Por José G. Martínez Fernández
En Arica se hacen encuentros diversos de Literatura. Debates, exposiciones, recitales. El Consejo de la Cultura y las Artes es la cabeza visible de ello. Se invitan a gente de diferentes lugares de Chile y del exterior. PAGA EL FISCO.
A dichos eventos se invitan, según me señalan, a quienes son citados por los Componentes de esas Mesas Literarias, llámense: Luis Araya Novoa, José Morales Salazar, Daniel Rojas Pachas, Eduardo Ignacio Opazo y otros.
Son ELLOS, me señalan, quienes determinan quienes vienen a esas citas.
He quedado PLOP...
Todos ellos conocen mi trayectoria, todos ellos saben de mi quehacer.
Y NI UNA SOLA VEZ SE ME HA INVITADO. Me refiero a una invitación hecha a mi lugar de residencia, Santiago; lo que si hacen con otros escritores.
Esto ya es reiterativo.
Ante esta insólita situación y la disposición que he tenido para ayudar a difundir sus obras, al menos hubiese esperado otra actitud...
Debido a ello he decidido hacer seguir mi camino en forma ajena a entes que se vinculen con quienes aparecen como responsables.
Tengo varios Blogs, escribo en varios diarios digitales, pero no tenía un sitio WEB...
En un tiempo lo haré. Un sitio WEB de Literatura y crítica diversa. Será la mejor manera de desnudar los extraños quehaceres de algunos que han hecho de Mesas y Consejos el nido de sus propios beneficios.
He decidido a su vez no enviar más crónicas a algunos medios, para poder mantener la línea crítica que a mi medio le impondré frente a los otros.
José Martínez Fernández.
Arica, domingo 30 de mayo de 2010.
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
miércoles, 2 de junio de 2010
jueves, 11 de junio de 2009
GRAMMA: LA POÉTICA DE DANIEL ROJAS O EL DISCURSO DIFÍCIL
Por José Martínez Fernández.
Daniel Rojas Pachas es un poeta del norte de Chile (hijo de peruana y de chileno) que empieza a destacar con muy altas luces en el hacer lírico de esa zona.
Demasiado joven –nació en 1983- y luego de haber estudiado Derecho enfiló sus intereses por su verdadera vocación: la literatura.
Es así como Daniel Rojas es profesor de literatura, director de una revista literaria y de un naciente grupo cultural llamado Cinosargo.
Aunque destaca mucho en el análisis literario su presencia en la poesía no es menor.
Acaba de publicar Gramma, libro de pocas páginas, en que trata de construir una poética desde el ángulo de la palabra.
El mismo lo deja así establecido en su libro: “(…) yo escribo para y por el texto, no puedo pensar en personas y épocas, sólo en el infinito proceso de lectura y escritura, que no son las caras de una misma moneda…sino una cara que cambia de foco, se mixtura o quiebra de acuerdo al punto en que me halle…”
Es decir Daniel Rojas Pachas nos anuncia que el lector se enfrentará a un texto difícil. Y ese texto lo será de principio a fin.
Queda demostrado que el poeta no persigue entregar al lector su poesía de “un golpe”, sino que exigirá a su lector un trabajo de desconstrucción y construcción de sus versos.
Mucha originalidad hay en Gramma.
Quiero reproducir parte del texto final del libro:
“Los días son la ilusión y la guillotina se acerca, ¿qué dices?... qué…aún no te cuentan esa historia. Dios Santo diría si creyese, si fuese aún posible tener fe en algo …que falta de cortesía de mi parte…pero descuida yo haré las presentaciones, no sé si lo recuerdes…probablemente no habrás nacido, pero a mí…me mandaban a dormir con la imagen de hombres practicando tiros sobre el cuerpo de esos críos… eso era lo correcto”
Lo copiado es parte textual sencilla del trabajo de Daniel Rojas. Su Gramma es un texto, reiteramos, complicadísimo.
Un espacio lleno de palabras en que ustedes y yo debemos entrar con nuestros conocimientos y nuestra sensibilidad para intentar entender lo que el poeta nos quiso decir.
J.M.F.
Daniel Rojas Pachas es un poeta del norte de Chile (hijo de peruana y de chileno) que empieza a destacar con muy altas luces en el hacer lírico de esa zona.
Demasiado joven –nació en 1983- y luego de haber estudiado Derecho enfiló sus intereses por su verdadera vocación: la literatura.
Es así como Daniel Rojas es profesor de literatura, director de una revista literaria y de un naciente grupo cultural llamado Cinosargo.
Aunque destaca mucho en el análisis literario su presencia en la poesía no es menor.
Acaba de publicar Gramma, libro de pocas páginas, en que trata de construir una poética desde el ángulo de la palabra.
