempre la música.
Me gustaría tener algún talento.
Y no equivocarme.
Y que las personas, animales y cosas fueran para siempre…(aunque algunas personas…bueno, pero ¡ya...! ¡está bien!).

eop

miércoles, 4 de junio de 2008

¡Salud! ¡Ever Forever!


Everton conquistó la cuarta estrella de su historia al vencer a Colo Colo por 3 goles a 0, en el segundo partido final. El primero, disputado en Santiago, había sido para el elenco albo (2-0), lo que le da más valor a la hazaña del cuadro de Viña del Mar, flamante campeón del Torneo de Apertura 2008 del Fútbol profesional chileno. Doble mérito, ya que no sólo se le ganó al equipo más popular y el más poderoso del país, que venía de obtener cuatro cetros en forma continuada. También se rompió aquel designio que afecta a los equipos de provincias, cuyo camino al éxito se hace más difícil que a los capitalinos debido al absurdo centralismo que impera en Chile, que afecta a los centros de poder y a los medios de comunicación. No me extrañaría leer y/o escuchar que Colo Colo perdió el pentacampeonato en lugar de que Everton ganó su cuarta corona.

El cetro que acaba de ceñirse Everton es más que un simple título. Tiene un significado especial para aquellos que llevamos el “oro y cielo” en los genes, ya sea por asuntos de familia, por determinismo regional o por una vocación de apego al buen fútbol. Esto último, porque, salvo en las últimas dos décadas, había una tradición en el “ever forever”. Esta era que cualquiera fuese su posición en la tabla, siempre conservaba una línea futbolística que priorizaba la estética sobre el pragmatismo; el talento por sobre el utilitarismo; el espectáculo por sobre la necesidad de ganar.

Everton es Viña del Mar. No podría ser de otra manera. Su fútbol “empata” con sus playas, sus avenidas, con la Quinta Vergara, con el Estero Marga Marga, con las viejas victorias, con el Reloj de Flores, con el Cap Ducal, el Castillo Wulff y el Jardin Botánico. Se pasea por la Avenida Perú, va los domingos a la Plaza y termina tomando el aperitivo en el Samoiedo.

Mi padre, Carlos Olivares Vásquez, fue testigo de las gestas de 1950 y 1952, cuando los “guata amarillas” tenían un equipo –dirigido por Martin García y liderado por René Meléndez- comparable con los de Colo Colo ´73 y ´91 y con el Ballet Azul de los ´60. Mi progenitor, de quien heredé mi apego a los “oro y cielo” se jactaba de ser socio accionista del “Ever forever”. Después del título del '52 escribió una cueca dedicada al club, que formaba parte del repertorio del conjunto “Fiesta Linda”, con la inconfundible voz de Carmen Ruiz, el inolvidable Luis Bahamonde, además del guitarrista viñamarino –ahora en Estados Unidos- Ricardo Acevedo. En aquellos tiempos los homenajes se hacían al ritmo de cuecas y tonadas y “La Rueda”, “La Cabaña”, Las Tinajas y “El Rancho Criollo” eran locales en donde el folklore mostraba a sus mejores cultores.

Yo apenas asomaba a la vida, pero más tarde comencé a ser “abonado” a “El Tranque” (así se llamaba El Sausalito antes de que el capricho de un alcalde uniformado le cambiara nombre). Alcancé a ver las últimas voladas de Carlos Espinoza y los albores de Rómulo Betta, Rodolfo Leal, el “canciller” Martínez , Alcaíno, Ricardo Contreras, Adison Aguilar y tantos otros. Disfrute con las diabluras de Máximo Rolón, la pachorra de Víctor Figueredo; el coraje del “Lolo” González; la picardía de José Giarrizo (hizo 6 goles en un partido, ante Audax Italiano, si no me equivoco…estoy a miles de kilómetros de mis archivos). Vi al entonces joven Eladio Rojas, quien al igual que Manuel “Negro” Rojas comenzó como centrodelantero, para después reubicarse en el mediocampo. Era yo un mocete cuando trataba de imitar las voladas de Aguilar en el pórtico de mi Liceo, memorizaba las jugadas de Pedro-Pedro Arancibia; trataba de meter los goles de izquierda con tiros cruzados que acostumbraba a convertir Leonardo Véliz y, en vano, trataba de emular la certeza frente al arco del goleador Daniel Escudero. Recuerdo a mediados de los ´60 una de las grandes delanteras que tuvo Everton: Arancibia, Rojas, Escudero, Begorre y Véliz (En esos tiempos las crónicas daban las formaciones como si los equipos jugaran con cinco delanteros, pero tanto Rojas como Begorre partían de más atrás).