El mismo lo deja así establecido en su libro: “(…) yo escribo para y por el texto, no puedo pensar en personas y épocas, sólo en el infinito proceso de lectura y escritura, que no son las caras de una misma moneda…sino una cara que cambia de foco, se mixtura o quiebra de acuerdo al punto en que me halle…”
Es decir Daniel Rojas Pachas nos anuncia que el lector se enfrentará a un texto difícil. Y ese texto lo será de principio a fin.
Queda demostrado que el poeta no persigue entregar al lector su poesía de “un golpe”, sino que exigirá a su lector un trabajo de desconstrucción y construcción de sus versos.
Mucha originalidad hay en Gramma.
Quiero reproducir parte del texto final del libro:
“Los días son la ilusión y la guillotina se acerca, ¿qué dices?... qué…aún no te cuentan esa historia. Dios Santo diría si creyese, si fuese aún posible tener fe en algo …que falta de cortesía de mi parte…pero descuida yo haré las presentaciones, no sé si lo recuerdes…probablemente no habrás nacido, pero a mí…me mandaban a dormir con la imagen de hombres practicando tiros sobre el cuerpo de esos críos… eso era lo correcto”
Lo copiado es parte textual sencilla del trabajo de Daniel Rojas. Su Gramma es un texto, reiteramos, complicadísimo.
Un espacio lleno de palabras en que ustedes y yo debemos entrar con nuestros conocimientos y nuestra sensibilidad para intentar entender lo que el poeta nos quiso decir.
J.M.F.
Etiquetas:
Cinosargo,
Daniel Rojas,
Gramma,
José Martínez Fernández,
Literatura,
Poesía
lunes, 29 de septiembre de 2008
Cartas para Nelson desde España

_che21.jpg)
Sobre Bolaño
y el "Che"
Por Freddys Pradena
Querido hermano:
Mi intención en esta carta es conversar un poco contigo. Ya estamos habituados a hacerlo por teléfono, pero como lo sabes el inventito de Graham Bell tiene la desventaja de la inmediatez. Eso a veces no nos permite profundizar en los temas que abordamos. Y se me ocurre, en general, que una parte grande de nuestras conversaciones se las lleva el viento. Bueno... decía conversar, pero en realidad es hacerte llegar mis inquietudes con un poco de más calma en una especie de monólogo.
En primer lugar, y como ya lo habrás podido comprobar, te adjunto la carta que le envié a nuestra viejita En ella le cuento de mis vacaciones del recién pasado Agosto. Hago esto para no repetir lo mismo. Como bien lo sabes, todos los fines de semana hablo con ella. Y le cuento de todo un poco. Pero sigo pensando que lo escrito en un papel tiene más consistencia.. y luego están las fotos. Si se lo contara a otra persona diría que exagero, pero tú si que me entiendes, porque debe pasar lo mismo. La comunicación con mi madre es parte vital de mi vida actual. Es mi referencia. Es lo único sagrado vivo que tengo. Y no es que carezca de seres importantes y queridos. Tengo a María Asunción con la que, a medida que pasa el tiempo, nos vamos compenetrando, entendiendo, queriendo, conscientes de la necesidad y del apoyo mutuo. Están mis hijos, que tengo la suerte de haberlos recuperado, y aunque intuyo no son la solución a la soledad futura, me hace feliz que estén ahí. Y luego el resto de mi familia y las pocos amistades que me van quedando. Mi mejor amigo se fue hace muchos años a Chile, y a Miguel -el argentino-, no lo veo, porque sigue trabajando en la fábrica, con mucha dedicación a su negocio de venta de casas, que le tiene desquiciado por el desplome del rubro y la atención a su familia.
Pero de lo que te quiero hablar, flaquito Nelson, (Como si estuviéramos bajo el parrón en Limache, es de otras cosas muy distintas, es un poco de Literatura y Política.
Acabo de leer, por recomendación de un conocido, el libro de Roberto Bolaño “Los detectives salvajes” (Editorial Anagrama). Este autor chileno nacido en Santiago en 1953 es en opinión de los entendidos lo mejor de la literatura latinoamericana actual. El vendría a continuar la obra de los grandes (Gabriel García Marqués, Mario Vargas LLosa., Julio Cortázar, etc.). La pena es que murió en Blanes (Costa Brava) el 2003, vale decir a los 50 años (hoy morir a los 50 es casi una putada ¿O no?). Eso si, dejó una obra extensa, de las que he leído varias: “Estrella distante”, “Llamadas telefónicas”, “Nocturnos de Chile”, “Putas asesinas” y me quedan otros diez por leer. (“La pista de hielo”, “La senda de los elefantes”, “El gaucho insufrible” “Amuleto” etc. etc.). Pero según dicen, su obra cumbre es “Los detectives salvajes” Lo avalan las críticas literarias y muchísimos premios.
Para conocer estrictamente su historial literario se puede encontrar en las enciclopedias, y yo, por supuesto, no estoy capacitado para ello. A lo que me quiero referir es a la impresión que a mí me causó.
Además de la novela en sí, con su trama interesante, sus variados escenarios tan detalladamente descritos, me deslumbró la riqueza literaria, parece casi inconcebible que en el cerebro de un solo hombre haya tanto dato y conocimiento. Describir en los personajes la idiosincrasia de los mexicanos es insuperable (vivió su adolescencia en ese país). Lo mismo los caracteres de españoles y africanos. Para “enmarcar” -texto obligado para estudiantes de letras-, su capitulo dedicado al Latín (20) es para aplaudir de pié.
Me gustó su valentía para meterse en ese mundo tan cerrado de los poetas, gente difícil y conflictiva, además de atreverse a tratar con naturalidad y belleza las pasiones humanas.
Te lo recomiendo, a menos que esperes a que lo lleve a Chile.
La otra cosa a comentar es que fui a ver el estreno de la película “Che, el argentino”, hecha por norteamericanos (¿?) y españoles. El actor Benicio del Toro hace de Che, y está muy bien caracterizado e interpretado. Steven Soderbergh es el director y en mi opinión lo hace bien. Abordar la figura de un mito no es tarea fácil. Si hace una película panfletaria sólo dejaría felices a quienes somos los seguidores acérrimos de Guevara, que seguimos viendo en él al nuevo Jesucristo. Y si hace una película crítica, sólo contentaría a quienes buscan cualquier resquicio para bajarlo del altar. La cuestión es que Steven Soderbergh hace una película históricamente correcta, sin comprometerse demasiado en la cuestión política, deja aquello para que la gente saque sus conclusiones en sus discursos y entrevistas reales, que no pierden actualidad.
El puto problema que tenemos la gente de izquierda es que la Revolución cubana, tan significativa, heroica y romántica, que pudo ser hace 50 años el inicio de un gran cambio social en nuestra América, se ha desvirtuado y casi se nos a vuelto en contra. Por una parte, está el bloqueo económico, que es algo abominable y determinante, se mire por donde se mire, pero que los gobernantes yanquis, con su poderosa maquinaria propagandística, han sabido camuflar, además de ignorar en forma olímpica las tímidas censuras del resto del mundo. Por otra, el régimen cubano que no ha conseguido la esperada democracia y libertad a su gente, dándole material a cualquiera de esos pelotudos de derecha para que se enjuaguen sus fauces con la palabra democracia, pero que sólo les sirve cuando mandan.
Bueno, que te voy contar “compay” si tú, que has estado en la isla tantas veces, puedes dar una charla sobre el tema. Naturalmente, las opiniones serán bien distintas en donde se vea. Yo sigo creyendo que para nuestros jóvenes “sudacas” el discurso del Che Guevara debería estar vigente. Debería ser un referente actual, necesitamos alguien que practique el compromiso, la solidaridad, la justicia social.
La solución a los problemas económicos en América latina, sobre todo los problemas sociales, no pueden ser solucionados sino es de una manera radical. A las pruebas me remito. Las fórmulas recomendadas por quienes controlan la economía mundial en América latina no sirven. Punto. Chile, que lo lleva intentando desde hace dos décadas, ha aumentado este último año su nivel de máxima pobreza, y la desigualdad social sigue igual o peor que antes.
¿La solución? Difícil. La izquierda está huérfana de ideas y de líderes.
La política de momento es: Sálvese quien pueda. (Lo que hicimos nosotros).
Volviendo al comentario, aquí en Europa, y me imagino que en los Estados Unidos, estás películas la verán como si fueran a ver una de vaqueros (si es que van a verla, que lo pongo en duda). No ven más que sus propias mierdas, como “Star Wars”, “Independence´s day” y otras lindezas en donde se miran el ombligo. El “Che” es sólo un icono para posters y camisetas.
Desearía que estas películas sirvieran para ilustrar a nuestros jóvenes para que, por lo menos, sepan que existen hombres y mujeres valientes que, al contrario del individualismo reinante, dan su vida por un mundo más justo.
Concluyo, film interesante en la que veo una buena intención (falta la segunda parte). Ya me contarás tu opinión.
Y como dice el Tito Fernández: “Y eso sería todo”. Confió en que tendremos la oportunidad de estar juntos para comentar éstas y otras cosas. Un abrazo fuerte. Tu hermano Freddy.
Si no hay lucha no se progresa.
Aquellos que hablan de libertad y, a pesar de todo condenan la agitación,
son personas que quieren cosechar sin haber sembrado.
Quieren lluvia sin truenos ni rayos.
El poder no concede nada sin que le sea exigido.
Nunca lo hizo, ni lo hará.