1976, año del tercer título, estuvo lleno de emociones. Yo trabajaba para la Agencia Orbe como Editor de Deportes. Me autodesigné para informar de las definiciones contra Unión Española. No fue un gran problema sacarme la camiseta y vestirme de periodista neutral. Lo logré, pues se trata de un ejercicio que deben practicar muchos reporteros que “tienen su corazoncito”. No se olviden que el gran Julio Martínez era un hincha ilustre de Unión Española. No escondía mi admiración por ese gran mediocampista, quizás uno de los mejores futbolistas que haya dado Viña del Mar: Guillermo “Chicomito” Martínez, a quien las huestes ruleteras todavía veneran (veneramos, mejor dicho).

Este cuarto título me sorprende a miles de kilómetros de Viña. Estaba trabajando mientras Everton goleaba a Colo Colo. Como me encontraba en una oficina, me tuve que conformar sólo con el “marcador virtual” de Radio Cooperativa. Ni pensar en poner el audio, ya que habría espantado a los clientes, quienes no habrían entendido nada (vivo y trabajo en Estados Unidos…por el momento). Imagínense, seguir el partido viendo letras y números sin la emoción del relato de mi amigo Hanz y sin nadie a quien poder abrazar cuando el encuentro se dio por finalizado. En este momento estoy celebrando solo acompañado de una copa de Cavernet Sauvignon (chileno, por supuesto..) No acostumbro a beber, pero la ocasión lo amerita.

¡Salud!

¡Ever forever!
(La foto que encabeza este artículo corresponde al equipo campeón de 1976.)

sábado, 24 de mayo de 2008

Nunca Es Tarde Para El Arrepentimiento

(Parece que Nelson Acosta es un buen entrenador...creo)
En todo caso: ¡¡Ever for ever!!

Sea cual fuere el resultado entre los equipos de Everton y Colo Colo, quienes deben dirimir en los próximos días el título del Torneo de Apertura de Fútbol (soccer le llaman los gringos despistados) en Chile, debo reconocer, con humildad e hidalguía, que me equivoqué medio a medio.
Debo haber sido uno de los pocos que levantó sus críticas a la llegada del entrenador Nelson Acosta a la dirección tecnica de Everton de Viña del Mar. Es cierto, no soy seguidor del ex adiestrador de las selecciones de Chile y Bolivia. Su escuela no está cerca de mis gustos y siempre dije sus logros no iban de la mano con su fama. Lo hecho por el elenco “oro y cielo” en el presente torneo ha echado por tierra todos mis argumentos los que pretendían poner en duda la capacidad del calvo técnico.
Su experiencia le ha permitido llegar, con un equipo relativamente modesto, a disputar una final de campeonato tras derribar difíciles barreras. Formó una buena escuadra, supo elegir los jugadores adecuados y transmitió a sus jugadores la dosis extra de motivación que terminó por convencerlos de que eran capaces de alcanzar trascendentes metas. ¡Bien por el pelao!
Recordemos que la última final de campeonato que disputó Everton fue en 1976 en dos partidos contra Unión Española, que tuve la suerte de presenciar. El primero terminó sin goles y el segundo favoreció al elenco viñamarino por 3 a 1 (goles de Ahumada, Salinas y Ceballos). Tambien, aunque lejanos, todavía resuenan los títulos de 1950 y 1952 con una escuadra increíble comandada por Rene Orlando Meléndez (Yo estaba aprendiendo a caminar y aun tomaba pecho...).
Tras lograr el título máximo en 1976 y con el compromiso de afrontar la Copa Libertadores de América 1977, Everton decidió reforzarse en forma conveniente. Conscientes de que no bastaba con tener jugadores de alto corte técnico, los dirigentes buscaron un mediocampista que fuera guapo, valiente, carismático y con dotes de líder. Así llegó el entonces uruguayo (ahora es chileno nacionalizado) Nelson Acosta al equipo de la Quinta Región. Su aporte fue indiscutido...hasta que le tocó enfrentar a Universidad de Chile, el otro cuadro chileno clasificado para el torneo surcontinental. A sabiendas de la importancia de Acosta en el engranaje viñamarino se buscó la manera de eliminarlo. Jorge Socias, jugador de los azules, fue el encargado del “trabajito”. A los dos minutos de iniciado el juego el “Lulo” fue directamente a los tobillos de Acosta dejándolo fuera de combate y privando a Everton de una pieza importante. Como se sabe que recién iniciado un partido los árbitros no expulsan a nadie, Socias pudo realizar su cometido sin castigo alguno. Ahora ambos son colegas. Cosas del fútbol, diría alguien.
Como jugador, Acosta tuvo varias camisetas después, hasta que se hizo entrenador.
Cuando quizás estaba pensando en su “jubilación” surgió la posibilidad de dirigir a Everton. Es posible que su retiro se produzca en el equipo en donde comenzó su carrera en Chile, completando el ciclo en el mismo punto en donde comenzó. Y más, con la posibilidad de que se despida como campeón (si es que el Colo no dice otra cosa. Espero que no, porque yo soy evertoniano... aunque mis hijas son albas).