Bertolt Brecht
Querido hermano:
Mi intención en esta carta es conversar un poco contigo. Ya estamos habituados a hacerlo por teléfono, pero como lo sabes el inventito de Graham Bell tiene la desventaja de la inmediatez. Eso a veces no nos permite profundizar en los temas que abordamos. Y se me ocurre, en general, que una parte grande de nuestras conversaciones se las lleva el viento. Bueno... decía conversar, pero en realidad es hacerte llegar mis inquietudes con un poco de más calma en una especie de monólogo.
En primer lugar, y como ya lo habrás podido comprobar, te adjunto la carta que le envié a nuestra viejita En ella le cuento de mis vacaciones del recién pasado Agosto. Hago esto para no repetir lo mismo. Como bien lo sabes, todos los fines de semana hablo con ella. Y le cuento de todo un poco. Pero sigo pensando que lo escrito en un papel tiene más consistencia.. y luego están las fotos. Si se lo contara a otra persona diría que exagero, pero tú si que me entiendes, porque debe pasar lo mismo. La comunicación con mi madre es parte vital de mi vida actual. Es mi referencia. Es lo único sagrado vivo que tengo. Y no es que carezca de seres importantes y queridos. Tengo a María Asunción con la que, a medida que pasa el tiempo, nos vamos compenetrando, entendiendo, queriendo, conscientes de la necesidad y del apoyo mutuo. Están mis hijos, que tengo la suerte de haberlos recuperado, y aunque intuyo no son la solución a la soledad futura, me hace feliz que estén ahí. Y luego el resto de mi familia y las pocos amistades que me van quedando. Mi mejor amigo se fue hace muchos años a Chile, y a Miguel -el argentino-, no lo veo, porque sigue trabajando en la fábrica, con mucha dedicación a su negocio de venta de casas, que le tiene desquiciado por el desplome del rubro y la atención a su familia.
Pero de lo que te quiero hablar, flaquito Nelson, (Como si estuviéramos bajo el parrón en Limache, es de otras cosas muy distintas, es un poco de Literatura y Política.
Acabo de leer, por recomendación de un conocido, el libro de Roberto Bolaño “Los detectives salvajes” (Editorial Anagrama). Este autor chileno nacido en Santiago en 1953 es en opinión de los entendidos lo mejor de la literatura latinoamericana actual. El vendría a continuar la obra de los grandes (Gabriel García Marqués, Mario Vargas LLosa., Julio Cortázar, etc.). La pena es que murió en Blanes (Costa Brava) el 2003, vale decir a los 50 años (hoy morir a los 50 es casi una putada ¿O no?). Eso si, dejó una obra extensa, de las que he leído varias: “Estrella distante”, “Llamadas telefónicas”, “Nocturnos de Chile”, “Putas asesinas” y me quedan otros diez por leer. (“La pista de hielo”, “La senda de los elefantes”, “El gaucho insufrible” “Amuleto” etc. etc.). Pero según dicen, su obra cumbre es “Los detectives salvajes” Lo avalan las críticas literarias y muchísimos premios.
Para conocer estrictamente su historial literario se puede encontrar en las enciclopedias, y yo, por supuesto, no estoy capacitado para ello. A lo que me quiero referir es a la impresión que a mí me causó.
Además de la novela en sí, con su trama interesante, sus variados escenarios tan detalladamente descritos, me deslumbró la riqueza literaria, parece casi inconcebible que en el cerebro de un solo hombre haya tanto dato y conocimiento. Describir en los personajes la idiosincrasia de los mexicanos es insuperable (vivió su adolescencia en ese país). Lo mismo los caracteres de españoles y africanos. Para “enmarcar” -texto obligado para estudiantes de letras-, su capitulo dedicado al Latín (20) es para aplaudir de pié.
Me gustó su valentía para meterse en ese mundo tan cerrado de los poetas, gente difícil y conflictiva, además de atreverse a tratar con naturalidad y belleza las pasiones humanas.
Te lo recomiendo, a menos que esperes a que lo lleve a Chile.
La otra cosa a comentar es que fui a ver el estreno de la película “Che, el argentino”, hecha por norteamericanos (¿?) y españoles. El actor Benicio del Toro hace de Che, y está muy bien caracterizado e interpretado. Steven Soderbergh es el director y en mi opinión lo hace bien. Abordar la figura de un mito no es tarea fácil. Si hace una película panfletaria sólo dejaría felices a quienes somos los seguidores acérrimos de Guevara, que seguimos viendo en él al nuevo Jesucristo. Y si hace una película crítica, sólo contentaría a quienes buscan cualquier resquicio para bajarlo del altar. La cuestión es que Steven Soderbergh hace una película históricamente correcta, sin comprometerse demasiado en la cuestión política, deja aquello para que la gente saque sus conclusiones en sus discursos y entrevistas reales, que no pierden actualidad.
El puto problema que tenemos la gente de izquierda es que la Revolución cubana, tan significativa, heroica y romántica, que pudo ser hace 50 años el inicio de un gran cambio social en nuestra América, se ha desvirtuado y casi se nos a vuelto en contra. Por una parte, está el bloqueo económico, que es algo abominable y determinante, se mire por donde se mire, pero que los gobernantes yanquis, con su poderosa maquinaria propagandística, han sabido camuflar, además de ignorar en forma olímpica las tímidas censuras del resto del mundo. Por otra, el régimen cubano que no ha conseguido la esperada democracia y libertad a su gente, dándole material a cualquiera de esos pelotudos de derecha para que se enjuaguen sus fauces con la palabra democracia, pero que sólo les sirve cuando mandan.
Bueno, que te voy contar “compay” si tú, que has estado en la isla tantas veces, puedes dar una charla sobre el tema. Naturalmente, las opiniones serán bien distintas en donde se vea. Yo sigo creyendo que para nuestros jóvenes “sudacas” el discurso del Che Guevara debería estar vigente. Debería ser un referente actual, necesitamos alguien que practique el compromiso, la solidaridad, la justicia social.
La solución a los problemas económicos en América latina, sobre todo los problemas sociales, no pueden ser solucionados sino es de una manera radical. A las pruebas me remito. Las fórmulas recomendadas por quienes controlan la economía mundial en América latina no sirven. Punto. Chile, que lo lleva intentando desde hace dos décadas, ha aumentado este último año su nivel de máxima pobreza, y la desigualdad social sigue igual o peor que antes.
¿La solución? Difícil. La izquierda está huérfana de ideas y de líderes.
La política de momento es: Sálvese quien pueda. (Lo que hicimos nosotros).
Volviendo al comentario, aquí en Europa, y me imagino que en los Estados Unidos, estás películas la verán como si fueran a ver una de vaqueros (si es que van a verla, que lo pongo en duda). No ven más que sus propias mierdas, como “Star Wars”, “Independence´s day” y otras lindezas en donde se miran el ombligo. El “Che” es sólo un icono para posters y camisetas.
Desearía que estas películas sirvieran para ilustrar a nuestros jóvenes para que, por lo menos, sepan que existen hombres y mujeres valientes que, al contrario del individualismo reinante, dan su vida por un mundo más justo.
Concluyo, film interesante en la que veo una buena intención (falta la segunda parte). Ya me contarás tu opinión.
Y como dice el Tito Fernández: “Y eso sería todo”. Confió en que tendremos la oportunidad de estar juntos para comentar éstas y otras cosas. Un abrazo fuerte. Tu hermano Freddy.
Si no hay lucha no se progresa.
Aquellos que hablan de libertad y, a pesar de todo condenan la agitación,
son personas que quieren cosechar sin haber sembrado.
Quieren lluvia sin truenos ni rayos.
El poder no concede nada sin que le sea exigido.
Nunca lo hizo, ni lo hará.
Bertolt Brecht
Etiquetas:
Che Guevara,
Cine Cuento,
Literatura,
Roberto Bolaño
viernes, 8 de agosto de 2008

Alejandro Aura ha partido:
El adiós
de un luchador
El artista mexicano Alejandro Aura dejó este mundo el pasado 30 de julio a los 64 años en Madrid, España, víctima del letal cáncer. Como un eco resuena su palabra en su aún vigente blog en donde escribía y grababa su voz a diario (www.alejandroaura.com).
Poeta, dramaturgo, actor de teatro y de cine, ensayista, director de teatro, guionista en programas de radio y televisión, multitalento, multicorazón y multiluchador por la cultura popular, especialmente la mexicana, Aura no puede pasar -ni pasará- inadvertido para las huestes de los defensores de las letras y las artes. La Feria del Libro, que se llevará a cabo del 23 al 31 del presente mes de agosto en la Plaza de Armas de Zacatecas, ha sido organizada como un homenaje póstumo a quien terminara sus días como director del Instituto Mexicano de Cultura en España.
Entre sus obras premiadas figuran “Los exaltados” (fue galardornado por la mejor co actuación); en “Los Totales” fue distinguido como mejor director y en “El Retablo” como mejor actor. Su creación literaria incluyó diversos géneros, como el cuento, teatro y poesía. Algunos de sus más conocidos títulos son: “Los balos de Celesta”, “La historia de Nápoles”, “La hora íntima de Agustín Lara” y “El otro lado”. De su producción poética se editaron varios libros. Mencionamos algunos: “Cinco veces la flor”, “Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas”, “Volver a Casa”, “Hemisferio sur”, “La Patria Vieja”, entre otros.
Horas antes de su muerte publicó en su blog su adiós…
DESPEDIDA
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.
¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente?
Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear
con sus mejillas de arrebolados maquillajes.
El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.
Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos.
Hago una caravana a las personas que estoy echando ya tanto de menos,
y digo adiós...
El artista mexicano Alejandro Aura dejó este mundo el pasado 30 de julio a los 64 años en Madrid, España, víctima del letal cáncer. Como un eco resuena su palabra en su aún vigente blog en donde escribía y grababa su voz a diario (www.alejandroaura.com).
Poeta, dramaturgo, actor de teatro y de cine, ensayista, director de teatro, guionista en programas de radio y televisión, multitalento, multicorazón y multiluchador por la cultura popular, especialmente la mexicana, Aura no puede pasar -ni pasará- inadvertido para las huestes de los defensores de las letras y las artes. La Feria del Libro, que se llevará a cabo del 23 al 31 del presente mes de agosto en la Plaza de Armas de Zacatecas, ha sido organizada como un homenaje póstumo a quien terminara sus días como director del Instituto Mexicano de Cultura en España.
Entre sus obras premiadas figuran “Los exaltados” (fue galardornado por la mejor co actuación); en “Los Totales” fue distinguido como mejor director y en “El Retablo” como mejor actor. Su creación literaria incluyó diversos géneros, como el cuento, teatro y poesía. Algunos de sus más conocidos títulos son: “Los balos de Celesta”, “La historia de Nápoles”, “La hora íntima de Agustín Lara” y “El otro lado”. De su producción poética se editaron varios libros. Mencionamos algunos: “Cinco veces la flor”, “Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas”, “Volver a Casa”, “Hemisferio sur”, “La Patria Vieja”, entre otros.
Horas antes de su muerte publicó en su blog su adiós…
DESPEDIDA
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.
¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente?
Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear
con sus mejillas de arrebolados maquillajes.
El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.
Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos.
Hago una caravana a las personas que estoy echando ya tanto de menos,
y digo adiós...
Etiquetas:
Alejandro Aura,
Cine Cuento,
Literatura,
México,
Poesía,
Teatro
sábado, 28 de junio de 2008
Joaquín Edwards Bello
ataca de nuevo
Irónico, mordaz, atrevido, crítico, rebelde, Joaquín Edwards Bello (1887-1968) ataca de nuevo. Ediciones “Universidad Diego Portales” ha lanzado la primera parte de “Joaquín Edwards Bello, Crónicas Reunidas”, que contiene gran parte de las crónicas periodísticas del escritor chileno que, en su momento, desafió con su ácida pluma a la aristocracia criolla, no obstante provenir de ella (era hijo del cofundador del Banco Edwards).
La obra consta de 689 páginas y rescata crónicas que mayoritariamente escribió bajo el alero del diario “La Nación” que recibió sus artículos por casi 40 años. Se dice que durante su vida redactó más de 10 mil artículos, merced a su frenético ritmo de trabajo.
Aunque siempre dijo que sus crónicas eran para ser leídas “el momento”, su obra crítica y mordaz ha perdurado no sólo por su simpleza y calidad; también porque sus dardos tienen plena vigencia en el Chile actual.
S
ólo una muestra en un párrafo dedicado a su Valparaíso natal escrito en 1922 tras regresar de Europa: “En Valparaíso todo se fue, todo se transformó de manera radical, diabólica. En esas calles distintas, ante esos rostros desconocidos o metamorfoseados, me pareció ser el sobreviviente de una gran batalla. ¿Cómo quedé en pié en medio de tanta ruina? El Puerto de ayer, mi Puerto de niño se fue, no quedó más que una sombra, un fantasma del pasado. La decoración del fondo, las bambalinas de la ruina estaban iguales, nada más”.
Edwards Bello fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua y recibió el Premio Nacional de Literatura en 1943. En 1959 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo. Un año antes había sido declarado Hijo Ilustre de Valparaíso.
Agobiado por una hemiplejia que lo postró en sus últimos años de vida, se suicidó con un revólver que le había regalado su padre.
Algunas de sus principales novelas son: “El Inútil”, “El Roto”, “El Chileno en Madrid”,“La Muerte de Vanderlit”, “Valparaíso, ciudad del viento”, “Criollos en París” .
“Crónicas Reunidas”, que comienza a ver la luz, constituye un gran esfuerzo editorial y una lectura obligada para las nuevas generaciones de periodistas, aunque también una relectura para los que pintan canas no sería tiempo perdido.
Irónico, mordaz, atrevido, crítico, rebelde, Joaquín Edwards Bello (1887-1968) ataca de nuevo. Ediciones “Universidad Diego Portales” ha lanzado la primera parte de “Joaquín Edwards Bello, Crónicas Reunidas”, que contiene gran parte de las crónicas periodísticas del escritor chileno que, en su momento, desafió con su ácida pluma a la aristocracia criolla, no obstante provenir de ella (era hijo del cofundador del Banco Edwards).
La obra consta de 689 páginas y rescata crónicas que mayoritariamente escribió bajo el alero del diario “La Nación” que recibió sus artículos por casi 40 años. Se dice que durante su vida redactó más de 10 mil artículos, merced a su frenético ritmo de trabajo.
Aunque siempre dijo que sus crónicas eran para ser leídas “el momento”, su obra crítica y mordaz ha perdurado no sólo por su simpleza y calidad; también porque sus dardos tienen plena vigencia en el Chile actual.
S
ólo una muestra en un párrafo dedicado a su Valparaíso natal escrito en 1922 tras regresar de Europa: “En Valparaíso todo se fue, todo se transformó de manera radical, diabólica. En esas calles distintas, ante esos rostros desconocidos o metamorfoseados, me pareció ser el sobreviviente de una gran batalla. ¿Cómo quedé en pié en medio de tanta ruina? El Puerto de ayer, mi Puerto de niño se fue, no quedó más que una sombra, un fantasma del pasado. La decoración del fondo, las bambalinas de la ruina estaban iguales, nada más”.Edwards Bello fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua y recibió el Premio Nacional de Literatura en 1943. En 1959 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo. Un año antes había sido declarado Hijo Ilustre de Valparaíso.
Agobiado por una hemiplejia que lo postró en sus últimos años de vida, se suicidó con un revólver que le había regalado su padre.
Algunas de sus principales novelas son: “El Inútil”, “El Roto”, “El Chileno en Madrid”,“La Muerte de Vanderlit”, “Valparaíso, ciudad del viento”, “Criollos en París” .
“Crónicas Reunidas”, que comienza a ver la luz, constituye un gran esfuerzo editorial y una lectura obligada para las nuevas generaciones de periodistas, aunque también una relectura para los que pintan canas no sería tiempo perdido.
Etiquetas:
Joaquín Edwards Bello,
La Nación,
Literatura,
Periodismo
viernes, 26 de octubre de 2007
Lección de Dibujo -Un relato breve de José Gai
José Gai es periodista titulado de la Universidad de Chile, escritor y pintor.
Su primera novela, “Las manos al Fuego”, ha sido muy bien acogida por la crítica especializada. También realiza ilustraciones en medios de prensa. Ha publicado dos libros (“Sabor a Gol”, Editorial Planeta, 1997, y “Ñoñobáñez, 20 años de fútbol chileno”). En el campo de la pintura ha realizado seis exposiciones individuales. En literatura ha sido finalista del concurso de cuentos de revista Paula en 2001 y 2003, y del Pedro de Oña, novela breve, en el 2000, entre otros. El presente relato fue finalista del concurso “Chile, 30 años”, organizado por Le Monde Diplomatique-Chile, en 2003.
(A Juan Chacon Olivares)
“¡Ahí viene el Jote!”, gritaba alguien -¿se acuerda, compadre?- y todos volábamos a ocupar nuestros puestos en la sala. Yo, más que nadie, porque tenía que correr desde el pizarrón, sacarme la tiza de las manos y hacerme el leso, aguantando la risa igual que todos cuando entraba Espinoza para empezar la clase de Historia y se encontraba con su perfil narigudo dibujado en el pizarrón, asomando del cuerpo de un pajarraco. Lo hice caminando, volando, cayendo a tierra, arrancando de unos perros, baleado por unos cazadores, laceado por unos niños, atravesado por flechas y puñales. El toque artístico fue ese año en que lo empecé a dibujar perdiendo poco a poco las plumas, y al final del curso, en la última caricatura, terminaba ya todo pelado, atravesado por un palo y dorándose encima de una fogata. El Jote Espinoza... ¿Se acuerda, compadre, que la primera vez preguntó indignado quién había sido? Pero nadie contestó. Algunos estuvieron tentados de delatarme, pero nosotros, los grandes, los pesados, fulminamos a los chicos con la mirada. Y todos nos quedamos castigados, una, dos y tres veces, pero nadie habló. Hasta que el Jote se aburrió. Entraba a la sala ya sin mirar el pizarrón y lo primero que hacía era ordenar, por riguroso orden de lista, que algún alumno lo limpiara.
Nos reímos mucho de Espinoza en esos años. ¿Se acuerda que una vez fuimos juntos hasta su casa y repetimos en la pared lo del pizarrón? Esa fue buena; el broche de oro. Después nos separamos. Yo partí a Santiago, y me empecé a acercar a los pocos compañeros que también habían podido ir a la universidad. La lejanía de la ciudad nos hizo amigos. Usted se quedó acá, se allegó al grupo de Flores y me dijeron que, como todos los de ese lote, anduvo dibujando svásticas y leyendo fascículos de la Segunda Guerra. Pero me estoy alejando de Espinoza, compadre. Cuando volvía con mi nuevo grupo para las vacaciones, lo divisábamos alguna vez caminando con su tranco desestibado, que era lo otro que lo asemejaba a los jotes. Entonces, lo seguíamos despacio en la camioneta de Miguelito y cuando estábamos al lado le gritábamos “¡Joteee…!” y arrancábamos en segunda, haciendo chirriar las ruedas. Lo encontrábamos divertido, para qué lo voy a negar.
Es que sabíamos poco de Espinoza. Que era masón, claro, y por eso no se llevaba bien con los dueños del colegio. Y que de tanto en tanto mandaba cartas al diario rebatiendo los editoriales. Pero fue al segundo o tercer año en la universidad, cuando empezamos a ver las cosas de otra manera y cuando el país mismo empezó a cambiar, que recién nos dimos cuenta de que el Jote era todo un personaje. A Miguelito ya le había ido mal en Santiago y estaba de vuelta. En una de sus cartas me contó la novedad: Espinoza iba de candidato a diputado por la lista del gobierno. En la respuesta le sugerí un lema para la campaña: “Despeguemos con Espinoza”. Debo de haberlo acompañado de una caricatura; seguro que fue así. Por los diarios supe que había perdido, y en su siguiente carta Miguelito me contó que lo había sentido mucho. Yo también lo lamenté, de verdad, al margen de las bromas. Recién ahí lo descubría como uno de los nuestros. Y cuando llegué ese invierno a trabajar en la Gobernación, luciendo mi título todavía fresco, me alegró ver en las paredes algunos afiches sobrevivientes del Jote. No lucía mal, fotografiado de frente, para disimular la narizota, y bien peinado. Nada que ver con el Jote que encontré al otro día de que nos detuvieron, y eso que sólo habían pasado unos meses de mi regreso.
A mí me obligaron a presentarme a la Gobernación, una semana después del golpe. Me tuvieron encerrado apenas un rato y me metieron con varios más en un camión. La vista vendada y amarrados con alambres, así partimos a la pampa. Creí que nos mataban ahí mismo, para qué lo voy a negar, compadre. Pero llegamos al campo de detención y allí, entre los presos, estaba el Jote. No lo reconocí; Miguelito tuvo que mostrármelo. Estaba sucio, flaco, golpeado. Casi sin pensarlo comencé a acercarme a él. Supe que lo había pasado muy mal, que lo acusaban de integrar una red para desembarcar armas, algo impensable en él y en esas circunstancias. Pero así constaba en los papeles del fiscal, y así también lo habían tratado. De vez en cuando lo llevaban a interrogatorio. Verlo regresar daba pena. Yo recordaba entonces mis dibujos en el pizarrón y sentía vergüenza. Pero nunca le hablé de eso. Ni siquiera una vez que estábamos juntos en su jaula, mirando por la ventanita una bandada de jotes que distraía su ocio planeando encima del campamento. “Cómo les envidio la libertad”, dijo Espinoza. Se quedó callado un rato y me miró. “Me gustaría ser un jote”, dijo y sonrió apenas, porque hasta sonreír le dolía, y yo di vuelta la cara para que no notara que se me empañaban los ojos.
Dos días después, por un carcelero boca suelta supimos que había condena para cinco presos. Los iban a fusilar al otro día, me contó Miguel. Le pregunté con la mirada y me contestó que sí, que Espinoza era uno de ellos. Esa noche fuimos a su jaula. Estaba tranquilo. Nos quedamos un rato largo. Nadie hablaba mucho. Él, sí; era como si nos estuviera haciendo clases, otra vez. Al final llegaron los guardias y ordenaron que cada uno se fuera a su celda. Espinoza se despidió de todos con un abrazo. A mí me mantuvo un rato más tomado de los hombros y me dijo bajito: “Usted, que es tan bueno para los parecidos, podría hacer algo. Grábese sus rostros y después dibújelos, para que podamos reconocerlos”.
No dije nada. Qué iba a decirle. “Para que podamos reconocerlos”, si él ya era hombre muerto. Pero así pensaba Espinoza, en plural. Ese mismo día, después de las descargas y del silencio eterno y ahogante de la mañana, empecé mi tarea. A fuerza de pura memoria fui grabándome en la mente, narices, ojos, orejas, proporciones. Al otro día de que me soltaron y me fletaron fuera del país, ya los tenía a todos en el papel. Los jefes y los carceleros más malditos, a todos ésos los tengo, y espero que algún día mis dibujos sirvan para ubicarlos. Y ahora que los terminé y puedo escribirle esta carta, le cuento que hice un dibujo extra. Sí, porque aunque yo estuviera encapuchado y usted cambiara la voz, igual lo reconocí cuando me interrogaban. Y le debo advertir que me quedó igualito, compadre. Como Espinoza en el pizarrón.
Etiquetas:
José Gai,
Lección de Dibujo,
Literatura,
relatos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)